Dos egresados universitarios comienzan su primer día de trabajo en una empresa. Ambos manejan herramientas digitales semejantes. Saben buscar información con rapidez, automatizar tareas, usar inteligencia artificial y entregar productos técnicamente adecuados para un entorno profesional. Durante la segunda semana de trabajo, surge un proyecto que involucra a varias personas; la información disponible es incompleta y las decisiones deben tomarse con cierta presión y celeridad.
El primer egresado abre un software, utiliza algunas plantillas, analiza los datos y genera resultados en poco tiempo. Sin embargo, cuando le preguntan por qué eligió ese camino y qué efectos podría tener para las personas implicadas, no logra explicar con certeza.
El segundo egresado reflexiona antes de actuar, conversa con las personas involucradas, comprende que los datos no provienen únicamente de un sistema de información sino también de las personas, analiza la información disponible en distintas fuentes, revisa alternativas tratando de entender las implicaciones de elegir uno u otro camino para los involucrados. Cuando finalmente explica su razonamiento y toma una decisión, lo hace sabiendo que esa elección tiene consecuencias y que deberá asumir su responsabilidad porque esa decisión impactará en la vida de otros.
Equilibrio entre desarrollo tecnológico y formación humana
El uso de herramientas digitales permite a los estudiantes avanzar con rapidez y acceder a grandes volúmenes de información de manera eficiente. Sin embargo, ¿qué tan adecuado es centrar la formación universitaria en el uso de tecnologías que cambian constantemente o quedan obsoletas en poco tiempo? Este cuestionamiento es cada vez más abordado en la literatura académica y remite a una necesidad más amplia de un equilibrio entre el desarrollo técnico y la formación humana.
Esta idea se debatió en foros altamente especializados como el International Conference on Advances in Artificial Intelligence and Machine Learning (AAIML 2026) en Tokio, Japón. La visión general del congreso no solo se enfocó en temas de desarrollo tecnológico, sino más bien, en cómo debemos orientar la reflexión hacia temas éticos, sociales y centrados en la persona. Podemos ver que comienza a consolidarse una preocupación compartida: la necesidad de que el avance tecnológico vaya acompañado de responsabilidad social y de formación humana.
Usar tecnología no es lo mismo que tener criterio profesional
Las y los estudiantes que hoy se encuentran cursando una carrera universitaria crecieron en décadas en las que la tecnología ya formaba parte de la vida cotidiana en la comunicación, el entretenimiento y el acceso a la información. Esto hace que se muevan con facilidad en entornos digitales, que aprendan a usar distintas plataformas y resuelvan tareas apoyándose en herramientas tecnológicas con relativa soltura. Sin embargo, esa cercanía con la tecnología no se acompaña automáticamente de un criterio necesario para utilizarla con responsabilidad dentro de contextos profesionales o para entender las implicaciones de las acciones que se realizan con su uso. En otras palabras, saber utilizar la tecnología no es lo mismo que saber decidir con ella.
Esta diferencia se hace visible cuando las personas se enfrentan a situaciones en las que la tecnología por sí sola no ofrece respuestas claras, como ocurre en los entornos complejos que constituyen la realidad profesional. Ante esto, los estudiantes comparten los desafíos que se describen a continuación, a los cuales es necesario prestar atención.
Situaciones en que la tecnología por sí sola no ofrece respuestas claras
- Cuando no sabemos si la información es confiable
La primera dificultad tiene que ver con la capacidad del estudiantado para evaluar la calidad del conocimiento que utilizan. Actualmente, las herramientas digitales pueden generar informes convincentes, visualizaciones complejas o textos bien estructurados en cuestión de segundos. Sin embargo, la apariencia de precisión no necesariamente significa que la información sea correcta o que pueda verificarse con facilidad.
En distintos contextos educativos, es cada vez más común encontrar trabajos académicos que, aunque están bien presentados desde el punto de vista técnico, incluyen citas de estudios que no existen, mezclan fuentes sin claridad sobre su origen o interpretan correlaciones estadísticas como si fueran relaciones causales. Cuando se pide revisar de dónde proviene la información o explicar cómo se obtuvo un determinado resultado, muchas veces el estudiante no consigue reconstruir con claridad el proceso que llevó a esas conclusiones.
