Una evaluación sin “pero…”

bigstock-School-teacher-and-class-worki-153239597.jpg

“Fomentar la buena actitud en los estudiantes es tan importante como fortalecer la competencia de pensamiento crítico. Ambas son provechosas en cualquier disciplina.”

El sistema educativo tradicional es calificativo más que evaluativo. Un número o porcentaje no son indicadores fieles del logro o déficit de un alumno sobre su desempeño académico. Entonces, ¿qué pasaría si además de una nota (cualquiera que esta sea) destacamos de una manera positiva el esfuerzo realizado por el estudiante? Como profesor soy testigo de cómo un comentario agradable que celebre el empeño que puso el alumno para realizar la tarea asignada, es una forma de motivar al estudiante para hacerlo mejor la próxima ocasión. Lo he visto tanto en aquellos alumnos que hicieron un pobre esfuerzo, como un gran esfuerzo. Esta es la experiencia que deseo compartir en este artículo.

Un estudio reciente realizado por el Barnes & Noble College a 500 estudiantes de licenciatura y posgrado; el 80 % de los estudiantes respondió que prefieren recibir una retroalimentación que combine comentarios por parte del profesor (verbales o escritos) con un valor numérico. El 15 % de los encuestados dijo que la retroalimentación escrita o verbal recibida por parte del profesor por sí sola es más efectiva para ayudarlos a aprender, mientras que solo el 4 % se sentía contento con recibir únicamente una retroalimentación numérica. De ahí la importancia de integrar una retroalimentación, verbal o escrita, por parte del profesor a la evaluación numérica que por tradición ya se hace.

¿Y qué tal si, además del profesor, fueran los propios alumnos quienes escribieran de puño y letra su opinión sobre los trabajos entregados de sus compañeros? No como un ejercicio de coevaluación sino como una valoración sin “pero...” eliminando respuestas criticonas.

La importancia de una retroalimentación positiva

La retroalimentación positiva ayuda a las personas a sentirse seguras y apreciadas. Esto a su vez las hace sentirse comprometidas y motivadas. De hecho es más fácil dar una retroalimentación positiva que negativa. Además, las personas que están acostumbras a recibir comentarios positivos aceptan más fácilmente una crítica cuando las cosas no van marchando bien (Marsh, 2019). Una retroalimentación negativa elimina las buenas intenciones del estudiante por cumplir con sus actividades y minimiza el impacto de las siguientes actividades en el curso.

“¿De qué sirve resaltar lo que está mal si con seguridad el estudiante ya lo sabe a la luz de las pautas de la guía de trabajo? ¿Cómo se siente quien se anima a emitir un comentario provechoso o un juicio de valor no destructivo con un gesto empático hacia otra persona?”

- Darío Recalde -

Evaluación realizada por los alumnos

En mi clase de Introducción a la ingeniería, los alumnos tenían que representar conceptos ingenieriles a través de una herramienta de comunicación gráfica con elementos de información ordenados de forma lógica y atractiva de libre elección, con información respaldada en fuentes de investigación actualizadas y relevantes. El resultado de esta actividad sería una combinación de palabras e imágenes propios de la jerga de la Ingeniería, aportando al fortalecimiento de la competencia para el manejo de la información del ciclo básico del programa.

Los estudiantes se sorprendieron de primera mano con la actividad, pues fueron ellos quienes debían hacer la evaluación de sus compañeros respecto a su desempeño. Dado que la indicación era destacar lo positivo de la tarea de su compañero, supongo que más de uno se quedó con un nudo en la garganta por criticarlo pero, ¿qué provecho tiene poner de manifiesto su negatividad? o ¿qué gana el estudiante recibiendo una crítica creando un resentimiento contra su compañero? Considero que la socialización sin calificación les gustó, pues aprendieron del tema y aprendieron a ver el lado positivo de las cosas.

La actividad

El día de la entrega de la actividad se organizaron las sillas del salón en círculo para iniciar la retroalimentación positiva. Cada estudiante recibe una hoja con los nombres de los compañeros y con una casilla para escribir lo que considere más destacado en fondo y forma de los trabajos. Se pide que grapen esta hoja a su trabajo y las pasen al compañero del lado, quien hará lo propio la cantidad de veces necesarias hasta que ambas hojas hayan recorrido el salón, marcando un tiempo mínimo de revisión de dos o tres minutos. Es decir, para el ejemplo señalado, cada estudiante escribiría 27 comentarios en los 27 diferentes trabajos, y así mismo, cada estudiante recibiría 27 comentarios distintos y afirmativos de su trabajo.

Los estudiantes conocerían la opinión de sus compañeros, quienes conscientemente escribieron a sabiendas de que se sabría quién dijo qué. De esta manera se propicia el respeto por el trabajo a través de una crítica positiva y una muestra de amabilidad a través del comentario registrado con franqueza.

Beneficios al aprendizaje

A raíz de esta actividad, noté dos beneficios para el aprendizaje de los estudiantes en diferentes momentos de la clase. El primero es que, en la siguiente tarea que hicieron los alumnos, los contenidos que consultaron fueron de mayor calidad y la presentación de su trabajo mejor cuidada, sin que estas dos pautas hayan sido explícitas por mi parte. El segundo beneficio estuvo relacionado con las participaciones de los alumnos en las clases posteriores. Cuando analizamos un caso real para tema en estudio, los estudiantes destacan “lo bueno” antes que “lo malo”. En ese instante, el trabajo del docente consiste no en reducir u omitir esa objeción, sino en asumir una mirada transformadora y propositiva para aprender del acierto y del error.

Fomentar la buena actitud es tan o más importante que fortalecer la competencia de pensamiento crítico en los estudiantes y ambas cosas son provechosas en el presente y en el futuro de la Ingeniería y cualquier otra disciplina.

Invito a todos los profesores a destacar de alguna manera lo mejor del trabajo de sus estudiantes y hacérselos saber. También a que compartan los resultados que obtuvieron de esta y otras experiencias pedagógicas con el Observatorio de Innovación Educativa.

Acerca del autor

Darío Esteban Recalde Morillo (derecalde@uao.edu.co) es Profesor del Departamento de Innovación en Ingeniería de la Universidad Autónoma de Occidente en Cali, Colombia. También estudiante de Doctorado en Educación y Sociedad de la Universidad de La Salle en Bogotá D.C.