Tuve el placer de escribir este artículo en conjunto con dos de mis alumnas de segundo grado de preparatoria, Sofía y Valentina; ambas adolescentes y yo, que en algún momento de mi vida también lo fui. La adolescencia es una bella etapa de la vida, llena de descubrimientos y nuevas experiencias, pero también es una etapa complicada, ya que, como individuos, comenzamos a desarrollar nuestra propia identidad (lo que uno es). El problema es que, en ese periodo de construcción, ni siquiera estamos seguras ni seguros de quiénes somos. Es común que surjan dudas a medida que se viven cambios físicos y emocionales y, al mismo tiempo, una intensa necesidad de pertenecer. Todo ello nos lleva a poner a prueba los conocimientos que tenemos hasta ese momento y nuestros propios valores, para así abrirnos paso en un camino desconocido y lleno de incertidumbre.
Platicando con mis alumnas, recordamos lo duro que puede ser cuando no estamos conscientes de nuestra identidad (lo que uno es). Desde la perspectiva de Sofía, durante la adolescencia, es casi imposible evitar las “incómodas comparaciones” dentro de la escuela, al estar rodeada de más personas de su misma edad. El primer choque de realidad lo tuvo cuando entró a estudiar como alumna becada en una preparatoria privada; anteriormente, había estudiado solo en escuelas públicas. Comenzó a notar el contraste entre el estilo de vida de otras personas y el suyo; especialmente en lo que a cosas materiales se refiere (lo que uno tiene). También sintió un estrés adicional por mantener su promedio y conservar su beca. Saber que otros estudiantes no tienen esa preocupación la hizo consciente de que no todos tienen acceso a las mismas oportunidades ni viven en las mismas circunstancias.
Durante la adolescencia, la percepción que las personas tienen de nosotros (lo que uno representa) puede llegar a influir significativamente en nuestras decisiones, gustos y forma de relacionarnos. Por ejemplo, cuando comenzamos a cuestionar o modificar las actividades que disfrutamos hacer debido al temor de ser juzgados o juzgadas, de no encajar o de recibir una opinión negativa de las personas de nuestro entorno. Esto mismo fue lo que experimentó Valentina cuando estuvo cerca de dejar de realizar actividades que disfrutaba con el propósito de agradar a los demás y evitar una percepción negativa de su persona.
De la teoría filosófica a la práctica
Como docente de preparatoria, me parece sumamente relevante abordar en clase la teoría del filósofo alemán Schopenhauer: “Lo que uno es, lo que uno tiene y lo que uno representa”. Desde el inicio de este artículo, hemos abordado los elementos principales de su aportación filosófica aplicados en la práctica. Si yo hubiera conocido o estudiado el tema durante mi etapa de preparatoria, me hubiera sentido más tranquila conmigo misma. Por ello, llegué a la conclusión de que debía compartir y escribir sobre el tema, pero en conjunto con mis estudiantes. De los casi 90 adolescentes, solamente dos chicas quisieron participar —lo cual, para el mundo actual, me pareció maravilloso—. Henos aquí.
Lo que uno es
Arthur Schopenhauer desarrolló una de las teorías más influyentes sobre la identidad humana, una teoría que gira en torno a la pregunta fundamental: ¿Qué somos realmente? Para el filósofo, lo que uno es no se define por la razón, por la moral o por la posición social, sino por una fuerza más profunda que habita detrás de todas nuestras acciones: la voluntad. Al mismo tiempo, vivimos en un mundo que solo podemos experimentar a través de nuestra percepción individual, aquello que él llamaba la representación.
Para comprender lo que somos, Schopenhauer señala que primero debemos reconocer que toda nuestra existencia se mueve por un impulso interno, ciego y constante, algo que no elegimos pero que nos define. Él afirma que “la voluntad es la esencia de nuestro ser, el núcleo íntimo que se revela en cada deseo y movimiento”. Esto implica que lo que uno es no es una construcción externa, sino una fuerza vital que actúa antes que cualquier pensamiento o reflexión.
Logré comprender mejor esta idea cuando observé la vida cotidiana como estudiante de preparatoria que soy. En la escuela, cada uno vive experiencias diferentes, incluso dentro del mismo salón. Todos convivimos en el mismo espacio, recibimos las mismas clases y escuchamos las mismas instrucciones, sin embargo, las interpretaciones, reacciones y motivaciones varían profundamente entre cada uno de nosotros. Esta diferencia no es casual. Para Schopenhauer, surge porque cada persona tiene una voluntad y una representación única del mundo.