Lo que esta situación pone en evidencia es que el problema no es solamente tecnológico, sino también la capacidad de cuestionar la evidencia disponible, verificar las fuentes y comprender los supuestos que existen detrás de los modelos o de los sistemas que generan la información (Oxford University Press, 2023).
- Cuando hay que explicar y sostener una decisión
Esta dificultad aparece cuando los resultados que producen las herramientas tecnológicas deben explicarse a otras personas.
En muchos entornos profesionales no basta con presentar un análisis correcto o mostrar que una herramienta funciona adecuadamente. Las decisiones que se toman a partir de esa información deben comunicarse, justificarse y, en algunos casos, defenderse frente a personas que no necesariamente comparten el mismo lenguaje técnico ni la misma forma de interpretar los datos.
Eso exige habilidades que van más allá del manejo de herramientas digitales. Supone ser capaz de explicar con claridad los criterios utilizados, mostrar qué alternativas se consideraron antes de tomar una decisión, reconocer los límites de la información disponible y hacerse responsable de las consecuencias de lo que se propone.
Cuando estas capacidades no se fortalecen durante la formación universitaria, es posible que los estudiantes logren producir resultados técnicamente correctos, pero enfrenten dificultades cuando se les pide explicar por qué eligieron una determinada solución y qué efectos podría tener en el contexto donde se aplica.
¿Los estudiantes son capaces de construir un hilo narrativo completo sobre su proceso de toma de decisiones a partir de un análisis realizado con herramientas digitales?
- Cuando una decisión tecnológica afecta a otras personas
Una tercera dificultad aparece cuando las decisiones apoyadas en tecnología se aplican en contextos reales sin considerar con suficiente cuidado sus consecuencias humanas.
Perder de vista que los datos provienen de personas y que las decisiones derivadas de ellos impactan igualmente a personas constituye un grave error que puede surgir cuando se desvincula la práctica profesional de su propósito fundamental. Desde el ámbito universitario, es indispensable recordar que se forman profesionistas orientados a atender problemáticas reales; por ello, su actuar debe situarse siempre en la comprensión de los entornos complejos en los que habrán de intervenir.
En este sentido, la formación no debería tener que ver solo con el desempeño técnico o en el uso eficiente de un sistema, sino con quién asume la responsabilidad por las decisiones que se toman a partir de él y con qué criterios se evalúan sus efectos sobre las personas.
De acuerdo con la UNESCO (2021), uno de los desafíos más importantes para la educación en inteligencia artificial consiste precisamente en formar profesionales capaces de analizar el impacto social de las tecnologías que utilizan o desarrollan y, sobre todo, responsabilizarse por las consecuencias de las decisiones que deriven de su uso.
La necesidad de formar en competencias humanas
En este escenario surge una pregunta que la universidad no puede evitar. Si muchas tareas técnicas pueden ser automatizadas o realizadas por sistemas digitales, pero con el riesgo de no dar los resultados formativos esperados, ¿qué tipo de capacidades deberían ocupar el centro de la formación profesional que permitan subsanar posibles usos sesgados o limitados de la tecnología?
Responder a esta pregunta implica reconocer que el valor de la educación superior no debería limitarse a enseñar el uso de herramientas tecnológicas. Su aporte principal consiste en formar profesionales capaces de comprender problemas complejos, dialogar con otras personas antes de tomar decisiones y actuar a partir de razones claras, considerando también las posibles consecuencias de aquello que deciden (UNESCO, 2023).
Es importante resaltar que más que competir con la tecnología, el desafío educativo consiste en formar profesionales capaces de orientar su uso con criterio, responsabilidad y sentido social. En este contexto, existen al menos cinco capacidades que resultan especialmente importantes y que han sido señaladas en distintos estudios sobre el impacto de la inteligencia artificial en la educación y en el desarrollo profesional (Holmes et al., 2019; Luckin et al., 2016).
- Juicio ético y responsabilidad social. En cualquier profesión, las decisiones técnicas tienen consecuencias para las personas y las comunidades. Por ello, el reto educativo no es solo enseñar a resolver problemas, sino también ayudar a reconocer dilemas, evaluar alternativas y asumir responsabilidad por las decisiones tomadas.
