La labor del docente en una situación de crisis es proteger a los estudiantes. La de las autoridades, lidiar directamente con las amenazas.
El encierro durante la pandemia y la utilidad de la educación en línea trajo un efecto inesperado para la experiencia didáctica estadounidense. Durante casi dos años, los incidentes de violencia por arma de fuego en las escuelas se vieron significativamente reducidos, dado que la mayoría de los alumnos estudiaba desde casa. Ahora que se está volviendo a un esquema más presencial, esta instancia de horror cotidiano llena de nuevo las planas de los periódicos.
El 24 de mayo de 2022, Salvador Ramos, de 18 años, ingresó a la escuela primaria Robb en Uvalde, Texas, armado con un rifle y causó la muerte de 19 estudiantes y dos maestras. Los detalles del incidente, que a la fecha de hoy siguen revelándose, han sido mencionados y analizado por medios dedicados a la cobertura de noticias de esta naturaleza. Pero de este trágico episodio surge un tema que le atañe a todo profesional de la educación, estudiante y cabeza de familia, especialmente a la comunidad que reside en Estados Unidos.
El marco legal
Nuestro país vecino tiene una historia muy particular con la libertad individual y el derecho a las armas para defensa propia y en teoría, ser capaces de resistir potenciales tiranías de su gobierno. Esta facultad, está protegida por la segunda enmienda de la Constitución de Estados Unidos: “Una milicia bien organizada es necesaria para la seguridad de un Estado Libre, el derecho del pueblo a poseer y portar armas, no debe ser infringido”.
Este fragmento de la enmienda provee la base para restringir a las autoridades de regular el acceso a las armas por parte de los ciudadanos. También nutre el principio filosófico de la libertad para portar armas y usarlas en legítima defensa, y si bien este principio no es aplicado equitativamente a todos los ciudadanos, sí está enraizado en la tradición Americana.
La conversación se vuelve más compleja cuando entendemos que estas libertades no solamente provienen de la segunda enmienda, sino que cada estado tiene leyes específicas que determinan qué tan fácil o difícil es conseguir un arma. El año pasado, en Texas se aprobaron leyes para permitir a los residentes portar armas sin licencia ni entrenamiento. No notar la correlación entre la relajación del control de armas de fuego y la reincidencia de incidentes de violencia masiva sería por demás ingenuo. También lo sería argumentar que restringir el acceso a las armas es todo lo que se necesita para evitar estas tragedias. Si bien ayudaría, es imposible que esta solución resuelva el problema por sí sola tomando en cuenta la enorme cantidad de armas que ya se encuentran en circulación en Estados Unidos (393 millones), pero de entre todas las las ideas de poca efectividad que se incluyen en la conversación, hay una en particular que más que ayudar a resolver, podría empeorar la situación: armar a los docentes.
La trivialización del combate
Uno de los puntos más débiles de gestionar las armas como medio de defensa es la falta de entendimiento de que no son soluciones en sí mismas, son herramientas. La efectividad de una herramienta depende completamente de la habilidad, presteza, preparación y estado mental de quien la use. Los docentes no son combatientes y quienes empujan por la opción de entrenarles y armarles, muy posiblemente tampoco tenga mucha idea de cómo funcionan los enfrentamientos armados.
El reportero de asuntos militares y activista, Justin King, creador del canal de crítica social Beau of the Fifth Column, habló desde su experiencia como ex-contratista militar e instructor de entrenamiento táctico para fuerzas policiacas y de seguridad. En un video breve de siete minutos, King desmenuza las particularidades de un plan que puede verse como una solución en teoría, pero que fracasa en la práctica. Para conocer la falsa efectividad de la estrategia de armar docentes, habría que preguntarse: ¿Dónde tendría que estar el docente en caso de que entrara un tirador a la escuela? ¿Entre el agresor y los estudiantes? ¿Con un arma lista para la defensa de su aula? Digamos que sí. ¿Cómo se puede asegurar que siempre funcione así? ¿Tendría que estar siempre en la puerta vigilando? De ser así ¿Todavía enseña? Porque enseñar sería una distracción para la vigilia,cuestiona King en el video. Esta línea crítica hace muy fácil entender lo imposible de la tarea para cualquier persona a cargo de un grupo escolar.
