Un maratón para aprender

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¿Qué programa educativo podría evitar que los alumnos desistan de hacer un gran esfuerzo para llegar a la escuela todos los días?

Un maratón es una de las pruebas más arduas del deporte. Consiste en recorrer una distancia de 42 km. Los atletas de alto rendimiento ponen a prueba su preparación física y psicológica para llegar a la meta. ¿Y si la meta fuera aprender?

En una zona rural en India, los estudiantes recorren la misma distancia cada semana, para ir a clase; haciendo frente a la temporada de monzones y de calor, característicos de esa región. ¿Qué programa educativo aplican las escuelas de ese lugar, que sea lo suficientemente motivador, para evitar que los alumnos desistan de realizar tremendo esfuerzo para llegar a la escuela todos los días?

"Cuando los alumnos son conscientes de su entorno, están emocionalmente conectados con él y tienen el propósito de ayudar, son factores determinantes para que la adquisición de experiencias de aprendizaje sean significativas y sus comunidades puedan florecer"

Después de platicar con la directora y con colegas profesores de la escuela en India, reconocí los mismos talentos y temores de mis compañeros profesores de México, de Chile o de Colombia. Todos tienen la misma convicción y entrega de su rol de educadores para la transformación de sus comunidades; son innovadores, curiosos y se preocupan por el bienestar integral de sus estudiantes. En esta reflexión sobresalieron dos conceptos importantes que deseo compartir en este artículo: una pedagogía transformadora y un aprendizaje socioemocional.

Una pedagogía transformadora es un enfoque educativo que facilita la reflexión crítica con los estudiantes sobre sus contextos, creencias y valores (UNESCO, 2017) mediante espacios de análisis y de apreciación por la diversidad. Un ejemplo de ello es el trabajo de campo que realizaron estudiantes del Tecnológico de Monterrey en la Semana i. Durante cinco días realizaron un acercamiento con los migrantes centroamericanos con el fin de conocer la realidad que viven, en su deseo por cruzar  la frontera con los Estados Unidos. Los estudiantes describieron su visita al tren La Bestia, como un cóctel de sentimientos encontrados, que no llegó a incapacitarlos, sino más bien, los compromete a actuar de por vida (Robles, 2015). En México, el acercamiento a la realidad de los migrantes es imperante, al tener encima un problema que involucra a miles de personas que dejan sus hogares en sus países de origen para buscar oportunidades de mejora. Los profesores del área de ética tenían clara la necesidad de incluir en el currículo una vinculación real para los estudiantes. Esta experiencia estuvo acompañada de trabajo vivencial y trabajo en el aula con datos duros y estadísticos, para lograr que los aprendizajes transformativos perduren a largo plazo.

“Una buena escuela va más allá de tener una infraestructura moderna o una oferta amplia de actividades extracurriculares, más bien es aquella que sabe diseñar experiencias educativas que fomenten los aprendizajes, valores, actitudes y emociones; para que los estudiantes sean miembros activos en su comunidad”

Por otro lado, las “habilidades blandas” o “habilidades no cognitivas” han cobrado mayor atención a medida que los educadores comprenden cuán críticas son para que los estudiantes puedan alcanzar el éxito (Hinton, 2018). Por ejemplo, ser empáticos, apreciar la diversidad, construir relaciones, tener un compromiso social, responsabilidad ética, entre otras. Para desarrollar este tipo de habilidades, les comparto algunas ideas y actividades que pueden implementar con sus estudiantes de educación básica y educación media. Estas habilidades están relacionadas a lo que conocemos como aprendizaje socioemocional o Social and emotional learning (SEL) por sus siglas en inglés; el cual, es un proceso en el que niños y adultos aprenden a manejar sus emociones, a establecer y alcanzar metas positivas; a sentir y mostrar empatía por los demás, a establecer y mantener relaciones positivas; así como también a tomar decisiones responsables (CASEL, 2019). Así pues, cuando los alumnos son conscientes de su entorno, están emocionalmente conectados con él y tienen el propósito de ayudar, son factores determinantes para que la adquisición de experiencias de aprendizaje sean significativas y sus comunidades puedan florecer.

Una buena escuela va más allá de tener una infraestructura moderna o una oferta amplia de actividades extracurriculares, más bien es aquella que sabe diseñar experiencias educativas que fomenten los aprendizajes, valores, actitudes y emociones; para que los estudiantes sean miembros activos en su comunidad.

Mi reflexión es que, lo que te mueve a emprender un maratón de 42 kilómetros para ir a la escuela, está basado en el profundo compromiso por transformar a la sociedad, en un mejor lugar, en una comunidad sustentable y de paz; para las actuales y las futuras generaciones.  

Acerca de la autora

Mildred Vanessa López Cabrera (mildredlopez@itesm.mx) es directora de innovación e investigación educativa de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud del Tecnológico de Monterrey. También es estudiante del Doctorado en Innovación Educativa.