El prisma del regreso a la presencialidad

El inminente regreso a la presencialidad abre una enorme ventana de oportunidad para repensar la experiencia educativa de muchas personas.

El prisma del regreso a la presencialidad
Imagen de Manfred Antranias Zimmer /Pixabay.
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Cuando pensamos en el regreso a la presencialidad (ya sea en oficinas, escuelas o en la vida en general) la mayoría de las personas pensamos en el cuándo, cómo y dónde: ¿Qué días de la semana?, ¿cuál va a ser el horario?, ¿habrá turnos diferenciados?, ¿qué cambios habrá en mi espacio de trabajo-estudio?, ¿cuáles son las medidas de seguridad?, ¿qué protocolos tendremos que seguir?, etcétera. Detrás de estas preguntas hay una mezcla muy diversa de entusiasmo, incertidumbre, alegría, ansiedad, expectativa y miedo. Para muchas personas el regreso a las actividades presenciales es como ver la luz al final del túnel, el principio del fin de la pandemia, un guiño de esperanza y “normalidad” después de estos largos meses tan complicados. Conozco varias personas que no pueden esperar por regresar a la oficina, quitarse ya por fin la mascarilla y volver a la vida como la conocíamos antes. En cambio, para otras personas, yo incluida, el solo hecho de pensar en ello nos da pavor.

Aunque la mascarilla es sumamente incómoda (más cuando llega el verano y aprieta el calor), les confieso que yo no estoy lista para dejar de usarla porque me da una sensación de seguridad y protección que, en parte, es verdadera ya que efectivamente es esencial en situaciones como una pandemia, pero para las personas que somos introvertidas esa protección va más allá de su uso sanitario. Es por eso por lo que un escenario sans mascarillas me da repelús. Pero mi actitud es sumamente egoísta e ignorante.

En todos estos meses de pandemia nunca me pasó por la cabeza que tal vez esa persona a la que juzgué por no llevar mascarilla no lo hacía por negligencia sino porque tiene una condición física que se lo impide o que esa otra persona que llevaba una mascarilla transparente no lo hacía por vanidad o por moda, sino porque es la única forma que tiene para comunicarse con su hija, su amigo o su pareja. Este último caso, sobre todo, es el que más denota mi ignorancia y lo comprobé ayer cuando leí este artículo de Pau Rodríguez sobre cómo el uso obligatorio de mascarillas ha sido tan complicado e incapacitante para las personas sordas o que tienen alguna discapacidad auditiva. “En la vida de una persona sorda, leer los labios de los demás no es que sea importante, es fundamental”, dice María Ángeles Muñoz quien es sorda igual que sus dos hijas y su marido. Como un balde de agua fría, así es como mejor puedo describir la sensación que tuve al leer este artículo en El Diario de la Educación. Un necesario tirón de orejas para salir de mi burbuja.

Además de las mascarillas, la adopción generalizada de las clases online a través de videoconferencias también dificultó la experiencia educativa de miles de estudiantes con discapacidad auditiva. Si ya de por sí factores como la conexión, el audio o el ruido ambiental intervienen en la experiencia de cualquier usuario que asiste a una videoconferencia, imagínense el caso de las personas con discapacidad auditiva. “Cuando la nitidez de lo que se escucha depende de un audífono o de un implante, no es lo mismo una conversación con una sola persona que un aula con sus 30 alumnos y sus ruidos. Pero la cosa empeora todavía más en una clase por videoconferencia”, señala Pau Rodríguez.

Pero si para algunas personas las clases en línea han sido terribles, para otras han sido una bendición. Y es que, en contraste, también ayer leí otro artículo en Input Magazine que me hizo reflexionar sobre cómo un mismo escenario puede ser tan diferente para muchas personas, dependiendo del cristal con que se mire, como dice el famoso poema de Ramón de Campoamor.

Muchos estudiantes (y docentes) odian el aprendizaje virtual y no pueden esperar por regresar a las aulas. Pero para Anja K. Herrman, que usa una silla de ruedas, “ha sido un regalo del cielo”. En el artículo, escrito por la misma Anja, la estudiante de bachillerato describe su experiencia educativa previa a la pandemia: dificultades para llegar a la escuela, obstáculos para ingresar en el propio edificio, aulas que no están pensadas para personas con discapacidades, indiferencia por parte de personal docente y administrativo y, en general, una sociedad ensimismada. Es por eso por lo que, para Anja, los últimos meses de aprendizaje en línea han sido «maravillosos y liberadores».

Y como estos ejemplos están muchos otros casos que nos ayudan a ver el mundo desde diferentes perspectivas. Están también las mamás exhaustas que no pueden más con la carga laboral+clases en línea+el cuidado de los hijos y las labores del hogar; las mamás inmigrantes que, además de todo lo anterior, tienen que ayudar a sus hijos a aprender a distancia, en un idioma que no hablan. En fin, como ya he dicho anteriormente, la pandemia ha agregado múltiples capas de desafíos a los que ya veníamos cargando desde hace años.

Todo esto me ha dejado pensando, sobre todo con el inminente regreso a la presencialidad. Tenemos muchas preguntas e inquietudes sobre cómo será este regreso, hay muchas expectativas e incertidumbre en el aire. Lo cierto es que la experiencia va a ser diferente para muchas personas y no existe una fórmula única. Tomando esto en cuenta, ¿cómo podemos lograr que este regreso sea más inclusivo? ¿Cómo podemos ser más empáticas y compasivas con las diferentes experiencias y realidades de las personas que nos rodean? En definitiva, este regreso a la presencialidad no va a ser sencillo, pero representa una enorme ventana de oportunidad para cambiar lo que hasta ahora veníamos haciendo mal, lo que hasta ahora no habíamos tomado en cuenta, para incorporar aquello que ni siquiera se nos había ocurrido antes. Para reconocer que nuestra experiencia no es la única ni la más válida.

Y tú, ¿cómo lo estás llevando? ¿Cuál ha sido tu experiencia?

Karina Fuerte
Editora en jefe, Observatorio de Innovación Educativa

Este artículo del Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación puede ser compartido bajo los términos de la licencia CC BY-NC-SA 4.0