El sábado pasado, Día Internacional de la Mujer, el 8M, salí a las calles a marchar junto a miles de mujeres de todas las edades, también vi muchas infancias acompañando a sus mamás, a sus tías, abuelas y hermanas. Este es el tercer año que marcho en Monterrey y, año tras año, me conmueve ver a tantas mujeres unidas, luchando por nuestros derechos, nuestra seguridad, por vivir libres y sin miedo.

Este año, además de mujeres trabajadoras (remuneradas y no remuneradas) de todas las clases, me llamó la atención ver a muchas maestras con pancartas, a estudiantes de ciencias y campos STEAM, a doctoras, veterinarias, psicólogas y académicas. Me di cuenta por lo que decían sus pancartas, camisetas y consignas. Un cartel en particular me llamó la atención. Decía: «La maestra luchando, también está enseñando». Intenté hacerle una buena foto, pero fue complicado con todo el movimiento. Sin embargo, me quedé con esa frase porque me recordó a bell hooks (escrito en minúsculas, a petición de la propia escritora), particularmente a su libro Enseñar a transgredir. La educación como práctica de la libertad (Teaching To Transgress. Education as the Practice of Freedom) que leímos en el Círculo de Lectura del Observatorio en octubre del 2022. Esa pancarta resume, en unas pocas líneas, algunas de las reflexiones que bell hooks (1952-2021) hace en este libro de ensayos sobre educación. Un inusual libro sobre profesores y estudiantes que se atreve a plantear preguntas sobre el eros y la rabia, el dolor y la reconciliación, y el futuro de la enseñanza misma.
Hooks, además de ser escritora, activista y feminista, también era profesora. Su carrera docente comenzó en 1976 como profesora de inglés y profesora titular de estudios étnicos en la Universidad del Sur de California. También fue profesora de Estudios Afroamericanos e Inglés en la Universidad de Yale, Profesora Asociada de Estudios de la Mujer y Literatura Americana en el Oberlin College en Oberlin, Ohio, y Distinguida Profesora de Literatura Inglesa en el City College de Nueva York. Ella tenía un cariño particular a la labor docente, así como Paulo Freire, hooks aseguraba que «Educar como práctica de la libertad es una forma de enseñar que cualquiera puede aprender».
Y esto es precisamente lo que hacía esta maestra con su cartel en la marcha del 8M, no sé si con conocimiento previo o no sobre bell hooks, pero esa maestra que iba enfrente de mí ya estaba poniendo en práctica lo que hooks dice en su libro:
«Educar como práctica de la libertad es una forma de enseñar que cualquiera puede aprender. Ese proceso de aprendizaje resulta más fácil para aquellos de nosotros que enseñamos y también creemos que hay un aspecto de nuestra vocación que es sagrado; que creemos que nuestro trabajo no es simplemente compartir información, sino compartir el crecimiento intelectual y espiritual de nuestros estudiantes. Enseñar de una manera que respete y cuide las almas de nuestros estudiantes es esencial si queremos proporcionar las condiciones necesarias para que el aprendizaje pueda comenzar de la manera más profunda e íntima».
– bell hooks, 1994
Hooks defendía que la educación tenía que tener un enfoque holístico y progresista, lo que ella llamaba una «pedagogía comprometida», ya que para la escritora este tipo de pedagogía «enfatiza el bienestar. Eso significa que las maestras y maestros deben participar activamente y comprometerse con un proceso de autorrealización que promueva su propio bienestar si quieren enseñar de una manera que empodere a los estudiantes» (hooks, 1994).
Creo que esto es lo que, precisamente, estaba haciendo esta maestra el pasado sábado. Ella estaba ahí, comprometida, participando activamente, por su bienestar, pero también por el de sus estudiantes. Su presencia en la marcha dejaba en claro su compromiso para demostrar que, «luchar es otra forma de enseñar».
Karina Fuerte
Editora en jefe, Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación