Tomemos el riesgo de aprender a leer el presente

Este breve texto es una invitación a que hablemos, a que conversemos acerca de la guerra en Ucrania y de otros temas que nos causan malestar y angustia.
Una lectura de» 3 »minutos»
Monumento a la Independencia en Kiev, Ucrania.

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Esta mañana miraba perpleja la página en blanco de Word sin saber qué escribir, cómo, ni por qué hacerlo. ¿Vale la pena cuando allá afuera el mundo está como está? Qué sentido tiene escribir este mensaje mientras cientos de miles de ucranianas y ucranianos buscan refugio de los ataques de Rusia en estaciones de metro, en el campo, en las fronteras, en donde pueden y como pueden.

Y como casi siempre pasa, la respuesta me llegó a través de otras lecturas y personas. Claro que vale la pena escribir sobre lo que está pasando en Ucrania. No solo lo vale, sino que debemos hacerlo. Fue a través de J.A. Aunión, periodista de El País, que me convencí de que hoy no podía escribir de otra cosa que no fuera la guerra en Ucrania.

No soy experta en geopolítica ni mucho menos, así que no voy a esbozar por aquí un intento de análisis del conflicto. Lo que sí creo importante es defender por qué no nos debemos mantener al margen de esta guerra. Lo que está pasando en Ucrania nos afecta a todas, a todos, a todes. Ni Suiza, que solía ser el país “neutral” por excelencia, ha pasado por alto lo que está ocurriendo en Europa del Este y se ha manifestado al respecto, uniéndose a las sanciones impuestas contra Rusia.

A diferencia de lo que está pasando en Estados Unidos, donde más de la mitad de los estados del país han aprobado o están en vías de aprobar leyes que prohíben a los maestros hablar en clase de cualquier tema que cause “malestar, culpa o angustia”, hoy es más importante que nunca que hagamos precisamente lo contrario. En las aulas, en los pasillos, en la calle, en las reuniones familiares o con amigos, debemos hablar acerca de esos temas que nos causan incomodidad, culpa, miedo o angustia.

Miedo, angustia e impotencia es justo lo que yo he sentido en los últimos días. Y estoy segura de que muchos de ustedes también. Además, me pregunto ¿qué estará pasando por la mente de millones de niños, niñas y adolescentes en estos momentos? ¿Se está hablando de ello en las aulas? Debería.

Hace unos días, Albano Alonso, profesor de Lengua Castellana y Literatura en Tenerife, España, publicó en su blog una entrada con el título Que Ucrania entre en las aulas. Por favor, tómense unos minutos para leerlo. “La escuela ha de hacer un paréntesis en sus tareas cotidianas” para hablar, discutir, protestar y postularse sobre la guerra en Ucrania, escribe Albano. “Las comunidades educativas tienen que erigirse en un grito de protesta y postularse abiertamente hacia una postura crítica ante los conflictos bélicos y sus consecuencias en la historia, la sociedad, el pensamiento y el arte”.

En el Observatorio hemos escrito en numerosas ocasiones sobre la importancia de abordar la Historia con pensamiento crítico en el aula y de no evadir, ni mucho menos silenciar, esos temas “incómodos” que muchas personas opinan que no se deberían de tocar en el aula. Pero “el temor equivocado por entrecruzar educación con política puede propiciar determinada postura de aparente distanciamiento ante conflictos latentes de la modernidad, como el racismo, la cuestión de género o la homofobia”, advierte Albano Alonso. Y con razón, porque ese temor es el que ha llevado a que en Estados Unidos un profesor pueda ser denunciado por hablar sobre el Holocausto o sexismo.

Escribiendo estas líneas, me acordé de lo que discutimos la semana pasada en el Círculo de Lectura del Observatorio, acerca del libro Escuela de Aprendices, de Marina Garcés. Volví a mis apuntes y estos tomaron todavía más sentido bajo las circunstancias que estamos viviendo hoy. Marina plantea en su libro que preguntarnos cómo educar es preguntarnos cómo queremos vivir.

Y para saber cómo queremos vivir es necesario hablar, entablar una conversación con el mundo.

Este breve texto es una invitación a que hablemos, a que conversemos acerca de la guerra en Ucrania y de otros temas que nos causan malestar y angustia, llámese cambio climático, pobreza, discriminación, homofobia o violencia. Esos temas que a veces nos mantienen despiertas de noche. Porque no cabe duda de que más que incierto, el futuro es más bien oscuro, pero si nos parece oscuro es porque el presente es opaco, advierte Marina Garcés. “La oscuridad del futuro es la sombra que proyectan unos presentes que no sabemos leer”.

Tomemos juntos el riesgo de aprender a leer el presente.   

Hasta la próxima semana.

Karina Fuerte
Editora en jefe, Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación

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Karina Fuerte

(Ella/she/her). Editora en Jefe del Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación. (karinafuerte@tec.mx)

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