Aceptar la inteligencia artificial generativa (IA generativa) en la educación no significa renunciar al papel del profesor, sino más bien redescubrirlo. En la actualidad, los docentes nos desempeñamos como mediadores del conocimiento, creadores de experiencias de aprendizaje significativas y guías éticos en el uso responsable de las herramientas emergentes. Sin embargo, cabe destacar que la evolución del rol del docente no comenzó con el surgimiento de la IA generativa, sino que ha ido cambiando a lo largo del tiempo y sin saberlo esta evolución del papel del docente, me preparó para enfrentar nuevos retos como es la integración de la IA generativa en la educación. Las transformaciones educativas que los docentes hemos experimentado a lo largo del tiempo, específicamente en las últimas tres décadas, han modificado mi manera de enseñar. En este artículo conocerás cómo ha sido este proceso de adaptación para los educadores y cómo es posible transitar hacia la adopción de la IA aplicada en la enseñanza. También conocerás cómo fortalecer el aprendizaje vivencial con IA a través de una práctica real en clase, así como el impacto de la IA en la docencia y en el aprendizaje al brindar una atención más eficiente y personalizada al estudiantado.
De dónde venimos y hacia dónde vamos
La fortaleza de los docentes está en su gran adaptabilidad para el cambio. Para profundizar más sobre esta idea, me gustaría compartir un breve recorrido sobre mi trayectoria de treinta años de carrera docente, compartiendo las experiencias más relevantes que han influido en la transformación de mi propio rol como profesora y que, estoy segura, también se identificarán con algunas de estas experiencias.
El docente como la única fuente de conocimiento
Comencé mi carrera docente en 1997, cuando la enseñanza se concebía como la transmisión directa del conocimiento. La profesora o el profesor era la voz principal en el aula y el estudiante solo un receptor. Con los años, empecé a capacitarme en metodologías activas como el aprendizaje basado en problemas, proyectos y casos, más tarde en el aula invertida, gamificación, entre otros. Al principio, estos enfoques me generaban inseguridad: ¿cómo iban a aprender mis alumnos si no era yo quien “daba la clase”? Poco a poco comprendí que las nuevas generaciones aprenden haciendo, relacionando y reflexionando. Tal como plantea Dewey (1938), la experiencia educativa solo se convierte en aprendizaje cuando es acompañada por la reflexión. Esta idea transformó en gran medida mi manera de enseñar.
Desistir al control total del aula
En 2014 experimenté otro gran cambio cuando tuve que renunciar al control total del aula para convertirme en guía del aprendizaje al asumir la coordinación del Programa Creatividad, Actividad y Servicio (CAS) del Bachillerato Internacional. El aprendizaje dejó de ser una acumulación de conceptos para convertirse en un proceso de autodescubrimiento y acción. Mis alumnos comenzaron a diseñar sus propios proyectos, desde la planeación hasta la implementación, mientras que mi papel se centraba en acompañarlos, orientarlos y retroalimentar sus procesos.
Observé a mis alumnos desarrollar autonomía, liderazgo y empatía, competencias que se integran dentro de lo que hoy se denomina competencias globales o habilidades para el siglo XXI (OECD, 2018). Ponerlos en el centro de la acción, tomando decisiones, resolviendo contingencias y asumiendo roles desde sus intereses y habilidades, los transforma y al mismo tiempo nos sorprende gratamente al permitirnos descubrir facetas desconocidas en cada uno de ellos.
Transición abrupta hacia la educación en línea
La pandemia, sin duda, representó otro punto de inflexión en mi evolución docente. La transición inesperada hacia la educación completamente en línea nos obligó a replantear metodologías, aprender nuevas herramientas digitales y rediseñar nuestras prácticas pedagógicas. Como muchos docentes, tuve que capacitarme constantemente para responder a las nuevas exigencias educativas y tecnológicas que surgieron en ese periodo. Fue un reto técnico, sí; sin embargo, poder brindar acompañamiento, motivación y conexión humana con nuestros alumnos fue lo más valioso en ese contexto marcado por la incertidumbre y el aislamiento. Incluso en ese escenario, el Programa de CAS continuó desarrollándose de manera virtual y fue gratificante observar la forma en que mis alumnos continuaron creando experiencias significativas desde la distancia, demostrando creatividad, resiliencia y compromiso social aun en entornos completamente en línea.
