Investigación y enseñanza: una desconexión patente

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Una docencia integral necesita de una enseñanza sensible y una investigación rigurosa.

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La principal labor de un profesor es enseñar, esto no representa ninguna confusión en el cuerpo docente ni en las universidades, el problema comienza cuando nos cuestionamos. ¿Qué se necesita para asegurar que la forma en que enseñamos mantenga su sentido y vigencia?

La investigación es la base de la que parten las metodologías didácticas, fundamenta la creatividad para generar enfoques nuevos, nos mantiene informados de lo que funciona o no en el esfuerzo educativo. La investigación es algo que debería abundar en el devenir universitario, sin embargo, escasea. Para entender el fundamento de esta problemática es necesario distinguir entre los distintos roles que asumen las personas al frente de un salón de clase.

Profesionales, pero no docentes

Anna Escofet, profesora de la Facultad de Educación de la Universidad de Barcelona y Guillermo Bautista, profesor investigador de la Universitat Oberta de Catalunya, ofrecen una perspectiva que engloba las causas de este déficit académico. Los profesores sostienen que en la actualidad enfrentamos una crisis de formación pedagógica. Esto puede explicarse por una tendencia en instituciones de educación superior y media superior, que favorece las credenciales profesionales de un candidato a impartir clases, por encima de sus habilidades didácticas y formación pedagógica.

Es cierto que los docentes que ejercen bajo este esquema tienen conocimientos y aptitudes valiosos que pueden transmitir a los estudiantes. Muchos de ellos son profesionales en el campo que enseñan, sin embargo en un enfoque riguroso esto los habilitaría más como mentores que como docentes.

Un mentor comparte su experiencia para enseñarle a un aprendiz a desenvolverse en un campo de conocimiento. Un docente se apoya en metodologías educativas para enseñarle a un estudiante a pensar, luego a aprender y luego a aplicar lo aprendido.

De la misma forma que un profesional ha de innovar y liderar el avance en su rubro de trabajo para ser un buen mentor, un docente necesita de la investigación para mantener vigentes las metodologías a partir de las cual enseña. Según Escofet y Bautista, esta noción hace falta en las universidades.

Docentes, pero no investigadores

Los profesores comentan que sí existe una intención por parte del cuerpo docente de indagar y mejorar, pero no hay un sistema que aproveche los resultados del trabajo de los investigadores. Se carece de procesos que conecten la investigación educativa con la mejora directa.  Explican que parte de problema es que el profesorado no revierte sobre su docencia, el maestro no suele investigar fuera del proceso enseñanza-aprendizaje en el que está implicado como sujeto activo.

En pocas ocasiones se vincula el trabajo de investigación de un profesor con un proceso de mejora o innovación de las estrategias docentes.

El mayor peligro de esta pasividad docente: replicar sin producir. Se genera un ambiente académico que repite lo que ya está hecho y se limita el ejercicio más básico que debe dominar un maestro, aprender cosas nuevas y aplicarlas en función de la mejora en la metodología didáctica.

La enseñanza y la investigación no son tareas separadas, son los dos componentes que forman la disciplina integral de la docencia. Bajo este contexto, uno de los mayores retos que enfrentan las universidades como productores de conocimiento, es conciliar las tareas de investigación con las de gestión y docencia.

Escofet y Bautista sostienen que los mejores recursos para lograr este objetivo son la creatividad y el diálogo. Ya sea generando sinergia entre las dos facetas del ejercicio docente o estableciendo un canal de comunicación con los estudiantes, los principales beneficiarios de las metodologías de enseñanza-aprendizaje, es más que posible cerrar esa brecha que desacelera el avance de la pedagogía en la educación superior.