La voluntad es lo que uno es en el sentido más profundo. No es la personalidad aprendida, ni la imagen pública, ni los comportamientos que mostramos para encajar, sino esa fuerza interna que impulsa nuestros deseos y decisiones. Él afirma que “el ser humano es, ante todo, voluntad que quiere”.
En el contexto escolar, esta voluntad la veo manifestada en la motivación que se tiene para estudiar o para esforzarte por mejorar tus calificaciones, o incluso, simplemente por seguir adelante —que es lo que más cuesta hacer y tenemos que regresar, una y otra vez, a lo que uno es—. No importa si alguien es considerado “popular”, “gracioso”, “tímido” o “del grupo de los inteligentes”, estos son solo roles sociales de cómo otros nos perciben, pero no determinan lo que eres en esencia.
Por ejemplo, dos estudiantes podemos tener el mismo promedio, pero uno estudia tres horas al día porque desea profundamente superarse, mientras que el otro lo hace solo por presión externa. La acción externa es la misma, pero lo que son como individuos es distinto, porque la voluntad detrás de su comportamiento es distinta. Como dice Janaway, en Schopenhauer la identidad no se define por lo que hacemos, sino por aquello que impulsa lo que hacemos, antes de cualquier justificación.
Lo que uno tiene
Dentro de la filosofía de Schopenhauer, lo que uno tiene hace referencia a todo tipo de bienes y propiedades que poseemos. Esta idea puede aplicarse en distintos contextos de nuestra vida cotidiana, tal y como lo es toda nuestra etapa educativa.
En estos bienes se integran desde pequeñas pertenencias hasta herramientas más grandes que nos ayudan a facilitar actividades. Cuando esta idea se manifiesta dentro de las aulas, podemos decir que los bienes materiales que resultan más comunes son los distintos dispositivos electrónicos que nos ayudan en trabajos académicos, ropa, cuadernos, lápices u otros recursos, e incluso el medio de transporte que utilizamos para llegar a la escuela.
En este sentido, la influencia que tienen las posesiones materiales en nuestra etapa educativa es cada vez más notoria, considero que esto es debido al aumento de uso de las tecnologías, pues hoy en día, todo está expuesto en redes sociales.
Durante la adolescencia, nos encontramos en una etapa crítica de nuestro desarrollo y somos muy fáciles de dejarnos influenciar por lo que vemos. De acuerdo con una investigación realizada por los psicólogos Jean M. Twenge y Tim Kasser (2013), el anhelo por obtener bienes materiales ha aumentado a lo largo de las generaciones, asociado con el crecimiento del consumismo juvenil y la propagación de publicidad a públicos de nuestra edad.También mencionan que, entre los estudiantes de preparatoria analizados, conforme incrementa la importancia de conseguir cosas materiales, disminuye la disposición al trabajo necesario para conseguirlas. Quienes presentan un nivel elevado de materialismo tienden a ser menos felices que aquellas personas que no se enfocan tanto en obtener posesiones.
En la vida escolar, toda esta problemática la veo reflejada en la constante comparación que existe respecto a los objetos que son utilizados por los estudiantes dentro y fuera de las aulas. Lo que uno tiene suele tomar más importancia de la que debería, llegando incluso a afectar de manera negativa en el autoestima y en la motivación de los estudiantes, distorsionando la manera en la que los adolescentes nos percibimos entre nosotros mismos, muchas veces clasificando a quienes poseen más cosas de alto valor y a quienes no. Dejando de lado lo que uno es.
“El materialismo es la filosofía del sujeto que se olvida de tenerse en cuenta a sí mismo”. — Arthur Schopenhauer (1819).
En este contexto, la identidad de quienes disponen de menos objetos materiales se vuelve frágil, pues comienzan a centrarse en lo que no tienen y creen que les hace falta. Por otro lado, algunos estudiantes que sí disponen de ciertas pertenencias pueden sentirse “superiores” y formar grupos de acuerdo con el estatus material.
En un ambiente en donde lo que tienes comienza a ser lo que define tu identidad, tiende a volverse tenso y frustrante. Sin embargo, es importante tener en cuenta que todo esto es efímero, pues con el tiempo los objetos se desgastan, pasan de moda o dejan de importar. Y, lo más importante, no nos definen, o al menos, no debería de ser así.