- Comprender problemas complejos. Muchos de los desafíos contemporáneos, desde el cambio climático hasta la transformación digital, no pueden entenderse desde una sola disciplina ni resolverse con respuestas simples. Formar esta mirada implica ayudar al estudiantado a reconocer interdependencias, anticipar efectos indirectos y comprender que las soluciones técnicas también tienen implicaciones sociales y culturales.
- Creatividad cuando existen límites reales. Las herramientas de inteligencia artificial pueden generar múltiples ideas en pocos segundos, pero la creatividad profesional implica algo más exigente. Supone evaluar la viabilidad de las propuestas, adaptarlas a contextos concretos y desarrollar soluciones dentro de límites reales de tiempo, recursos y normativas.
- Colaboración y comunicación profesional. Los proyectos contemporáneos rara vez se desarrollan de forma individual. Requieren equipos con perfiles distintos, capaces de dialogar, traducir lenguajes técnicos y construir acuerdos entre perspectivas diferentes.
- Capacidad para aprender de manera continua. En un entorno donde el conocimiento cambia con rapidez, una de las habilidades más valiosas no es memorizar información, sino revisar lo que se sabe, reconocer lo que falta por aprender y ajustar estrategias cuando las condiciones cambian (UNESCO, 2023).
Estas capacidades no sustituyen la formación técnica. Por el contrario, la complementan y le dan dirección, ya que la tecnología puede ampliar lo que una persona es capaz de hacer, pero es el criterio profesional el que determina cómo, cuándo y para qué utilizarla.
Aprendizaje basado en problemas reales
¿Cómo se pueden desarrollar las capacidades mencionadas anteriormente dentro de la experiencia universitaria cotidiana? En distintos cursos y proyectos formativos hemos explorado una estrategia pedagógica que busca integrar el aprendizaje técnico con la reflexión ética y social a través de retos auténticos.
Un reto auténtico es una experiencia de aprendizaje basada en problemas reales, con actores reales y con restricciones que obligan a los estudiantes a tomar decisiones justificadas. A diferencia de las tareas simuladas, que suelen resolverse dentro del aula, este tipo de experiencias coloca al estudiantado frente a situaciones en las que el conocimiento técnico debe aplicarse considerando su impacto en contextos sociales concretos.
Una de las iniciativas en las que se ha aplicado este enfoque es la metodología SEL4C (Social Entrepreneurship Learning for Complexity), desarrollada en el Tecnológico de Monterrey. El propósito de esta iniciativa es promover el desarrollo del pensamiento complejo y competencias de emprendimiento social a través de experiencias educativas que conectan la formación académica con desafíos reales del entorno.
En estas experiencias, los estudiantes comienzan identificando una problemática concreta en su comunidad o en el contexto en el que viven. A partir de ahí realizan investigación de campo, conversan con personas involucradas en la situación y analizan información que les permita comprender con mayor profundidad el problema que desean abordar. Con ese diagnóstico elaboran distintas alternativas de solución, procurando evaluar no solo su viabilidad técnica, sino también sus posibles efectos sociales y éticos.
Durante este proceso, la tecnología también cumple un papel de apoyo dentro del aprendizaje. En la fase inicial, por ejemplo, los equipos pueden utilizar herramientas de mapeo colaborativo como Miro para organizar visualmente la información, identificar actores involucrados y representar relaciones entre distintos elementos del problema. Más adelante, en la etapa de validación, con herramientas de inteligencia artificial pueden contrastar propuestas, simular la mirada de un experto externo o poner a prueba la solidez de una argumentación. En estos casos, la tecnología no sustituye el análisis humano, sino que ayuda a ampliar la reflexión y a fortalecer la justificación de las decisiones tomadas.
De esta manera, el centro del aprendizaje no está únicamente en usar tecnología, sino en la capacidad de argumentar las decisiones que se toman a lo largo del proyecto. Por ello, los equipos deben explicar qué alternativas consideraron, qué criterios utilizaron para evaluarlas y por qué decidieron avanzar con una propuesta y no con otra, aunque a veces la más racional no es la elegida.
Posteriormente, desarrollan prototipos y los presentan a personas que forman parte del contexto donde surgió el problema, lo que permite contrastar las ideas iniciales con la realidad y ajustar las soluciones a partir de la retroalimentación recibida.
