Aprender a ser humano

boot_water_refugee_.jpg

Expertos en Inteligencia Artificial destacan la importancia de fortalecer iniciativas en esta rama de las ciencias computacionales con un enfoque que ubique al ser humano en el centro del desarrollo y evolución de esta tendencia.

Foto: Phxere

En esta segunda década del Siglo XXI nos enfrentamos a los desafíos que potencialmente conlleva el desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA) y la automatización, entre ellos realizar actividades que son repetitivas dejando sin empleo a las personas que actualmente realizan ese tipo de trabajos en diferentes sectores productivos (Lee y Li, Wired 2018). Líderes expertos en IA destacan la importancia de fortalecer iniciativas en esta rama de las ciencias computacionales con un enfoque que ubique al ser humano en el centro del desarrollo y evolución de esta tendencia. Para ello, proponen que es importante hacer énfasis en obtener una participación amplia y diversa de personas que puedan influir en el desarrollo de IA y su impacto en el mundo.

La diversidad en este sentido engloba desde expertos en la parte tecnológica de IA hasta aquellos que formulan políticas en el mundo, así como también la integración de las mujeres y a las minorías subrepresentadas ya que es importante para la innovación y la creatividad en cualquier ámbito. Incorporar el valor que proporciona la diversidad genera un entorno de justicia, una visión crítica y una “brújula moral” para el futuro de la inteligencia artificial (Lee y Li, Wired 2018). El inversionista en tecnología de Silicon Valley, Scott Hartley, que ha trabajado para empresas como Google y Facebook, comenta que es imprescindible el aporte de las humanidades para que las tecnologías cumplan con su propósito de mejorar la vida (Paniagua, 2018).

Debemos evitar que la tecnología y la lógica de la producción y consumo enajenante gobiernen sobre el pensamiento crítico y la sensibilidad del otro como humano

De acuerdo con Harari (2018) aunque los sistemas computacionales y los procesos inteligentes nos han ayudado a comprender el comportamiento humano y mapear nuestras actividades, estos sistemas aún son incapaces de entender la complejidad de la vida del ser humano. Por otra parte, se ha agudizado la crisis del calentamiento global, la contaminación de los océanos y el auge de las ideologías extremistas. Estos problemas reclaman un nivel de cooperación que va más allá de las fronteras nacionales y un sujeto que afirme su humanidad. Ya no es un interés meramente local como lo fue años atrás, donde los Estados del mundo se preocupaban por el desarrollo de sus regiones. Hoy se exige que nos visualicemos como parte de una comunidad global en la que cualquier acción que realizamos nos afecta a todos. Los linderos en los que las fronteras delimitaban los intereses particulares se han diluido y conforme avanza el tiempo, resolver problemas propios del planeta y la vida humana, nos debe preocupar y ocupar a todos. Hoy en día aprender a ser humano no es solo pensar en uno mismo, sino también en el otro, integrando la lógica del bien común con el trabajo conjunto, dejando de lado las visiones reduccionistas, particulares y egocéntricas.

A lo largo de los años la filosofía y las distintas disciplinas se han preguntado una cuestión fundamental: ¿qué es ser humano? Es decir, ¿qué nos hace distintos a otros entes de la realidad que nos ocupa? ¿Es lo humano un problema meramente físico, social o simplemente filosófico? Son interrogantes que parecen pertinentes replantear hoy en día en distintos foros pues exige reconocer su importancia y complejidad en el mundo contemporáneo. Ya sea desde los avances científicos y tecnológicos como son la inteligencia artificial y la automatización, los fenómenos socioculturales como las problemáticas del género atendidas por pensadores como Judith Butler; o desde el ámbito de la estética contemporánea y la problemática de lo impermanente, temporal o universal; o inclusive desde la relación con los otros seres vivos como el maltrato deshumanizado y objetivado que hacemos de los animales planteado por George Steiner.

Aprender a ser humano no es solo pensar en uno mismo, sino también en el otro, integrando la lógica del bien común con el trabajo conjunto, dejando de lado las visiones reduccionistas, particulares y egocéntricas

En este contexto, el papel de las universidades en la formación de profesionales humanistas es vital, pues son las ideas, y por lo tanto, la concepción que se construye del mundo, lo que nos permite visualizar el universo desde una perspectiva humana y no solamente mecanicista o instrumental. Por lo tanto, vale la pena reflexionar sobre lo que significa aprender a ser humano.

