The Chair (La Directora)

En esta ocasión analizamos cómo la serie The Chair (La Directora) es una representación bastante precisa de lo que es ser una profesora de color en una universidad.

The Chair (La Directora)
Una lectura de 5 minutos

La semana pasada hice un maratón de la serie The Chair (La Directora) que se estrenó en Netflix el mes pasado y de la que tanto se habla en los medios, blogs y redes. La verdad es que no era mi intención verla completa en una sola noche, pero pasé de un episodio a otro y cuando me di cuenta, ya estaba en el último. Ayudó mucho que, para los estándares de las series de hoy, es una temporada relativamente corta: seis episodios de 30 minutos cada uno.

Esta tragicomedia académica está protagonizada por Sandra Oh quien interpreta a Ji-Yoon Kim, una profesora universitaria y nueva directora del departamento de Inglés de la Universidad de Pembroke. La premisa es la siguiente: Ji-Yoon Kim es la primera mujer no blanca en dirigir el departamento de Inglés de esta destacada universidad y la historia se desarrolla alrededor de los obstáculos y peripecias a los que se enfrenta Ji-Yoon en este cargo.

No es mi intención analizar por completo esta primera temporada ni mucho menos dar spoilers, creo que es mejor que quienes no la hayan visto todavía, lleguen a ella con la menor información posible y sacar sus propias conclusiones. Pero sí me gustaría compartir con ustedes mis reflexiones respecto a algunas de las temáticas que se tocan en esta serie.

Me voy a centrar prácticamente en el primer episodio, ya que me llamó mucho la atención que, desde los primeros minutos, se revelan muchas de las problemáticas que se viven actualmente en las universidades. Aunque la historia está basada en cómo funciona una universidad americana, estoy segura que ustedes encontrarán similitudes con el sistema universitario de su país.

[Advertencia: aunque no es mi intención dar spoilers, sí mencionaré algunos detalles importantes que se desarrollan sobre todo en el primer episodio. Pero nada que no se revele ya en el tráiler]

Todavía no pasan ni cinco minutos del primer episodio cuando la directora Ji-Yoon Kim, en reunión con la facultad, comienza la sesión con una frase que quienes trabajamos en educación superior encontramos sumamente familiar.

“I’m not going to sugar coat this. We are in dire crisis. Enrollments are down more tan 30%. Our Budget is being gutted […] But in these unprecedented times, we have to prove that what we do in the classroom […] is more important tan ever and has value to the public good […] What we teach them cannot be quantified or put down on a resume as a skill […]”.

La universidad está en crisis (en este caso en particular, las Humanidades están en crisis) y las inscripciones a la baja. Hay recortes de presupuesto. Tenemos que demostrar el valor de la Universidad. Vivimos tiempos sin precedentes… Desde antes de la pandemia ya veníamos escuchando estas frases año tras año, especialmente en los departamentos de las áreas de Humanidades y carreras con “baja empleabilidad”.

Con este contexto, pasamos de esta escena a la primera reunión de Ji-Yoon con su decano, quien le entrega su primera tarea como directora de departamento: elegir de una lista de nombres, tres de los profesores con más años de servicio o con mayor salario para despedirlos o, de preferencia, “animarlos a jubilarse”. Desde el inicio está claro que este nuevo puesto le va a traer a Ji-Yoon muchos dolores de cabeza. Lo curioso es que los mayores retos a los que se enfrenta el personaje interpretado por Sandra Oh, tienen menos que ver con sus responsabilidades como directora y más con su papel de madre (y todo lo que esto conlleva).

Aunque la serie toca temas densos y actuales como la libertad de expresión, el conflictivo rol de la policía en los campus universitarios, la crisis de las Humanidades, los paradigmas cambiantes de la educación superior, y la discriminación a la que se enfrentan diariamente millones de mujeres en el mundo laboral (especialmente quienes pertenecen a alguna minoría racializada), el tema principal que en realidad retoma la serie es el de la maternidad, en específico, el de los cuidados.