La educación en la era de la IA generativa
Todas estas experiencias descritas anteriormente reafirmaron en mí la importancia de la adaptación y la innovación constante en la docencia, a la vez que me permitieron comprender que guiar el aprendizaje requiere apertura al cambio, aprendizaje continuo y la capacidad de responder a las nuevas realidades educativas. Sin saberlo, cada una de estas etapas fue preparándome para integrar posteriormente la IA en mis clases desde una mirada pedagógica crítica, reflexiva y orientada al aprendizaje significativo.
En este contexto de transformación educativa, la incorporación de la IA generativa en la educación se ha convertido en una de las tendencias más discutidas a nivel mundial. Diversos estudios y reportes internacionales coinciden en que cada vez más instituciones educativas exploran el uso de la inteligencia artificial para apoyar la planeación, la retroalimentación y la personalización del aprendizaje, aunque aún persisten desafíos éticos y pedagógicos sobre su implementación (UNESCO, 2023; Microsoft Education Team, 2025).
Dejar de ser profesores de aula para convertirse en profesores de la vida real
Evolucionar como profesor no se trata solo de incorporar tecnología o cambiar materiales; significa transformar la manera en que entendemos la enseñanza. Adoptar metodologías como el aprendizaje experiencial implica dejar atrás la comodidad del aula tradicional y asumir un papel mucho más complejo, activo y humano.
Cuando buscamos crear experiencias significativas que dejen aprendizajes para toda la vida, debemos reconocer que el papel del docente cambia por completo; es decir, no somos únicamente transmisores de información, sino coordinadores de experiencias reales. Esto conlleva un trabajo intrínseco mucho mayor que incluye planificar, organizar, gestionar materiales, comunicarnos con la dirección, involucrar a la comunidad escolar y acompañar procesos de observación, acción y reflexión.
El aprendizaje experiencial nos demanda dejar de ser profesores de aula para convertirnos en profesores de la vida real. No se trata de exponer un tema y esperar respuestas, sino de diseñar escenarios auténticos de aprendizaje: una feria ambiental, una obra de teatro, un debate tipo Modelo de las Naciones Unidas, una cafetería solidaria o una campaña de donación de sangre.
Cada experiencia implica retos logísticos, emocionales y pedagógicos. Hay fechas que cumplir, productos que entregar, familias y visitantes que asisten. Nada puede quedarse “en intento”. Las actividades deben realizarse y en el proceso surgen errores, aprendizajes y crecimiento personal.
Esa exigencia convierte la docencia en un ejercicio de resiliencia y creatividad constante. Es comprensible que muchos colegas teman al cambio porque implica salir de la zona de confort y, sobre todo, más trabajo. Sin embargo, también implica mayor impacto. Ver el resultado en los alumnos: jóvenes seguros, reflexivos, empáticos, con habilidades blandas desarrolladas, es la prueba más clara de que vale la pena evolucionar.
La IA fortalece el aprendizaje vivencial
Un ejemplo concreto de esta transformación se materializó en una experiencia de ciudadanía activa llamada “Democracia y libertad en acción”, desarrollada en mi curso de Ciencias Sociales dentro del movimiento global #Myfreedomday impulsado por CNN.
El reto era convertir temas tradicionalmente teóricos, como democracia, elecciones, movimientos sociales y derechos humanos, en una vivencia auténtica que conectara con la realidad de los estudiantes.
La IA generativa fue clave para lograrlo de manera eficaz. A través de su uso, pude vincular los contenidos curriculares con la problemática de la esclavitud moderna y la explotación infantil, asegurar su coherencia con el enunciado de indagación de la unidad, generar instrucciones detalladas por etapas y diseñar rúbricas precisas para cada fase del proyecto.
La planeación resultante permitió a los estudiantes vivir un proceso democrático completo: crearon campañas contra la esclavitud moderna, participaron en una simulación electoral avalada por el Instituto Nacional Electoral (INE) y concluyeron con la creación de “La Sala a la Libertad”, un espacio inmersivo donde recrearon lo que significa perder y recuperar la libertad.
Esta experiencia demostró que la IA puede ser un recurso valioso para reforzar el aprendizaje vivencial y el pensamiento crítico, al permitir diseñar proyectos más coherentes, estructurados y contextualizados. La tecnología, en este sentido, actúa como un puente entre la planeación estratégica y la acción significativa.
