El vínculo entre mentor y mentorado en la etapa de preparatoria

El rol del mentor en la Prepa Tec es muy relevante, es un puente entre la parte académica del estudiante y su experiencia estudiantil. Conoce aspectos importantes del vínculo entre el mentor y el mentorado, a fin de mejorar esta relación e impulsar el bienestar emocional, físico, social y académico de los estudiantes.

El vínculo entre mentor y mentorado en la etapa de preparatoria
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La figura de mentor de la Prepa Tec es un profesional que guía y acompaña a los estudiantes durante toda su formación en la etapa de bachillerato. Busca fomentar en el estudiantado el desarrollo de competencias para la vida tales como la autogestión, el pensamiento crítico, la colaboración y la comunicación. El fortalecimiento de dichas competencias aunado a los conocimientos que adquiere un estudiante de Prepa Tec, son las herramientas que podrá utilizar para hacer frente a los retos y desafíos que se le presenten en su vida universitaria y posteriormente en el ámbito laboral como profesionista. En este artículo, deseo compartir mi experiencia como mentora a lo largo de 11 años, así como también, aspectos relevantes que he podido detectar relacionados con el vínculo que se genera entre el mentor y el mentorado, a fin de mejorar esta relación e impulsar el bienestar emocional, físico, social y académico de los estudiantes.

El Sistema Integral de Tutoría (SIT) al cual pertenece el equipo de mentores de la institución, surgió en el año 2019, actualmente es el Sistema de Acompañamiento Integral (SAI) de la PrepaTec. La figura del mentor, antes conocido como tutor, es muy relevante, ya que funge como un puente entre la parte académica del estudiante y su experiencia estudiantil, cuidando especialmente el bienestar emocional y físico del estudiante. El equipo de mentores se encarga de implementar diferentes proyectos y actividades tales como “mis fortalezas”, “mi plan de vida”, “la rueda de la vida”, “reflexiones de mi desempeño”, análisis FODA (Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas), problemáticas sociales, conferencias y talleres; donde abordan temas como la inteligencia emocional, la ética, el liderazgo, las relaciones saludables, entre muchos otros temas que ayudan a los estudiantes a desarrollar las competencias para la vida que necesitan. Asimismo, cada mentor gestiona entrevistas individuales con los estudiantes, supervisa el desempeño académico de sus mentorados, y da seguimiento con profesores, padres y madres de familia.

El rol del mentor en la Prepa Tec

Hasta el año 2020 las personas seleccionadas para ser mentores en la Prepa Tec podían ser profesionales de cualquier área de conocimiento. Sin embargo, a partir del 2021 se consideró que, para dar acompañamiento a los estudiantes, las y los mentores debían ser profesionales en el área de psicología, con la finalidad de poder trabajar en el bienestar del estudiante teniendo una formación previa en dicha área.

Entre las habilidades que debe poseer un mentor se encuentran: ser empático, tener una actitud de servicio, practicar la escucha activa, evaluar, detectar casos de manera oportuna, saber intervenir en crisis, identificar situaciones de riesgo, resolución de problemas, excelentes habilidades de comunicación y de acercamiento con los mentorados, familiares y redes de apoyo, así como también tener un fuerte compromiso ético.

