Sobre la idea de la escuela y la oficina expandidas

Robert Poynton asegura que “siete minutos al aire libre pueden cambiar todo tu ser”. ¿Cómo se aplica esto a las aulas y oficinas?
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la escuela y la oficina expandidas

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Ayer me encontré por casualidad un artículo escrito por María Acaso que me vino como anillo al dedo porque precisamente estaba buscando un tema para escribir hoy en este espacio. Aunque se publicó hace más de diez días en El País, por alguna razón el artículo no me había aparecido en las fuentes que usualmente consulto, sino que di con él mientras procrastinaba en Instagram, repasando sin mucha atención las ‘historias’. Es curioso cómo nos llega la inspiración: cuando menos te lo esperas, cuando no la estás buscando.

Este episodio me recordó a un texto de Robert Poynton que leí en su newsletter por allá de marzo, en el que Poynton narraba que acababa de regresar de una corta caminata de siete minutos y cómo este nuevo hábito de flâneur, al que él le llama “pausa preventiva”, había beneficiado enormemente sus días, no solo en el ámbito personal sino también en el laboral. Poynton explica que, aunque pareciera que un paseo de siete minutos no haría ninguna diferencia en nuestras vidas, sí que lo hace. Te despeja totalmente, te refresca, te ayuda a reconectar. Muchas veces, cuando necesitamos terminar un proyecto, completar una tarea o encontrar esa inspiración necesaria para avanzar es cuando más trabajo nos cuesta concentrarnos y pensamos que es concentración la que nos hace falta, sin embargo, lo que necesitamos en realidad es justo todo lo contrario, necesitamos dejar a un lado eso que estamos haciendo. Hacer una pausa. Dejar esa idea/proyecto en reposo. “Siete minutos al aire libre pueden cambiar todo tu ser”, dice Poynton y yo puedo confirmarles que es verdad.

¿Y cómo se relaciona esto con el texto de María Acaso? Aunque pareciera que me fui por las ramas y me desvié completamente del tema en cuestión, les aseguro que no es así pues ambos están fuertemente interrelacionados. Por un lado, Acaso escribe sobre lo que ella llama la escuela (y la oficina) distribuida “donde los espacios sean variados, donde un día trabajemos desde casa, otro desde un museo (o cualquier otro equipamiento cultural o deportivo) y otro en un espacio verde”. Elegir el contexto dependiendo de la actividad, crea “espacios de interacción reales y variados” que nos permiten generar a su vez conocimientos diversos y flexibles. Salir de la rutina, variar los escenarios y los espacios nos da la oportunidad de reprogramar nuestra capacidad de autogestión, que se ha quedado estancada y adormilada en este ritmo de vida que llevamos donde pocas veces paramos de verdad, en el que “no tenemos tiempo” ni siquiera para un paseo de siete minutos al aire libre.

Hoy en día solemos pensar que podemos “distraernos” y “descansar” a través de las pantallas. Yo soy la primera en caer en esta falacia y muchas veces busco esa distracción tan necesaria en las redes sociales o viendo una serie, pero ninguna de estas actividades me saca realmente de ese entorno encapsulado en el que vivo, donde la oficina y el hogar conviven en el mismo lugar. Solo cambiando de aires, distribuyendo esos espacios, como nos invita a hacer María Acaso, es como he logrado desatascarme cuando me encontraba atorada en alguna idea o proyecto. En muchos de esos paseos cortos que hago con mi perro he encontrado ese tema que estaba buscando, pero he comprobado que las mejores ideas que he tenido han surgido cuando salgo completamente de mi entorno citadino. Una vez a la semana hago servicio de voluntariado en una protectora de animales que se encuentra en la montaña, ese contacto con la naturaleza me ayuda a hacer un reset necesario todas las semanas. Pero todavía me falta mucho por explorar en esa propuesta de la escuela/oficina expandida que propone Acaso. No se trata solamente de agregar actividades extracurriculares o de ocio al calendario, se trata de repensar completamente lo que llamamos escuela u oficina. Se trata de “repartirnos, desperdigarnos y desparramarnos” de manera que no vivamos nuestra vida en piloto automático, sino de permanecer “en el mismo sitio solo cuando tenga sentido”. Ahora que muchos de nosotros estamos por regresar a las aulas y a las oficinas es un buen momento para repensar estos espacios, expandirlos, distribuirlos y compartirlos.

Hasta la próxima semana.

Karina Fuerte
Editora en jefe, Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación

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Karina Fuerte

(Ella/she/her). Editora en Jefe del Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación. (karinafuerte@tec.mx)

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