Desde hace algunos años han cobrado importancia las bosque escuelas, zonas al aire libre donde prospera la interacción con la naturaleza y florecen enriquecedoras experiencias educativas.
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Estamos acostumbrados a concebir la educación en aulas, en espacios confinados por muros donde en ocasiones sólo una pequeña ventana conecta a los estudiantes con el mundo real. En este modelo de escuela se intenta innovar con tecnología para educar a distancia y se implementan nuevas estrategias instruccionales para transmitir mejor el contenido educativo. En ambos casos los alumnos tienen poca actividad física y se imponen rutinas que motivan poco a la experimentación. Desde hace algunos años han cobrado importancia las bosque escuelas en ciudades europeas, lecciones que se imparten en zonas al aire libre donde prospera la interacción con la naturaleza y se gestan enriquecedoras experiencias educativas.
Las llamadas Forest Schools (término traducido al español como bosque escuelas o simplemente escuelas en el bosque) son programas educativos que se suman a las actividades normales en el aula y se llevan a cabo en ambientes naturales. De acuerdo al Outdoor & Woodland Learning de Escocia, una bosque escuela es un programa de largo plazo que se lleva a cabo una vez a la semana, en el cual los niños son apoyados en su aprendizaje en un ambiente al aire libre rodeado de naturaleza.
Los profesores de las escuelas en el bosque utilizan estrategias de aprendizaje y enseñanza con el objetivo de desarrollar confianza, capacidad de resiliencia emocional, independencia, habilidades de lenguaje y comunicación, además de aumentar los niveles de actividad física y bienestar mental.
Según un estudio de la Comisión Forestal británica, llevado a cabo durante ocho meses junto a líderes de bosque escuelas, profesores, padres y alumnos, este tipo de escuelas mejoran significativamente la experiencia educativa:
- Los estudiantes generan más confianza en sí mismos; se expresan física y verbalmente con mayor libertad que en espacios cerrados.
- Aumentan sus habilidades sociales y de cooperación.
- Desarrollan lenguaje más sofisticado gracias a su experiencia sensorial.
- Evidencian mayor motivación y concentración mientras juegan y aprenden.
- Mejoran sus habilidades motrices.
- Aprenden a respetar el medio ambiente mientras conocen la flora y la fauna.
- Los profesores adquieren una nueva perspectiva de sus alumnos en ambientes distintos a los salones de clase.
- Los alumnos se acostumbran a interactuar en ambientes naturales.
Este tipo de iniciativas de educación al aire libre podría ser adoptada en escuelas latinoamericanas para enriquecer la enseñanza y reducir la obesidad infantil. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el 7.4% de menores de cinco años padecen obesidad en Sudamérica, 6% en Centroamérica y 6.9% en el Caribe.
Ante el inminente impacto de la automatización y las recientes transformaciones tecnológicas, vale la pena desarrollar habilidades que serán clave en el futuro, resguardar la naturaleza y explorar los alcances y beneficios que pueden brindar espacios educativos al aire libre.