Actividades del mentor en la Prepa Tec

  1. Mantener una comunicación constante con el mentorado. Independientemente de los resultados académicos del mentorado, el acercamiento con él o ella es muy importante a fin de explorar sus próximos objetivos, acompañarle, monitorear su estado emocional, así como sus vínculos afectivos y sociales. Esto ayudará a detectar y prevenir oportunamente alguna situación de riesgo.
  2. Practicar la escucha activa con el mentorado. Es fundamental que el mentor o mentora mantenga una escucha activa sin juicios, prejuicios o interrupciones. Esto le ayudará a formular observaciones relevantes en el proceso y hacer comentarios siempre apegados hacia el bienestar del estudiante.
  3. Reconocer los aciertos y desaciertos del mentorado. Es importante reconocer los logros del mentorado y motivar a seguir adelante obteniendo buenos resultados en todas las dimensiones de la persona. También, guiarle para que de manera consciente identifiquen sus áreas de oportunidad y trabaje para alcanzar sus objetivos.
  4. Orientar al mentorado en la resolución de problemas. Esto fortalecerá la creatividad y liderazgo del mentorado para identificar diferentes caminos y definir un plan de acción que le ayude en la resolución de problemas.
  5. Desarrollar habilidades de planeación y gestión del tiempo en el mentorado. La organización y administración de tiempo es fundamental para que nuestro mentorado tenga muy claro en qué momento debe llevar a cabo sus actividades académicas y estudiantiles. Con la definición y seguimiento de un plan, tendrá más claro cuáles son las acciones que debe realizar para conseguirlo y, por tanto, los resultados serán mucho más favorables para nuestro mentorado.
  6. Canalizar al mentorado con las áreas de atención externas. Existen situaciones específicas donde se requiere una atención más especializada en la persona. Para ello, es importante detectar a tiempo y realizar la petición al área de bienestar o si es una situación médica que deba atenderse, avisar a TecMed.
  7. Impulsar la autogestión del mentorado. El objetivo principal es que el mentorado pueda valerse por sí mismo en todos los aspectos. Para ello, debemos “soltar” poco a poco a nuestro mentorado para que tome decisiones y busque soluciones por sí mismo, sin requerir nuestra presencia o apoyo.
  8. Establecer comunicación con las personas que conformen la red de apoyo.  El mentor debe ser muy observador para detectar situaciones fuera de lo común. Por ejemplo, si el estudiante se duerme en clases, baja su rendimiento académico, no acude a las entrevistas, etc.; También, debe ponerse en contacto con los padres, madres o tutores para determinar qué pudiera estar afectando su comportamiento.
  9. Fomentar la seguridad y el amor propio del mentorado. El adolescente busca una figura que le acompañe, que lo reconforte, que no lo juzgue, pero que le guíe para desenvolverse lo mejor posible. Muchos de los estudiantes por distintas razones, no tienen esa figura en casa, por lo que nuestra labor como sostén es clave en esta etapa.
  10. Fortalecer el pensamiento crítico del mentorado. Desarrollar esta competencia en el estudiante es fundamental. Enseñarle a evaluar y discernir la veracidad de la información que encuentra en internet, redes sociales, plataformas de videojuegos y de inteligencia artificial, es indispensable para tomar mejores decisiones en su día a día.

El primer contacto del mentor con el estudiante se lleva a cabo con una entrevista inicial, para obtener datos relevantes que den pie al establecimiento de un plan de acción hacia su bienestar personal, para cada uno de los estudiantes. Cabe resaltar que, a diferencia del director de programa, quien acompaña al estudiante durante los tres años de prepa, el mentor puede o no cambiar cada semestre.

Cada mentor tiene a su cargo a 120 estudiantes aproximadamente, pertenecientes a cuatro grupos. Los estudiantes que conforman dichos grupos son asignados principalmente de manera aleatoria en algunos campus. Sin embargo, en otros campus son elegidos por los mismos estudiantes o asignados al momento de inscribirse.

La vida del adolescente durante su etapa estudiantil

Durante la adolescencia, los jóvenes experimentan cambios en diversas áreas tales como físicas, mentales, sociales, emocionales y de identidad. El adolescente que antes confiaba firmemente en aquello que sus padres y madres le decían, ahora cuestiona todo, no confía en ellos y en ocasiones hasta les resta valor, dejándolos caer del pedestal donde por tanto tiempo los había ubicado. En esta etapa, los pares elegidos por el adolescente se convierten en sus “nuevas” personas importantes, con quienes desea pasar más tiempo, los imita, los escucha y entra en un proceso de reconstrucción de identidad, convicciones y vínculos.

