Opinión | 15 de mayo: ¿Dónde están aquellos 43 aspirantes a maestros?

Un poema de la escritora Carmen Nozal nos convoca a honrar en este 15 de mayo, Día del Maestro, la memoria de los 43 jóvenes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, desaparecidos en el 2014.

Opinión | 15 de mayo: ¿Dónde están aquellos 43 aspirantes a maestros?
Memorial por los 43 de Ayotzinapa en la Universidad Autónoma de Aguascalientes. El memorial, con las 43 bancas, estuvo en pie desde 2014 hasta aproximadamente 2021, cuando fue retirado durante una remodelación del sitio. Autor: Luis Alvaz.
Una lectura de 4 minutos

Empiezo esta nota y me doy cuenta de lo poco que sé sobre aquel día en que 43 jóvenes aspirantes a maestros de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa desaparecieron en el estado mexicano de Guerrero, sin que haya vuelto a saberse nada de ellos. ¿Cómo se llama la región en que desaparecieron? (¿existe en realidad ese lugar en el que uno puede desaparecer?) ¿Hay por ahí barrancas o ríos en donde sus cuerpos hayan podido ser arrojados? (¿ríos que corrían secos en esos días?)  ¿En dónde está exactamente Ayotzinapa? ¿Cómo es Guerrero más allá de sus playas turísticas y sus pueblos mágicos?

Como tantos otros, sólo tengo imágenes de un autobús de línea comercial recorriendo la carretera hacia quién sabe dónde… Como tantos otros, sólo imágenes de un mitin, de una gasolinera… Soy de los que vagamente implican en todo esto un cuartel militar, una mujer dando un discurso, policías, partidos políticos, cárteles, un hombre preso… Soy de los que ha detenido los ojos en una noticia sobre las desgarradas protestas de las madres, padres y familiares de los muchachos, frente a Palacio Nacional, una y otra vez, y otra vez, para que se averigüe el paradero de sus hijos y se castigue a los culpables. Soy de los que han leído con espasmos el capítulo de un libro sobre el cuerpo de estos muchachos, y después lo han conservado sólo para el doloroso recuerdo. Soy de los que no saben si culpar al ejército, al gobierno (a los gobiernos), al narcotráfico, a los partidos políticos, al oro, a la heroína… No sé más, no sé nada. Soy, en fin, de los que exclaman de vez en cuando alguna frase aislada y poco firme, y acaban por olvidar.

Sin embargo, ayer por la tarde abrí un libro de la poeta Carmen Nozal, y encontré un texto sobre la tragedia. Carmen es una antigua y querida compañera de la carrera de Letras de la UNAM, nacida en España y llegada a México muy joven, autora de bellísimos libros de poesía, de poemas publicados en antologías, traducidos a varios idiomas y multipremiados (empezando hace décadas, con uno de los grandes premios de nuestro país, el Elías Nandino, algo así como el Nóbel para quienes escriben poesía y tienen menos de treinta).  Ayer, pues, leí su poema.

Su primer verso me cautivó: Quién si no las moscas pueden mostrarnos el camino. La lectura resultó estremecedora. Pasado un rato, ya repuesto, leí otros poemas, vi alguna serie en televisión y me dormí… Y esta mañana me desperté sumido más allá de mis recuerdos, más hondo de lo que me habían llevado rumores y noticias, más cerca de los 43 muchachos desaparecidos: el poema me había conducido en sueños hasta un lugar desde donde pronto supe que no había marcha atrás, que había dado un paso como si regresara en la historia… Yo, que en realidad no sabía nada sobre esos chicos; yo, que veía las cosas como una noticia terrible pero que iba a olvidárseme; yo, que me había mantenido con la boca y el corazón cerrados para que no entraran moscas…

LAS MOSCAS
Carmen Nozal

Quién si no las moscas pueden mostrarnos el camino.

Ahí están, dicen las moscas,
absortas en su danza prehispánica.
Ahí están, insisten murmurando
con un zumbido incesante.

Ahí están, apuntan las moscas como plañideras:
adentro del espanto de esa noche,
adentro del monte arriba
por el que algún día corrieron
cuando eran niños.

Ahí están: los sueños torturados, los pantalones rotos,
un tenis, cuatro plumas, dos carcajadas,
los vestidos desgarrados, una libreta.
Las novias que siguen esperando
se preguntan: ¿dónde están?
Ahí están, responden las moscas
sobrevolando los huesos, el hedor penetrante de los días,
la esperanza mutilada, el silencio que gime como viento desollado.

Ahí están, todos revueltos, abrazados,
con la juventud brillando bajo los párpados.
Ahí están, ¡vengan por ellos!, dicen las moscas
unidas, haciendo guardia al amanecer.

Ahí están, dicen inquietas, ambiguas, impotentes,
respirando el olor dulzón de la carne amarga.
Ahí están, presentes, los cuerpos
que brillan como pequeñas luciérnagas.

Ahí están, las moscas nacidas de la compasión,
las moscas de la misericordia.
Ahí están, contando lo que pasó
con sus alas turbias y su color azul.

Ahí están, los ojos más tiernos, los más transparentes,
ojos por los que brotan árboles luminosos.
Ahí están, los rostros llenos de lodo, con el corazón intacto,
las huellas de sus pasos sobre esta oscura piel llamada patria.
Ahí están, sus lenguas besables, sus labios agrietados,
sus cálidas gargantas, su afónica oración.
Ahí están, las frentes inclinadas, bendecidas por sus madres
antes de salir de casa.
Ahí están, los que nunca más volvieron,
calcinados, molidos, dispersados,
aguardando, aguardando.
Ahí están, dispuestos, extenuados,
con relojes de arena y voces invencibles.
Ahí están, con la mirada profunda
y las pestañas llenas de polvo y aves.
Ahí están: los emilianos, los panchos, los chaparritos,
los que sabían leer, los que serían distintos.
Ahí están: las lupes, las citlalis, las juanas y marías,
las artesanas, las costureras, las enamoradas eternas.

Ahí están las moscas que sobrevuelan la verdad.

Y ahí están todos, con el polvo en los huaraches y los puños apretados,
los padres, las madres, los hermanos, los abuelos.
Ahí están los maestros, los albañiles, los campesinos,
las amas de casa con su olla humeante de frijoles heridos.

Ahí están, los mataron, los quemaron, los aventaron
como quien tira un saco de piedras en la orilla del mundo.
Ahí están, dicen las moscas con su rumor de letanía,
recitando los nombres, los apellidos,
la inmensa lista de los que nunca vuelven,
la obstinada legión de los despiertos.


P.D de Andrés García Barrios: lamento intervenir después de que han leído el poema, con esta posdata anticlimática; pero tengo que decirles algo… algo que tal vez no me crean: a la hora de preparar el texto de Carmen para enviarlo a este OBSERVATORIO y proponer su publicación alrededor del 15 de mayo, Día del Maestro, en memoria de los 43 aspirantes a docentes desaparecidos, me he venido a enterar de que este año se está cumpliendo una década de los terribles sucesos. No era mi intención coincidir con este aniversario, pero… está claro que la poesía nos ha querido reunir a todos en torno a él.

Este artículo del Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación puede ser compartido bajo los términos de la licencia CC BY-NC-SA 4.0