Diversos estudios confirman que la IA bien aplicada, puede fomentar aprendizajes más personalizados y eficientes (UNESCO, 2023; Holmes, Bialik & Fadel, 2019). En mi experiencia, también promueve la innovación docente al inspirar nuevas formas de enseñar y evaluar.
La IA asiste al docente para optimizar su tiempo con los estudiantes
En los últimos semestres, he incorporado la inteligencia artificial generativa como una herramienta pedagógica más. Al principio, me causaba desconfianza. ¿Hasta qué punto sería ético usarla? ¿Podría reemplazar la creatividad docente? Con el tiempo entendí que, usada con criterio, la IA no sustituye la labor docente, sino que amplifica sus posibilidades y nos invita a repensar nuestra práctica.
Hoy la utilizo principalmente para conectar contenidos de distintas unidades temáticas en actividades integradoras, diseñar rúbricas personalizadas y precisas, generar ideas para proyectos que articulen los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y planear eficazmente mediante la revisión automática de coherencia y pertinencia. En conjunto, las herramientas de IA me han permitido optimizar el tiempo que antes dedicaba al diseño, organización y estructuración de las actividades, para centrar mayor atención y energía al acompañamiento, la retroalimentación oportuna y la evaluación auténtica del aprendizaje de mis alumnos.
Impacto de la IA en la docencia y en el aprendizaje estudiantil
Aunque implementar metodologías activas en el proceso de enseñanza-aprendizaje demanda un trabajo mucho más amplio que abarca desde la planeación hasta la evaluación, he comprobado que la incorporación de la inteligencia artificial ha optimizado de manera significativa mis tiempos de gestión y diseño docente. Desde que comencé a utilizarla, he reducido aproximadamente un 30 % del tiempo dedicado a tareas administrativas y de planificación, ya que la IA me apoya en la redacción de correos, generación de instrucciones detalladas por fases, diseño de rúbricas específicas para cada etapa del proyecto o de las actividades, e incluso para la elaboración de reseñas.
Implementar experiencias vivenciales en las asignaturas representa un trabajo docente mucho más complejo que el tradicional. Detrás de cada feria ambiental, debate o campaña de impacto social hay una gran logística: coordinación con distintas áreas, elaboración de oficios, planeaciones detalladas, cronogramas, requisición de materiales, permisos y comunicación constante con la comunidad escolar. A lo anterior se suma el diseño de instrucciones claras, rúbricas precisas, retroalimentación oportuna y una evaluación integral del proceso. Este nivel de exigencia puede resultar abrumador; sin embargo, también es lo que convierte cada experiencia en una verdadera oportunidad de aprendizaje y crecimiento tanto para los estudiantes como para nosotros como docentes.
En este contexto, la inteligencia artificial generativa se ha vuelto una aliada estratégica, ya que permite agilizar la parte operativa y administrativa, mejora la claridad de las instrucciones y asegura coherencia en la evaluación. Gracias a ello, puedo concentrarme en lo verdaderamente esencial: acompañar, escuchar y observar los procesos de mis alumnos con mayor presencia y propósito.
Los testimonios de mis estudiantes muestran con claridad el impacto que tienen estas experiencias en su formación. Algunos expresan que descubrieron que crecer no depende únicamente de hacer cosas, sino de detenerse a reflexionar y reconocer su transformación durante el camino vivido. Otros señalan que aprendieron a crear, proponer y transformar ideas en acciones reales con impacto en los demás, desarrollando confianza en sí mismos. Muchos reconocen que conectar lo que hacen con un propósito real les permitió desarrollar empatía y un sentido de responsabilidad hacia otras personas. Además, poder elegir sus roles y participar desde sus propios intereses y habilidades genera en ellos un mayor involucramiento y motivación por aprender, fortaleciendo una actitud de aprendizaje para toda la vida.
De acuerdo con la UNESCO (2023), la IA tiene el potencial de liberar tiempo del docente para enfocarse en tareas que requieren juicio pedagógico y acompañamiento humano. Lo vivido en mi práctica docente confirma esta idea. La IA me ha permitido dedicar mayor atención al seguimiento, la retroalimentación y la observación cercana de mis alumnos. Al final, el verdadero valor de la tecnología radica en generar más espacios para escuchar, guiar y fortalecer experiencias de aprendizaje innovadoras y con impacto real en mis estudiantes y en nuestra comunidad.
