Al frente del aula, un tipo con cara de inteligente, lentes gruesos y gesto amargado, recita frases de un autor cuyo nombre es casi impronunciable, es la clase de Metodología de la investigación. Una clase para dormir, salir de pinta a comer, divagar o hacer la tarea de la siguiente materia. ¿Y eso para qué sirve? Preguntan los estudiantes, ¡pues para pasar de grado, por supuesto! Es una escena típica que se vive en secundaria y se repite en preparatoria, en licenciatura y, sí, también en posgrado. El reto es claro: ¿cómo convencer a estos seres de que la materia más aburrida del mundo puede transformar las acciones de su vida y de su trabajo cotidiano en un análisis científico de la realidad? A través de las siguientes líneas, compartiré los desafíos de abrir mentes en el intrincado mundo de la investigación a nivel posgrado, así como también, lo que significa una tutoría personalizada que busca revolucionar el proceso en miras a la titulación.
En los últimos tres años, he asesorado a maestrantes y doctorandos de distintas edades y niveles socioeconómicos, la realidad es que no encuentro una diferencia significativa entre darles clases a ellos y a estudiantes de secundaria: las carencias son las mismas. En este sentido, tampoco sería ecuánime juzgar a los docentes que nos precedieron. El maestro o maestra de educación básica, media o superior, probablemente tampoco sabía bien de qué se trataba esto de la metodología de investigación, es más, en el mejor de los casos, ese docente hizo una tesis para titularse hace mil años, pero no se dedicó a la investigación, sino a impartir clase. Recuerde que, para el sistema educativo mexicano, la clase de metodología es un requisito incómodo para graduarse. Dicho esto, querido colega, sus estudiantes de posgrado no saben investigar, no están preparados para hacerlo. Y sí, les tendrá que enseñar todo de nuevo, convertirse en un tutor-facilitador con el objetivo de despertar en ese ser amorfo, insulso e ignorante el pensamiento crítico, el espíritu investigativo y el poder de su propia voluntad, con infinita paciencia.
Carencias investigativas comunes entre los estudiantes
Adentrarse en el mundo de la metodología de la investigación implica una serie de habilidades que, suponemos, nuestros estudiantes de posgrado ya tienen desarrolladas, pero no es así. Estas son algunas carencias académicas comunes que he identificado entre mis estudiantes de nivel secundaria, prepa, licenciatura y posgrado.
- Búsqueda de información: es común encontrar blogs, notas, presentaciones y sitios de internet de dudosa procedencia dentro de las fuentes mal referenciadas en las actividades de los estudiantes, incluso en las tesis.
- Involución del copy-paste: es lo mismo, pero más refinado. Los estudiantes no saben cómo utilizar la IA como una herramienta académica, sino como una suerte de muleta para no pensar. Igual que con el copy-paste pero más moderno. Hemos pasado de encontrar el plagio directo al plagio con IA, y al tema de ¿y esto cómo lo referencio?
- Lectura de comprensión: sabemos que el estudiantado de nivel secundaria tiene un bajo nivel de análisis, pero encontrar similitud con el que tiene un doctorando es alarmante y tristemente se hace cada vez más cotidiano. El informe PISA 2022 publicado por la OCDE revela que, en México, 47 % de los estudiantes de 15 años no alcanzan el nivel mínimo de competencia lectora, es decir, no pueden identificar la idea principal en un texto de extensión moderada ni reflexionar sobre su propósito cuando se les indica explícitamente. Estas carencias no desaparecen con la edad ni con los títulos. «Profe, no entendí nada del texto que nos dejó». Es una frase típica de estudiantes de 12 años que también escucho en profesionistas con licenciatura que cursan una maestría.
- Seguimiento de instrucciones: no importa si son escritas, en video o en audio, el estudiante buscará que el docente le explique de manera detallada lo que debe hacer al menos dos veces. No se sorprenda cuando le externe que nunca leyó, vio o escuchó las instrucciones, o que solicite orientación poco antes de que concluya el tiempo límite de entrega.
- Entrega de actividades: alegarán trabajo, cansancio, tareas extra, carga académica, compromisos familiares, etc., al momento de intentar “negociar” la posibilidad de una entrega tardía. También, recibirá reproches“por usted estoy a un paso de darme de baja del curso”. Lágrimas de cocodrilo.
- La máxima calificación: puede ser que reciba una llamada de su coordinador cuando el estudiante que no cumplió al 100 % con sus actividades, lo acuse de calificar de forma subjetiva su desempeño, incluso si usted fue claro en el manejo de la rúbrica. El berrinche evolucionó: ahora involucran a “papá coordinador” en lugar de a papá o a mamá directamente.
Reconocer estas carencias es el primer paso para entender que las habilidades académicas no llegan con la edad, los títulos o la experiencia laboral; desarrollar competencias, esforzarse y alcanzar objetivos depende de cada persona. Nuestros estudiantes no están comprando un título como si fuera una especie de transacción. Ellos y ellas decidieron ser estudiantes, por lo cual deben asumir su rol y el compromiso que conlleva. Esta realidad exige disposición de ambas partes: el estudiante que asume su responsabilidad y el docente que brinda acompañamiento puntual y personalizado.