“¿Qué pasó en la primera aula? Las cosas no salieron bien ahí. Porque en ese salón, la maestra Jones está en su escritorio, ayudando a un niño a aprender a leer, cuando alguien solo entra y ella tiene milisegundos para sacar un arma, quitarle el seguro, ver el blanco y disparar por encima de las cabezas de niños corriendo y gritando. La maestra no gana ese enfrentamiento.”
El analista norteamericano pinta una imagen completa, cruda y a detalle de lo que habría sucedido si el personal educativo de la Escuela Primaria Robb hubiera estado armado el día del incidente. El resultado no habría sido menos trágico. King explicó que la ventaja de un tirador como Ramos en una situación así sería absoluta, porque tendría velocidad, sorpresa y violencia de acción. Tres pilares básicos de la dominación en encuentros bélicos, de acuerdo con especialistas de combate, como los SEALS de la naval americana.
La idea de que armar a los docentes es una opción de defensa contra tiradores fortuitos es un pensamiento de fantasía, algo en lo que pensamos que nos gustaría haber hecho para evitar un evento traumático después de este pasa. No es práctico desde la dimensión de una operación didáctica, y tampoco es efectivo como estrategia defensiva. Especialmente con la cantidad de jóvenes que mueren en Estados Unidos por arma de fuego. El 90 % de las muertes en niños de 0 a 14 años dentro de países con alto nivel de ingreso económico suceden en Estados Unidos. De acuerdo con la doctora pediatra Rachel Moon la violencia por arma de fuego se convirtió en la primera causa de muerte en jóvenes menores de 19 años.
Más armas en la proximidad de estudiantes, no resuelven el problema, lo agravan. Estas armas, más que ser un medio de defensa, podrían convertirse en un peligro más. Al caer en las manos de personas que si bien pudieran estar entrenadas para usar un arma de fuego en forma segura, carecen de la preparación y habilidades para manejar una confrontación directa con otra persona armada con intención de violentar. Esto en el mejor de los casos, en el peor, estas armas estarían al alcance de menores y personas sin capacitación que podrían darle un mal uso o dispararlas accidentalmente. Si algo prueba este tipo de violencia es que la escuela no es lugar para las armas, y que si bien el primer deber de un docente es proteger la integridad de sus estudiantes, en el aula esta función tiene limitaciones porque proteger y atacar no es lo mismo.
Cuerpos armados de seguridad, como policía y guardias, tienen el deber de la confrontación directa para que los profesionales de la educación puedan realizar las tareas de cuidado y protección, son dos propósitos diferentes, no se mezclan. Presionar y distraer a quien o quienes estén ejerciendo violencia extrema no solo es crucial para permitir a los docentes hacer su parte del trabajo, es la diferencia entre la vida y la muerte, entre víctimas y sobrevivientes.
Por esto, la participación de las autoridades durante lo sucedido en Uvalde ( o la falta de esta) decantó en un resultado tan trágico. La mitad de lo que se tenía que haber hecho para garantizar la seguridad de estudiantes y personal educativo no se hizo a cabalidad. Empujar por medidas que asignen también la tarea de la confrontación directa a los docentes no va a detener a nadie con intención de violencia masiva, por el contrario, hará más fácil que cumpla su objetivo.
No hay una sola solución a un cuadro tan complejo como el de los tiroteos escolares. Es necesario un enfoque multidisciplinario que incluya todos las intersecciones del problema, el laxo control de armas en Estados Unidos, la crisis de salud mental, la preparación de cuerpos de seguridad privados y públicos, la seguridad en las escuelas, no es solo un tema, son muchos. Pero también es vital tener el sentido crítico para analizar y descartar las ideas que no funcionan, y poner armas en las manos de docentes, sería la primera en la lista.
Este artículo del Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación puede ser compartido bajo los términos de la licencia CC BY-NC-SA 4.0 














