La industria científica y la fuga de cerebros en México

Fuga de cerebros

Tenemos la oferta educativa para formar científicos pero, ¿qué hay de la estructura para aprovechar sus habilidades?

Foto: Bigstock

En México hay talento de sobra, diversos programas educativos de nivel básico, medio y medio superior han cultivado adeptos a la ciencia con gran ingenio.

Cristóbal García desarrolló un acelerador de partículas, Olga Medrano ganó la olimpiada europea femenil de matemáticas, Yair Piña es el investigador más joven de la NASA, todos ellos menores de 20 años al momento de sus respectivos logros.

El problema no es la falta de jóvenes capaces, es la ausencia de un mecanismo que los retenga y de campo libre para el ejercicio de sus habilidades, esta carencia le cuesta muy caro al país. ¿Cuánto dinero produce al año Silicon Valley? El 21 por ciento de su capital humano está compuesto por mexicanos.

Tan solo Apple, una de las empresas más fuertes de la región californiana con alto índice de migración mexicana, produce 140 mil dólares por minuto. ¿Cómo entender la raíz del problema para comenzar a generar soluciones? El inicio de esta concientización comienza con una investigación a fondo.

La fuga de cerebros es un tema ampliamente discutido pero hay pocos trabajos de análisis profundo que ofrezcan un panorama. Un equipo de especialistas de la Unidad Académica en Estudios del Desarrollo de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), decidió profundizar en el tema utilizando investigación documental y reuniones de grupos focales con científicos mexicanos que laboran en Estados Unidos y Europa.

El estudio titulado “Transformar a México con Innovación”, descubrió que 1.2 millones de mexicanos altamente calificados o con formación de posgrado se han marchado del país entre 1990 y 2015.

La migración del talento mexicano deriva de una compleja problemática de naturaleza estructural del país y su lento proceso de integración económica con nuestro vecino del norte, sostiene el estudio.

Raúl Delgado Wise, coordinador general de la investigación y director de Estudios del Desarrollo de la UAZ, explica más a fondo en qué consiste este desequilibrio en el ejercicio de la ciencia de México y Estados Unidos. Se trata más que nada de actualización de esquemas de trabajo y de economía.

Silicon Valley es mucho más que un conjunto de corporaciones tecnológicas, ahí las startups son clave, además hay un conjunto de universidades de primer nivel que trabajan en coordinación con centros de investigación

Delgado argumenta que en ese complejo ecosistema se congregan gigantes económicos americanos, como la industria militar, la NASA, numerosos despachos de reclutadores y bufetes de abogados, además de especialistas en protección de propiedad intelectual y patentes. Esta sinergia vuelve a Estados Unidos una tierra fértil para las startups de tecnología.

Mientras tanto, México aún se adhiere a conceptos anacrónicos como la triple hélice, sistema que no es amigable con los esquemas de innovación actuales. Las circunstancias ponen en evidencia que el problema de la fuga de cerebros va mucho más fondo que solo la falta de recursos, aunque un esfuerzo económico por impulsar la investigación y las ciencias puede ayudar, no es suficiente para resolver esta crisis.

En los términos de la inyección directa de apoyo, la situación tampoco se nota favorable para el desarrollo de las ciencias. La inversión se incrementó en un 40% en los primeros tres años del sexenio pasado, pero se estancó en 2016 y para el cierre del 2017 sufrió un significativo recorte.

El gobierno mexicano en teoría debió gastar 0.89% del PIB en apoyo a la investigación y la formación científica, sin embargo, la cifra solo ascendió 0.54% Podemos decir que no hay fondos, que el presupuesto es poco, o que la corrupción asestó un duro golpe al desarrollo científico del país, pero esto sería simplificar la situación.

La realidad es que no es sustentable que únicamente el gobierno tenga la carga económica de mantener, incentivar y ofrecer oportunidades a los profesionales de la ciencia, es necesaria una intención conjunta que conecte universidades, empresas y gobierno para crear un mercado laboral orientado al avance tecnológico y científico, de otra forma, cualquier presupuesto invertido tendrá el mismo efecto que monedas arrojadas a una fuente.

La fuga de cerebros no es cuestión de presupuesto, es de estructura. Una estructura que no nos permite conservar lo mejor de nuestro capital humano.