De la supervivencia académica al despertar investigativo
A continuación, les comparto algunas estrategias que me han funcionado para convertir el suplicio de impartir la clase de metodología de la investigación en descubrimiento, porque, como bien sabemos, querido colega, ahí están nuestros estudiantes y deben titularse. Son cuatro acciones clave: 1) transformar la teoría en talleres prácticos, 2) gamificar para sostener la motivación, 3) ofrecer plantillas que den certidumbre estructural y 4) establecer una tutoría personalizada que convierta el acompañamiento docente en un puente hacia la titulación.
Menos palabras y más experiencia
Olvide los aburridos monólogos y convierta su clase en un taller donde la experiencia profesional de sus estudiantes se convierta en el motor de arranque investigativo, permita lo siguiente:
- Que cada estudiante presente su problemática o su idea de investigación en dos minutos.
- Anime a que los compañeros sugieran distintos enfoques metodológicos.
- Ayude a los estudiantes a que logren conectar el problema real con el diseño de investigación.
- En equipo, analicen protocolos de investigación basados en casos reales.
La magia sucede cuando la inteligencia colectiva entra en acción: un compañero ve lo que el otro no, cuestionan instrumentos, conectan ideas, refinan planteamientos. Los estudiantes amplían su panorama metodológico y aprenden a defender sus decisiones con determinación y, de paso, practican para su defensa de tesis sin darse cuenta. Así, su clase se convertirá en un taller-consultoría donde todos aprenden de todos, incluyéndolo a usted.
¡A gamificar se ha dicho!
Si quiere hacer feliz a un adulto, prémielo con un sticker. No es broma. La gamificación funciona porque, en el fondo, seguimos siendo esos niños que necesitan una estrellita dorada para sentirse validados. Cree un sistema de puntos por avances en su protocolo, insignias por completar el marco teórico, medallas por diseñar instrumentos, certificados por el análisis de datos, etcétera. La dopamina que genera es exactamente la misma que cuando éramos pequeños, sólo que ahora se llama «reconocimiento profesional».
Diseñe retos semanales o mensuales, por ejemplo, un escape room, sopas de letras, crucigramas, Jeopardy o invente su propia versión de “100 investigadores dijeron”. Existen sitios como Mobbyt, Educaplay, Genial.ly, con formatos prediseñados para que usted y sus estudiantes creen sus propios juegos. Verá cómo compiten para demostrar que sí pueden hacer investigación de calidad.
Plantillas salvadoras
Sus estudiantes necesitan estructura, no libertad creativa para perderse en el vacío metodológico. ¿Recuerda las plantillas (“fill in the blank”) del libro Metodología de la Investigación6ta edición de Hernández Sampieri que tanto nos facilitaron la existencia? Sirven para evitar el síndrome de la hoja en blanco y guiar al estudiante en la redacción correcta de los elementos de investigación sin empezar desde cero (consulte el capítulo 3). Puede tomar algunos ejemplos, actualizarlos y crear formatos rellenables para cada apartado del protocolo:
- Plantilla de planteamiento del problema: con espacios específicos para contexto, delimitación, justificación y pregunta de investigación.
- Matriz de objetivos: que conecte automáticamente el objetivo general con los específicos y las variables.
- Formato de marco teórico: con estructura de embudo, desde lo general hasta lo particular.
- Diseño metodológico paso a paso: tipo receta de cocina, pero para investigar y agregue un ejemplo de redacción final.
Las plantillas sirven como una guía práctica que asegurará que la redacción de la investigación guarde una estructura académica correcta, con los elementos completos, además de ahorrar tiempo y facilitar el aprendizaje.
Tutoría personalizada
En mi experiencia previa con estudiantes de secundaria y preparatoria, comprobé que el acompañamiento personalizado genera resultados medibles. Posgrado no ha sido la excepción, el esfuerzo ha rendido frutos, los estudiantes que he asistido de un año a la fecha, han concluido su tesis, han publicado o están en proceso de publicar un artículo de investigación. El compromiso personal hace que la tutoría funcione. Soy testigo de cómo un profesionista descubre su potencial para compartir su experiencia de trabajo y convertirla en un modelo para otros. Sus estudiantes necesitan un acompañamiento 24/7, no clases semanales aisladas.
Si alguien me hubiera dicho que iba a terminar orientando a estudiantes de posgrado para elaborar su tesis de investigación, recibiendo mensajes a deshoras, en fines de semana y con escasas vacaciones, no lo creería. Pero aquí estoy, no es queja, a fin de cuentas, uno elige su camino y el mío me ha traído hasta este lugar, con un grupo heterogéneo de estudiantes que oscilan entre los 25 y los 70 años de edad; con variadas formaciones académicas y experiencia de vida. Luego de la pandemia de COVID-19, las modalidades a distancia se popularizaron y los docentes nos vimos obligados a migrar a medios digitales. En lo personal, migrar no fue difícil: realicé mis estudios de maestría y doctorado bajo una modalidad mixta, por lo que no era ajena al uso de plataformas tecnológicas como Meet, Zoom, Moodle, el correo electrónico, las bases de datos, etc.
