Escribo estas líneas un 14 de febrero (“Día del Amor y la Amistad”) y tal vez sea por eso por lo que he decidido que el tema de esta semana será la importancia de hacer comunidad, de crear redes de apoyo. Pero también escribo bajo la influencia de un artículo que publicamos recientemente en el que mis colegas Carolina Giménez y Bárbara Erzen, cuentan cómo y por qué crearon Comunidad Atenea, un espacio de aprendizaje colaborativo para docentes de Latinoamérica que hoy reúne cerca de 16.000 maestras y maestros de la región.
Si bien el “Día del Amor y la Amistad” se asocia generalmente con el amor romántico, podemos buscar nuevas formas de pensarlo y celebrarlo sin caer necesariamente en las estrategias de marketing alrededor de esta festividad que nos quieren vender chocolates, flores y globos en forma de <3 (pero oye, si te gustan las flores y los chocolates disfrútalos sin culpas).
¿Por qué escribir sobre la importancia de hacer comunidad en un día como hoy? Porque si algo aprendimos en la pandemia (además de que “la única certeza es la incertidumbre”) es que los seres humanos no podemos vivir aislados, necesitamos el acompañamiento de otras personas en todos los ámbitos de nuestras vidas. La educación es uno de esos ámbitos en el que hacer comunidad es vital y, paradójicamente, la docencia es una de las profesiones más solitarias. “Siempre pensé que el docente trabaja muy solo, puertas para adentro. Y lo que necesitaba era ser parte de una comunidad”, dice Silvina, quien forma parte de la Comunidad Atenea.
Una de las quejas más comunes que solemos escuchar y leer en el Observatorio es que los docentes se sienten solos. Los docentes no suelen hablar entre sí y muchas veces no es por falta de ganas, sino de tiempo y de los espacios necesarios para entablar estas conversaciones. También se sienten muchas veces abandonados en esa labor tan importante que es la enseñanza, ya sea por falta de apoyo de su institución, sus propios compañeros o de la sociedad, que muchas veces se deslinda de la responsabilidad de la educación. Pero “no podemos pretender dejar caer sobre los hombros de los docentes todos los problemas que no somos capaces de resolver”, reclama Bárbara Menéndez Iglesias en un artículo que leí la semana pasada en El Diario de la Educación. Y Bárbara menciona también un proverbio africano que no conocía y me gustó mucho: “Para educar a un niño hace falta la tribu entera”.
Y a esa tribu pertenecemos todas, todos y todes, independientemente de si trabajamos o no en el sector educativo. Ser conscientes de ello cambia nuestra forma de ver el mundo y hace todavía más vital la necesidad de crear redes de apoyo. En el Observatorio siempre hemos tenido claro la importancia de hacer comunidad. Es por eso que creamos hace ocho años la sección Edu bits, un espacio para que la comunidad docente comparta sus experiencias y mejores prácticas en el aula; nuestros webinars y Diálogos fueron pensados para acortar distancias y romper barreras que impiden que la comunidad docente de habla hispana se anime a crear redes de apoyo y colaboración. En cierta forma, este espacio, el newsletter semanal y nuestra más reciente iniciativa, el Círculo de Lectura del Observatorio IFE, también fueron creados con la intención de crear esos tan necesarios espacios de reflexión y apoyo para todas las personas que trabajamos en el ámbito educativo.
Este 14 de febrero quiero celebrar contigo que ya somos más de 755,000 personas que formamos parte de la comunidad del Observatorio IFE y también aplaudir y celebrar iniciativas como Comunidad Atenea con quien compartimos la intención de tejer redes de apoyo para la comunidad docente. Espacios seguros donde maestras y maestros puedan inspirarse, apoyarse y crecer en comunidad.
Gracias por ser parte de esta gran tribu.
Karina Fuerte
Editora en jefe, Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación
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