Uno de los aprendizajes que con mayor frecuencia aparecen en este tipo de proyectos es que la tecnología, por sí sola, no resuelve los problemas complejos. Las herramientas digitales facilitan el análisis de información y sirven de apoyo en la generación de distintas alternativas, pero es el criterio humano el que permite interpretar los resultados, considerar sus implicaciones y tomar decisiones responsables que surgen de las personas para las personas.
En ese sentido, los retos auténticos funcionan como un espacio pedagógico donde el uso de la tecnología se combina con el desarrollo de juicio profesional, comprensión de problemas complejos y responsabilidad social, permitiendo que la formación universitaria se acerque un poco más a las condiciones reales en las que los futuros profesionales deberán tomar decisiones más allá de las herramientas digitales que sepan usar.
Reflexión
Integrar enfoques humanistas en la educación universitaria no significa abandonar la formación técnica ni restarle importancia. Significa, más bien, orientarla hacia su propósito original: resolver problemas reales para mejorar la vida de las personas.
Cuando la universidad logra que sus estudiantes aprendan a hacer las cosas y comprendan por qué las hacen y a quién pueden afectar sus decisiones, entonces la educación cumple una de sus funciones más importantes, que es formar profesionales capaces de actuar con sentido humano en contextos cada vez más complejos.
Para lograr este propósito, no se requieren grandes reformas estructurales o la creación de nuevos planes de estudio. La adopción de una formación basada en retos reales puede integrarse poco a poco, con cambios pequeños en la práctica docente.
Un primer paso puede ser plantear algunas actividades académicas como retos vinculados a problemas reales y con actores del entorno social o profesional. Cuando el aprendizaje se conecta con situaciones que existen fuera del aula, el estudiantado comienza a comprender que las decisiones técnicas no ocurren en abstracto, sino que tienen consecuencias concretas para otras personas.
Otro cambio posible tiene que ver con la forma en que se evalúa el aprendizaje. En lugar de concentrarse únicamente en el resultado final de una tarea o proyecto, resulta útil prestar atención al proceso mediante el cual se toman las decisiones. Pedir a los estudiantes que expliquen los criterios que utilizaron, que describan las alternativas que consideraron o que reflexionen sobre lo que aprendieron durante el proceso permite hacer visible el desarrollo del pensamiento crítico y del criterio profesional.
También resulta valioso promover espacios de diálogo entre distintas disciplinas, donde las perspectivas técnicas y las miradas humanistas puedan encontrarse para analizar problemas complejos desde diferentes ángulos. Cuando estas conversaciones se incorporan a la experiencia educativa, los estudiantes comienzan a reconocer que los desafíos contemporáneos rara vez pueden comprenderse desde un único campo del conocimiento.
En el fondo, el desafío educativo actual no consiste en elegir entre tecnología o humanidad, sino en aprender a integrarlas de manera consciente y responsable en los procesos de formación. Solo así podremos preparar nuevas generaciones capaces de utilizar la tecnología con criterio crítico y sentido humano para contribuir a la construcción de sociedades más justas y sostenibles.
Acerca del autor
El Dr. José Carlos Vázquez Parra (jcvazquezp@tec.mx), es Doctor en Estudios Humanísticos y Doctorando en Psicología. Actualmente, es docente de la Escuela de Humanidades y Educación en el Tecnológico de Monterrey, Campus Guadalajara. Ha participado en múltiples congresos y coloquios, así como también ha sido invitado a brindar conferencias y talleres en varias universidades nacionales e internacionales de Europa, Asía y América Latina. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores de México Nivel 2.
Referencias
Holmes, W., Bialik, M., & Fadel, C. (2019). Artificial intelligence in education: Promises and implications for teaching and learning. Center for Curriculum Redesign.
Luckin, R., Holmes, W., Griffiths, M., & Forcier, L. B. (2016). Intelligence Unleashed: An argument for AI in education. Pearson Education.
Oxford University Press. (2023, October 18). AI in education: Where we are and what happens next. https://corp.oup.com/feature/ai-in-education-where-we-are-and-what-happens-next/
UNESCO. (2021). AI and education: Guidance for policy-makers. UNESCO Publishing.
https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000376709
UNESCO. (2023). Guidance for generative AI in education and research. UNESCO Publishing.
https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000386693
Edición
Edición por Rubí Román (rubi.roman@tec.mx) – Editora de los artículos Edu bits y productora de los Webinars del Observatorio – «Aprendizajes que inspiran» – Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación del Tec de Monterrey.