  • Ser parte de una comunidad. Tenemos el deber moral de contribuir a la sociedad en la que vivimos y trabajar por hacer realidad el mundo que deseamos (Onfray, 2006). Las acciones que realizamos nos acercan o nos alejan de los demás.

  • Educar los sentimientos. Aprender a ser compasivos y solidarios. La base de la ética es la capacidad de poder sentir con otro ser humano. Reconocer que somos parte de una sociedad y que nuestras acciones trascienden. Una acción justa contribuye a un mundo con paz. Por el contrario, los actos de corrupción y deshonestidad nos afectan a todos.

  • Poner a la persona como prioridad en la toma de decisiones. Evitar que la tecnología y la lógica de la producción y consumo enajenante gobiernen sobre el pensamiento crítico y la sensibilidad del otro como humano. Afirmar el valor infinito de cada ser humano.

  • Aprender a escuchar y a resolver por medio del diálogo las diferencias de opinión. Aceptar que el conflicto es parte de la vida humana y que nos puede proporcionar un mejor conocimiento de la perspectiva de la otra persona. El conflicto abre la puerta del cambio.

  • Valorar la diversidad del género humano. La diferencia de opiniones, religiones, apariencia, etcétera, son parte de la condición humana. No existe un ser humano estándar. Las diferencias nos enriquecen y nos ofrecen caminos para resolver los problemas cotidianos.

  • Saber estar en una relación. Reconocer que la base de una relación es el respeto mutuo, cultivar la confianza, afirmar la mutua dependencia y la necesidad de atender las necesidades del otro. Nadie se sostiene de pie por si solo, necesitamos del amor y la compañía de los demás. Es cuidar y acompañar al vecino, al amigo, al hermano. Dejar de lado la lógica de la acumulación y centrarnos en construir una relación (Esquirol, 2015).

  • Trabajar por un mundo más incluyente. Reconocer que existe una diversidad funcional, por lo que se debe trabajar por la igualdad. No ver a las personas discapacitadas como ellos, separados de uno, sino reconocerlas como parte de un “nosotros”.

  • Reconocer a los animales como seres sintientes a los que debemos proteger del sufrimiento. En el siglo XXI surgen con fuerza los derechos de los animales, como una parte del otro. Afirmamos nuestra humanidad cuando defendemos a los más débiles y a quienes no tienen voz.

  • Sumar al caleidoscopio del mundo actual las culturas remotas que durante mucho tiempo estuvieron ocultas. Con los adelantos tecnológicos el mundo se ha hecho más pequeño, favoreciendo el intercambio de las diferentes cosmovisiones de los pueblos.

  • Ser cada día una mejor persona, alcanzando nuestra excelencia personal. Partir del conocimiento de los propios talentos para desarrollarlos y ser nuestra mejor versión. Desarrollar las cualidades que admiramos. Las acciones que realizamos cada día forman nuestros hábitos y estos nuestro carácter.


Debemos aprender a ser humanos desde lo universal, pero también desde el respeto a las particularidades y necesidades de cada persona. Es nuestro deber moral ayudar a construir el mundo en el que queremos vivir. Los problemas globales necesitan respuestas locales.

No está demás revisar en la tarea que realizamos todos los días, si estas ideas que ya hemos mencionado previamente, se integran en nuestras vidas de manera consciente y nos permiten aprender a ser cada día más humanos. Prioricemos en nuestra relación con los otros, su bienestar, calidad de vida y el desarrollo de cada persona y reduzcamos la importancia que han tomado los recursos tecnológicos e instrumentales como fines en sí mismos y no como medios para una buena vida.

Acerca del autor

Manuel de Jesús Gómez Candiani (mgomez@itesm.mx) es director de Tecnología, Arte y Diseño  en la Prepa Tec Cumbres.

Referencias

Esquirol J. (2015). La resistencia íntima: ensayo de una filosofía de la proximidad. Acantilado: Barcelona.

Harari, Y. (2018). 21 lecciones para el siglo XXI. Debate: México.

Onfray, M. (2006). La fuerza de existir. Anagrama: Barcelona.

Paniagua, E. (2018). “Robotización: “Las humanidades nos salvarán de perder el empleo”, dice este experto”. El País, 22 de septiembre.