“La rebelión del 10”

Un profesor español ha sido imputado con cinco cargos considerados graves. ¿La razón? Poner 10 a todos sus alumnos.

“La rebelión del 10”
Una lectura de 4 minutos

Desde hace tiempo que quería escribir sobre Yván Pozuelo Andrés. Conocí su historia hace unos meses gracias a un artículo publicado en El Diario de la Educación en el que el periodista Pablo Gutiérrez de Álamo narra cómo un profesor de francés enfrenta desde febrero de 2020 un proceso sancionador abierto por la Consejería de Educación del Principado de Asturias (España) que le imputa cinco cargos considerados graves. ¿La razón? Poner dieces a todos sus alumnos.

Todo empezó en 2019 cuando Yván Pozuelo Andrés, profesor de francés del IES Universidad Laboral de Gijón, publicó un libro titulado ¿Negreros o docentes? La rebelión del 10 (Sapere Aude, 2019). Tras la publicación de su libro, Pozuelo concedió una entrevista al periódico El Comercio en la que cuenta qué lo llevó a escribirlo y sus reflexiones sobre un tema peliagudo: la evaluación. “Pensaba que era profesor para dar clase y me di cuenta de que lo que estaba haciendo era seleccionando a gente”, comentó el profesor en la entrevista. Fue por eso por lo que decidió abandonar su “rol de justiciero” y calificar con un 10 a todos sus alumnos, cosa que, hasta febrero de 2020, llevaba haciendo desde hace más de 14 años sin que ningún colega, alumna, familiar o directivo se quejara.

Si llevaba más de 14 años trabajando por proyectos y otorgando la máxima nota «a todos los que se lo trabajan», ¿por qué lo sancionan hasta ahora? ¿qué pasó? Pues que algunas personas que leyeron la entrevista se ofendieron con las declaraciones del profesor, “saltaron las chispas”, dice Pablo Gutiérrez. Pero estas quejas no se quedaron en una sección de comentarios o en un claustro, según el grupo De Aula a Aula, que ha abierto una petición en change.org para parar el proceso contra Yván, una “persona con alta responsabilidad” dentro de la Consejería de Educación del Principado de Asturias, que leyó dicha entrevista, ordenó tramitar de oficio un expediente a Yván Pozuelo por las opiniones que aparecían en ella. Fue así como inició el proceso inquisitivo y de hostigamiento en contra de Yván.

Pasaron varios meses desde que me enteré de esta historia y el comentario que quería escribir al respecto se quedó en el tintero. No fue sino hasta esta semana que, gracias a un artículo de la periodista Marta Aguirregomezcorta, me reencontré con Yván y su “rebelión del 10”. Aguirregomezcorta retoma esta historia ya que, a más de veintiún meses de que inició este proceso sancionador y tras una larga y escrupulosa investigación (se dice que el expediente tiene 1.500 páginas), este mes la Consejería le ha sancionado finalmente con ocho meses de suspensión de empleo y sueldo. Aunque Pozuelo ha recurrido la sanción y continúa trabajando, ésta todavía se puede hacer efectiva en los próximos días.

Una pensaría que una noticia como ésta estaría en todos los medios de comunicación, en la prensa, en la televisión, sin embargo, me sorprende la escasa cantidad de publicaciones que se han hecho al respecto. Sí, las hay, por supuesto, de no ser por esas publicaciones mencionadas arriba no estaría escribiendo estas líneas, sin embargo, la cobertura de esta noticia ha sido francamente insuficiente. El lanzamiento de un nuevo videojuego tiene más cobertura en los medios que una noticia como esta. Y esto se los puedo asegurar pues, por mi trabajo, monitoreo más de 600 fuentes especializadas en educación semanalmente.

Me llama la atención que algunos de los pocos medios que han cubierto esta noticia mencionan de entrada las “credenciales” del profesor (estudió en la Universidad Sorbona de París, es doctor en Historia) como si esto de alguna manera justificara sus acciones. ¿Sería diferente si Pozuelo no tuviera un doctorado o si no hubiera estudiado en una universidad de prestigio? Esta mención premeditada de sus “méritos”, ¿no va en contra totalmente de la lucha que ha emprendido el profesor y por la cual se le ha sancionado?

¿Y cuál es su lucha? No se trata de poner dieces a todos porque sí, lo que Yván propone a la comunidad docente es darse cuenta de que vivimos en un “mundo atosigado por el frenesí evaluador” que genera no solo angustia y estrés en el alumnado, sino que también fomenta una cultura de la individualidad, competitividad y selectividad. Todas las personas que hemos sido alguna vez estudiantes hemos vivido esa angustia, esa competitividad entre compañeras, la terrible comparación y envidias que puede generar y sus consecuentes traumas.

Escribiendo estas líneas me acordé de cuando yo era estudiante. En la escuela yo fui una “alumna destacada”, una nerd o “empollona”, como dicen aquí en España. Pero recuerdo perfectamente esa competitividad e individualidad que se respiraba en las aulas. Yo fui de esas alumnas que hacían todo lo posible para que mis compañeros no se copiaran, ¿y para qué? ¿qué gané con eso? No me siento nada orgullosa de mi comportamiento, por el contrario, pero así era la cultura escolar en la que crecí y así sigue siendo. Nada ha cambiado.

¿Qué ganamos con este “frenesí evaluador”? Sobre esto reflexiona también una estudiante en TikTok, en un video donde argumenta las razones por las que las escuelas deberían permitir que los estudiantes tomen los exámenes en grupo y no de manera individual. Los exámenes, dice la alumna, “castigan a las personas por no ser perfectas” y cuando fallas en un examen la culpa recae totalmente en el individuo. “Y le enseñamos esto a los niños”.

“¿Por qué estamos todavía haciendo exámenes?” se pregunta esta estudiante. La escuela es traumatizante, dice @k_law_creates. Y es precisamente por esto que el profesor Yván Pozuelo Andrés anima a la comunidad docente a emprender una “rebelión contra el 10” para crear, en su lugar, un ambiente de confianza en el aula, no de opresión basada en la “amenaza de las notas”. Pozuelo aboga por crear un ambiente de aprendizaje donde se valore el progreso más que el esfuerzo: “si un alumno progresa, se merece la máxima nota”.

La lucha de Yván Pozuelo continúa, pero no está solo. Son cada vez más los docentes, colegas, estudiantes y personas en general que se unen a la campaña “Yo también soy de 10”, en defensa de Yván y de una educación inclusiva. ¿Y tú, también eres de 10?

Hasta la próxima semana.

Karina Fuerte
Editora en jefe, Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación

Este artículo del Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación puede ser compartido bajo los términos de la licencia CC BY-NC-SA 4.0