Ji-Yoon es madre y padre a la vez, no cuenta con un sistema de guardería público o con una red de apoyo para el cuidado de su hija, Ju-Hee o «Ju Ju» como le dicen de cariño. Y ahora, con sus nuevas responsabilidades como directora de departamento, queda claro que le queda todavía menos tiempo para cuidar a su hija, por lo que tiene que recurrir a su padre (ya muy mayor, por cierto) para hacerse cargo de Ju Ju mientras ella trabaja. Esta es una realidad que viven millones de madres y padres en todo el mundo. Un tema que ya hemos tocado en este espacio en más de una ocasión.

El nombramiento de Ji-Yoon, lejos de darle más libertad o ventajas, trae consigo más retos. Más que un ascenso, el nuevo cargo como directora de departamento conlleva más responsabilidades y más horas de trabajo ya que, además de la carga docente, Ji-Yoon debe asumir nuevas tareas administrativas y burocráticas. Y aunque su expectativa es que este trabajo la va a empoderar para la toma de decisiones, pronto se da cuenta que su nombramiento es más bien estratégico y publicitario. 

I feel like somebody handed me a ticking time bomb because they wanted to make sure a woman was holding it when it explodes”. [“Siento que alguien me entregó una bomba de tiempo porque querían asegurarse de que una mujer la estuviera sosteniendo cuando explote”].

Ya para terminar y para no dar más spoilers, quiero concentrarme en los pequeños detalles porque hay muchos que no son tan evidentes pero que dan muchísima información sobre las problemáticas que se viven actualmente en las universidades.

Empecemos por la decoración de los edificios de la Universidad de Pembroke. En todas las escenas se pueden ver cuadros y pinturas enormes con representaciones de hombres blancos, en ninguna de las aulas, pasillos u oficinas vemos representada a ninguna mujer. Ni siquiera Emily Dickinson, gran poeta en quien la directora Ji-Yoon Kim se especializa.

En el primer día de clases, la profesora Yaz McKay (Nana Mensah), quien por cierto, junto con Ji-Yoon es la única profesora de color de la universidad, menciona a sus alumnos sus horarios de oficina: (Martes y jueves de 13:00 a 14:00) pero pronto aclara: “realmente pueden venir a cualquier hora, ya que prácticamente vivo aquí”. Una situación de precariedad laboral que, así como la Dra. McKay, viven muchas profesoras y profesores, sobre todo aquellos que no cuentan con un contrato permanente o situación laboral estable.

En otra escena del primer episodio vemos cómo la profesora Joan Hambling (Holland Taylor) se da cuenta que le han movido su oficina (sin previo aviso) a un cuartucho abajo del “Wellness Center” de la universidad. Cabe mencionar que a ninguno de sus colegas varones les pasó algo similar.

También podemos ver a través del personaje de Lila, interpretado por Mallory Low, todo el trabajo no remunerado que llevan a cabo las y los TAs (teaching assitants) previo a cada clase, para que los profesores titulares solo se preocupen de impartir la clase. Mientras que todo el trabajo previo de sacar copias, pasar lista, revisar tareas y exámenes, entre otros trabajos administrativos, lo llevan a cabo los estudiantes o profesores adjuntos.

Podría pasar unas cuartillas más desmenuzando esta serie, pero como dije al principio, prefiero no dar muchos detalles. Las animo a ver la serie, a comentarla con sus colegas, con su pareja, con sus hijos y amigos. Estoy segura de que quienes trabajan o han trabajado en una universidad la encontrarán (dolorosamente) muy familiar, pero The Chair es una serie de televisión con temas universales que representan muchas de las problemáticas sociales, económicas y políticas que vivimos todas y todos, independientemente de si trabajamos o no en el sector educativo. En general, es una serie que tiene un poco de todo, es entretenida y, mejor aún, es corta. No sé si vayan a sacar una segunda temporada, pero esta primera ya está dando mucho de que hablar.

Véanla, si es que no la han visto todavía, y compartan por aquí sus impresiones.

Los leo en los comentarios.

Karina Fuerte
Editora en jefe, Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación

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