En su paso por la preparatoria, el adolescente, se encuentra con otras figuras de autoridad, entre ellos docentes, directivos, colaboradores y mentores, quienes tenemos un papel esencial en ese momento. El adolescente desarrollará con la figura del mentor un nuevo vínculo; desde el punto de vista psicoanalítico se desarrollará también una nueva transferencia. Sigmund Freud (1914) estableció el concepto de transferencia; que consiste en que, un individuo a lo largo de su vida repite patrones de comportamiento arraigados en los vínculos que tuvo en su infancia, principalmente con las figuras parentales y maternales. Asimismo, para Calderon (2005) en el contexto escolar y la relación entre el educando y el docente; el educador representa o simboliza una autoridad pedagógica como una especie de relación arquetípica con las autoridades de la infancia. Es importante tener claro que el acompañamiento en mentoría no es un tratamiento terapéutico, pero sí es un acompañamiento uno a uno, en el que se lleva a cabo una alianza consciente e inconsciente entre el mentor y el mentorado.

De esta forma, el mentor representará un nuevo vínculo, con el cual, el adolescente mentorado básicamente, repetirá ciertos patrones de comportamiento, que tuvo anteriormente. Dentro de estos comportamientos, se desencadenará el afecto y la aceptación, pero también el rechazo y la resistencia. Estos elementos son esenciales para poder llevar a cabo un avance personal emocional, social y académico, que corresponden al seguimiento del trabajo del mentor.

La principal función del mentor será mantener una actitud objetiva, analítica, confiable y segura, flexible pero no complaciente. El adolescente por su parte (en algunos de los casos), hará la mayor cantidad de esfuerzos por quebrantar las reglas, por probar el amor y la aceptación del mentor a pesar de sus errores o por convertir ese nuevo vínculo (el mentor) en una persona permisiva que secunde sus fechorías; repitiendo el patrón de comportamiento con mamá permisiva y padre autoritario o viceversa.

¡Es aquí donde se evidencia la relevancia de la transferencia, donde cabe la posibilidad de escribir una historia más saludable para ese adolescente!

Cinco puntos que todo mentor debe recordar siempre

  1. El mentor es el adulto. En la relación con nuestros mentorados, somos los adultos. Por ello, es importante guardar la calma y ser prudentes para no caer en provocaciones de comportamientos disruptivos, sino analizarlos para encauzarlos al bienestar del mentorado.
  2. El mentorado no es amigo del mentor. Tampoco debe convertirse en una relación de amistad en ningún momento. De lo contrario, el vínculo sería una relación de pares y la figura de protección, de consuelo y de autoridad a la que estamos representando (los padres o tutores del mentorado) la disolvemos.
  3. La figura del mentor podría ser idealizada por el mentorado. Esto podría darse debido al significado del vínculo que representamos y que tuvieron con sus padres y madres o bien, por el vínculo que esperaron tener con ellos y no lo tuvieron. Es aquí donde el mentor debe tener claro que esa idealización no es a nosotros, sino a sus primeros vínculos.
  4. Los mentorados tienden a quejarse de sus profesores. El mentor no debe convertirse en un aliado que desacredite al docente. El mentor debe escuchar al mentorado y guiarlo para mejorar la relación con sus profesores. Animarlos a comunicarse de manera respetuosa para externar sus necesidades con respecto a uno o varios objetivos específicos.
  5. Orientar al mentorado para tomar decisiones con responsabilidad. Los estudiantes mentorados deben sentirse escuchados, contenidos, protegidos y queridos. Sin embargo, deben saber que los mentores les recordaremos cuantas veces sea necesario que, deben tomar decisiones desde la responsabilidad para conseguir la autonomía y autogestión suficientes para sentirse seguros en la vida adulta.

Un nuevo semestre… un nuevo mentor

“Moni, no me gusta mi nuevo mentor o mentora ¿Qué tengo que hacer para que me regresen contigo?”.

¿Cuántas veces los mentores hemos escuchado esta frase?