WhatsApp resultó un salvavidas. Mi realidad como docente y capacitadora empresarial no me permite recibir llamadas, sólo mensajes, así que me hice experta en contestar de forma expedita, en retroalimentar y calificar con prontitud. El grupo de chat tiene un horario y un reglamento: ahí se comparten todas las dudas de clase de manera abierta, no hay memes, ni emojis, o bromas subidas de tono, nada que pueda sepultar una duda importante. Los documentos de estudio y actividades que están en la plataforma también se comparten por ese medio como respaldo. También envío mensajes en audio o en video para dar seguimiento y ánimo a los estudiantes.
Ser puente
Colega, muéstrese dispuesto a aprender de sus estudiantes, sobre todo si imparte clases a nivel superior, escúchelos, sus experiencias son invaluables; cuestiónelos, no les resuelva todo, hágalos reflexionar. Querido docente, no tema, repita después de mí: no soy dueño del conocimiento y hay más de un camino para llegar a la meta. Ser puente, implica buscar rutas, hacer videollamadas, contestar mensajes, acompañar todo el proceso, revisar, revisar y revisar.
Recuerde que usted como docente es el primer contacto, la persona en quien piensan cuando dudan, se frustran o avanzan. Por ello, la apertura al acompañamiento, paciencia, escucha y disposición que muestra hacia sus estudiantes hace la diferencia. No basta con enviar las actividades cada semana, debemos retroalimentar, corregir, animar, guiar y felicitar. Usted ya está en la cima y puede ver el horizonte, es hora de convertirse en medio, en puente, para que otros puedan continuar hasta la cumbre.
Reflexión
Tenemos estudiantes que vienen arrastrando carencias profundas desde la educación básica, pero debemos entender que es nuestra realidad y no vale decir que son una generación de cristal, indiferente y atenida, son nuestra materia prima. En nosotros está el poder de transformar visiones, despertar el pensamiento crítico, tratar de encender la luz de la curiosidad. Involucra esfuerzo de ambas partes, implica enseñarle al alumno a ser estudiante y facilitarle las herramientas para impulsar sus competencias.
La titulación tampoco es para un grupo reducido de iluminados, la aplicación del método científico que permite convertir una pregunta en un producto replicable en ciencia no debe ser sólo para algunos privilegiados. Ciertamente, no todos tienen los medios para llegar a un posgrado, pero hacerlo posible debería convertirse en nuestra meta.
Invite a egresados que cuenten su experiencia sobre cómo usan su investigación en su trabajo actual. Que sus estudiantes vean que no es sólo un requisito académico, sino una herramienta profesional poderosa, una fuente de transformación personal y social, que su investigación tiene un impacto y un valor. Que la tesis deje de convertirse en soporte de lavadoras y cómodas, para cumplir su cometido como portales de la ciencia al servicio de la sociedad.
Es profundamente satisfactorio escuchar a los estudiantes decir: «Doctora ¿cuándo hacemos el siguiente artículo?» o «¡Esto ya me gustó!», y mi frase favorita: «Gracias por ser una inspiración, por ayudarme a creer en mí». Mi labor como sinodal me ha dado el privilegio de presenciar cómo hijos adultos, entregan a sus padres ancianos su tesis y agradecen besando sus manos el esfuerzo que hicieron aquellos que no alcanzaron incluso a terminar la primaria. El rostro de un maestrante o doctorando que ha concluido su tesis después de desvelos, cansancio, de vencer el miedo de aprender a utilizar SPSS, Mendeley, bases de datos y ver cristalizado su esfuerzo, no tiene precio.
Acerca de la autora
Ana Lucía Pérez Cano (lucia.cano@ceu16.edu.mx) es Doctora en Educación por la Universidad 16 de Septiembre y profesora-investigadora con más de veinte años de experiencia docente en niveles básico, medio superior, superior y posgrado. Actualmente, se desempeña como docente universitaria y de posgrado, diseñadora curricular y facilitadora en formación profesional, especializada en metodología de investigación, comportamiento organizacional y desarrollo humano. Ha participado en el rediseño curricular de programas de Maestría y Doctorado en Educación, integrando enfoques por competencias y metodologías innovadoras.
Referencias
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Edición
Edición por Rubí Román (rubi.roman@tec.mx) – Editora de los artículos Edu bits y productora de los Webinars del Observatorio – «Aprendizajes que inspiran» – Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación del Tec de Monterrey.
Este artículo del Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación puede ser compartido bajo los términos de la licencia CC BY-NC-SA 4.0 