Reflexión
Por valiosa que sea la IA generativa jamás reemplazará el desarrollo de las competencias globales que surgen en experiencias auténticas de aprendizaje como la comunicación efectiva, el pensamiento crítico, la colaboración y la resolución de conflictos. Estas capacidades no solo preparan al alumnado para el mundo actual, sino que los impulsan a convertirse en ciudadanos globales comprometidos con una actitud de aprendizaje para toda la vida y el deseo legítimo de seguir transformando su entorno.
Al mirar hacia atrás, reconozco que cada transformación en mi práctica docente comenzó con miedo; por ejemplo, el temor a perder el control, a cambiar lo que parecía funcionar bien y a la incertidumbre de si mis alumnos realmente aprenderían. Lo sentí cuando dejé de dar clases teóricas para atreverme a guiarlos en experiencias reales; también durante la pandemia cuando tuvimos que reinventar nuestras formas de enseñar y acompañar a nuestros alumnos en medio de la distancia; y lo sentí de nuevo con la llegada de la inteligencia artificial. Sin embargo, como en cada etapa anterior, descubrí que el miedo es solo la antesala del aprendizaje.
Hoy sé que la IA utilizada como aliada no sustituye la docencia; más bien la impulsa. Me ayuda a planear con mayor claridad, diseñar instrumentos más precisos y fortalecer la reflexión sobre lo que enseño y cómo enseño. Pero, sobre todo, me recuerda que la tecnología solo cobra sentido cuando está al servicio del crecimiento humano.
El siguiente paso será incorporar herramientas de IA generativa que promuevan y enriquezcan la coevaluación y la reflexión metacognitiva, manteniendo siempre el equilibrio entre innovación y ética educativa. Porque el verdadero desafío no es aprender a usar la tecnología, sino a usarla con sentido, para seguir formando personas conscientes, críticas y empáticas.
Vivimos en un mundo que cambia más rápido de lo que podemos asimilar; no obstante, el compromiso docente permanece y nos exige seguir aprendiendo para enseñar mejor. No se trata de elegir entre la tecnología o el docente, sino de aprender a convivir con ambas inteligencias: la artificial y la humana.
A mis colegas les pregunto y me pregunto también a mí, ¿estamos listos para seguir aprendiendo, para adaptarnos una vez más y abrazar lo nuevo sin perder nuestra esencia? Yo sí. Y lo haré siempre con apertura, convicción y el firme propósito de seguir transformándome para que mis estudiantes también aprendan a hacerlo.
Acerca de la autora
Nonantzy López (nonantzylopez@gmail.com) es egresada de la Licenciatura en Comercio Internacional (1992) y de la Maestría en Administración (2008) por el Tecnológico de Monterrey. Actualmente es docente de nivel medio superior y coordinadora del Programa CAS del Bachillerato Internacional. Cuenta con 28 años de experiencia en innovación pedagógica, aprendizaje basado en metodologías activas y desarrollo de ciudadanía global. Fue reconocida por IBAMEX (Asociación Mexicana de Colegios IB) como Maestra Sobresaliente en el Programa del Diploma, distinción que refleja su compromiso con la excelencia educativa y la formación integral de sus estudiantes.
Referencias
Dewey, J. (1938). Experience and Education. Macmillan.
Holmes, W., Bialik, M., & Fadel, C. (2019). Artificial Intelligence in education: Promises and implications for teaching and learning. Center for Curriculum Redesign.
Microsoft Education Team. (2025, August 20). AI in Education Report: Insights to support teaching and learning. Microsoft Education Blog. https://www.microsoft.com/en-us/education/blog/2025/08/ai-in-education-report-insights-to-support-teaching-and-learning/
OECD (2018), The Future of Education and Skills: Education 2030. Position paper, http://www.oecd.org/education/2030/E2030%20Position%20Paper%20(05.04.2018).pdf
Organization for Economic Co-operation and Development (OECD). (2018). Global competence. https://www.oecd.org/en/topics/sub-issues/global-competence/pisa-2018-global-competence.html
UNESCO. (2023). La inteligencia artificial en la educación. https://www.unesco.org/es/digital-education/artificial-intelligence
Edición
Edición por Rubí Román (rubi.roman@tec.mx) – Editora de los artículos Edu bits y productora de los Webinars del Observatorio – «Aprendizajes que inspiran» – Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación del Tec de Monterrey.