Sin embargo, cada semestre es un nuevo comienzo. Una oportunidad para que nuestros mentorados despeguen y establezcan con un nuevo mentor un vínculo diferente. Al no permitir que nuestros estudiantes cambien de mentor, les estamos coartando la posibilidad de crecer, de volverse autogestivos. Peor aún, podríamos promover la dependencia emocional hacia nosotros, la sobreidealización y la sobreidentificación, tal como lo haría una mamá o un papá que no deja que sus hijos se separen de ellos, se valgan por ellos mismos, hagan su propia vida o se vayan a vivir solos.

Es cierto que es lindo escuchar que tus mentorados te aprecian, te quieren y te reconocen. Sin embargo, no debemos olvidar que a pesar de que tu trabajo sea maravilloso, en el fondo estás siendo una representación de vínculos anteriores y que en definitiva el papel del mentor, no se sitúa en atender necesidades de reconocimiento personales, que nada tienen que ver con el proceso del mentorado. Tal y como lo comenta Alvarado (2005) “Si el maestro logra ganarse, por así decir, la confianza del niño, que no se deba a una compensación narcisística mediante la cual el maestro-adulto tenga como prioridad satisfacciones personales. El adulto deberá conservar su mirada en el horizonte del proceso y no en la inmediatez de la satisfacción de sentirse bueno y querido”.

Si hacemos un buen trabajo como mentores el estudiantado lo reconocerá, pero también serán capaces de despegarse e iniciar un nuevo vínculo. Si aún no desarrollan la autogestión y la independencia necesarias (especialmente la emocional), querrán permanecer con el mismo mentor y no probar suerte con un nuevo mentor.

Reflexión

El vínculo que el adolescente desarrolla con las y los mentores les permitirá identificarse, desenvolverse y desarrollar nuevas posibilidades tanto emocionales, sociales y académicas que faciliten su bienestar.

Como mentores debemos confiar en nuestro mentorado, acompañarlo, reconocerlo y dirigirlo a avanzar y reconocerse él mismo, de tal forma que mejore su porvenir adulto. Seremos de igual forma un modelo formativo para ellos, al que el mentorado estará observando constantemente. Por lo que ser mentor, implica fomentar buenos hábitos personales y acompañar desde un lado humano a nuestros adolescentes, sin olvidar que debemos establecer una estructura base de reglas que le permitan a nuestro mentorado sentirse seguro y saber qué es lo que se espera de él o ella.

Espero que las sugerencias planteadas en este artículo sean de utilidad para mejorar en nuestra función de mentores. Si tienen alguna duda, comentario o sugerencia, los invito a compartirlo en la sección de comentarios de este artículo o escribirme a mi correo electrónico.

Acerca de la autora

Mónica Aimeé Hurtado Ochoterena (mahurtado@tec.mx) es psicóloga de formación (Universidad Iberoamericana) con subsistema de Didáctica. Maestra en Psicoterapia psicoanalítica (Universidad Montrer). Tiene un diplomado en desarrollo cognoscitivo y emocional del niño (Universidad Iberoamericana). Actualmente es mentora de bienestar en PrepaTec Esmeralda.

Referencias

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Castañeda Rojas, B., Zapata Muñoz, S., & Rúa Hernández, D. (2017). La transferencia. Un concepto, dos perspectivas (Doctoral dissertation, Psicología). Recuperado de: https://repository.uniminuto.edu/server/api/core/bitstreams/ee57db1e-4691-436e-85e1-7e1134221c5c/content

Freud, S. (1913-14/1997). Sobre la psicología del colegial(1914). Obras Completas. Buenos Aires: Amorrortu.

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F.S., D (s/f). Los fundamentos de la técnica psicoanalítica. Recuperado de https://www.academia.edu/43371643/Los_fundamentos_de_la_t%C3%A9cnica_psicoanalitica

Real Academia Española (2024). Diccionario de la lengua española, Recuperado en 10 de julio de 2025, de https://dle.rae.es/transferencia

Edición


Edición por Rubí Román (rubi.roman@tec.mx) – Editora de los artículos Edu bits y productora de los Webinars del Observatorio- «Aprendizajes que inspiran» – Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación del Tec de Monterrey.


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