Lo que uno representa
Si la voluntad es lo que somos, la representación es cómo creemos que somos.
Schopenhauer explica que “el mundo es mi representación” lo cual significa que cada quien vive la realidad desde su propia interpretación. Así, nuestra identidad también se construye dependiendo de cómo percibimos la reacción de los demás, el ambiente del salón, los comentarios de los maestros o la dinámica con nuestros compañeros.
En la preparatoria, esta representación se refleja en categorías sociales que se forman casi automáticamente: los “extrovertidos”, los “cool”, los “serios”, los “callados”, los “inteligentes”. Estas etiquetas influyen en la forma en que actuamos. No porque definan quiénes somos en esencia, sino porque moldean la manera en que percibimos nuestras posibilidades y limitaciones.
Un estudiante considerado “popular” puede sentir seguridad en sí mismo y participar más, no porque su voluntad sea más fuerte, sino porque la representación que tiene del salón le favorece. Del mismo modo, alguien etiquetado como “el sabelotodo” puede sentirse presionado o aislado, no porque su voluntad sea débil, sino porque la representación del entorno le produce tensión.
El problema, como diría Schopenhauer, es que muchos confunden esta representación con su identidad real. Como explica Young (2005), el error humano más común es creer que somos lo que el entorno devuelve, cuando en realidad eso es solo la superficie. En la vida escolar, la identidad se negocia constantemente. La forma en que un estudiante es tratado por su grupo puede fortalecer o debilitar su voluntad. No porque cambie lo que es, sino porque cambia la percepción que tiene de sí mismo.
Por ejemplo, un estudiante con una voluntad fuerte —que desea aprender, que tiene metas claras, que quiere crecer— puede perder motivación si su entorno es hostil o si siente que su esfuerzo no es valorado. Schopenhauer explica que la voluntad necesita condiciones favorables para expresarse completamente, ya que “actúa siempre en el marco de las representaciones que el individuo sostiene”.
De igual forma, un estudiante con una voluntad más débil puede verse impulsado a mejorar si el grupo lo motiva, lo apoya o lo inspira. Esto demuestra que el salón de clase no solo es un lugar académico, sino un espacio donde la identidad está en construcción constante.
“Somos seres que se interpretan a sí mismos según los reflejos que reciben de los otros”. — Walter Kaufmann (1978).
Schopenhauer (2010) nos invita a reconocer que lo que uno es no depende del juicio externo, sino de la voluntad interna que impulsa nuestra vida. La escuela está llena de roles, etiquetas, comparaciones y expectativas, pero ninguna de ellas define realmente lo que somos en esencia. Comprender esto es liberador: significa que tu identidad no depende de si eres popular, reservado, brillante, creativo o tímido, sino de la fuerza de tu voluntad y de cómo decides actuar frente al mundo que interpretas —aquí se reafirma lo que la profesora comentaba sobre sentir paz después de comprender a Schopenhauer—.
En un ambiente escolar donde la comparación es constante, esta perspectiva permite vernos con más compasión y autenticidad. Todos estamos viviendo desde voluntades diferentes y representaciones distintas. Ser conscientes de ello nos ayuda a entendernos mejor y a entender a los demás.
Reflexiones finales de las estudiantes
Nosotras, como alumnas, con toda honestidad, creemos que la teoría de Schopenhauer encaja demasiado bien con lo que vivimos en la preparatoria. Sabemos que somos personas inteligentes, responsables y que siempre intentamos dar lo mejor, pero a veces, sentimos que nuestro entorno escolar no nos deja avanzar como quisiéramos. Los comentarios, la envidia y la actitud de ciertas personas en nuestros salones sí nos afectan más de lo que nos gustaría admitir. Hay días en los que, por más fuerte que sea nuestra voluntad, terminamos dudando de nosotras mismas, porque la representación que recibimos de nuestro grupo nos hace sentir fuera de lugar. Aun así, intentamos recordar que lo que somos no depende de ellos, que nuestra esencia no está en cómo nos tratan, sino en ese impulso interno que nos ha llevado hasta aquí. Aunque duela y aunque a veces nos sintamos pequeñas, sabemos que nuestra voluntad va a pesar más y que algún día todo este esfuerzo va a tener sentido.
También, siendo adolescentes, se suele enfocar nuestro valor en las cosas materiales que poseemos. Hemos notado que en nuestra escuela —y probablemente en otras sea similar— entre estudiantes existe una comparación respecto a los celulares, laptops, ropa, zapatos, etc., que cada uno lleva a clases. Particularmente, nosotras evitamos fijarnos en eso, pero es sabido que a algunos compañeros y compañeras les afecta y les genera cierta inseguridad al tener “menos” que otros, hasta el punto de pensar que necesitan más cosas para “encajar”. Por otro lado, algo completamente visible, es que sí hay una gran separación de grupos de amigos según lo que tienen; esto suele verse reflejado en dónde y con quiénes se sientan, los lugares a los que salen, las actividades que realizan, entre otros. Todo esto muestra, sin darnos cuenta, que se les da más importancia a las pertenencias que a lo que verdaderamente conforma nuestra identidad.
Invitación de la profesora
A lo largo de este artículo redactado en mayor parte por mis estudiantes, prevalece la idea de que, aun sabiendo que somos valiosos y valiosas, lo importante es lo que uno es, a veces nos olvidamos de eso y recurrimos a la comparación de lo que uno tiene y lo que uno representa, a ese ruido externo que no nos deja voltear al centro de nosotras mismas. Entonces, considero relevante transmitir a nuestros estudiantes —cualquiera que sea la materia que impartas — la importancia de recordar lo que uno es, en estos tiempos tan superficiales y materialistas.
Acerca de las autoras
Valentina Aranguré Gárate, es estudiante de segundo año de la preparatoria Tecmilenio, campus Mazatlán.
Sofía Valentina López Álvarez, es estudiante de segundo año de la preparatoria Tecmilenio, campus Mazatlán.
Indira Sofía Soria Morales (Sofia.soria.morales@tecmilenio.mx), es docente de las materias de Conceptos y dilemas éticos y Pensamiento filosófico en la preparatoria Tecmilenio, campus Mazatlán. Egresada de la licenciatura en Derecho por la Universidad Panamericana campus Guadalajara y maestra en Administración de empresas área de Mercadotecnia por la universidad Tecmilenio campus Mazatlán.
Referencias
Daep Datu, J. A., & King, R. B. (2016). El materialismo no paga: los estudiantes materialistas tienen menor motivación, compromiso y logros. Psicología Educativa Contemporánea, 49. Recuperado de: https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0361476X17300383 –
Janaway, C. (2002). Schopenhauer: A very short introduction. Oxford University Press.
Kaufmann, W. (2017). Discovering the mind: Schopenhauer, Freud, and Nietzsche. Routledge.
Kaufmann, W. (1978). Tragedia y filosofía (S. Oliva, Trad.). Seix Barral.
Magee, B. (1997). The philosophy of Schopenhauer. Oxford University Press.
Schopenhauer, A. (2010). El mundo como voluntad y representación (Vol. 1, trad. P. López de Santa María). Trotta. (Trabajo original publicado en 1818).
Schopenhauer, A. (2015). El mundo como voluntad y representación (Vol. 2, trad. P.
López de Santa María). Trotta. (Trabajo original publicado en 1844) Young, J. (2020). Schopenhauer. Routledge.
The Decision Lab. (2023). Materialismo. The Decision Lab. Retrieved September 11, 2026, from https://thedecisionlab.com/es/reference-guide/philosophy/materialism
Twenge, J.M. y Kasser, T. (2013). Cambios generacionales en el materialismo y la centralidad laboral, 1976-2007: Asociaciones con cambios temporales en la inseguridad social y el modelo de rol materialista. Boletín de Personalidad y Psicología Social, 39 (7), 883–897. Recuperado de: https://doi.org/10.1177/0146167213484586
Wu, Q., Zhang, Y., He, W., & Cui, L. (2022). La relación entre el materialismo de los adolescentes y la propensión cooperativa: el papel mediador de la codicia y el papel moderador del asombro. ScienceDirect. Recuperado de: https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0191886921008631
Young, J. (2005). Schopenhauer. London, England: Routledge.
Edición por Rubí Román (rubi.roman@tec.mx) – Editora de los artículos Edu bits y productora de los Webinars del Observatorio – «Aprendizajes que inspiran» – Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación del Tec de Monterrey.