Juventudes transformadoras, agentes de cambio que toman acción y redefinen su entorno

El líder de juventudes y educación transformadora de Ashoka explica cómo las personas jóvenes tienen el potencial de incidir en sus comunidades y apoyar con su ejemplo.

Juventudes transformadoras, agentes de cambio que toman acción y redefinen su entorno
Foto: iStock/BRO Vector
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La organización internacional Ashoka ha trabajado durante más de 40 años para cultivar un mundo donde, desde la empatía, cada vez más personas tienen la capacidad de impactar positivamente en la sociedad. Ha sido reconocida por impulsar el emprendimiento social, articulando comunidades de agentes de cambio desde etapas tempranas en la vida en cada uno de los 95 países donde tiene presencia. Sus esfuerzos se han dirigido a integrar un ecosistema sólido y diverso de agentes de cambio que se dedican a mejorar su entorno. 

David Mayoral, líder de juventudes y educación transformadora de Ashoka, describe que el enfoque de la organización es habilitar personas y comunidades a fin de que cualquier niña o niño pueda reconocerse como agente de cambio, gracias a que se desarrollan en un ambiente seguro, empático y donde se promueve el liderazgo compartido. En estos espacios, la escucha activa de diferentes ideas y el trabajo en equipo son fundamentales en los más pequeños y hasta los mayores, con el propósito de incentivar habilidades transformadoras entre todas y todos.

Mientras que su visión tiene un foco en las juventudes, las demás personas no quedan de lado. Por ejemplo, las y los docentes basan su labor en transformar la vida de otros individuos que confían plenamente en ellas y ellos para aprender. A su vez, el aprendizaje logra ser significativo cuando existe una conexión entre dos (o más) seres humanos que encuentran sentido en el mismo contexto. Por ello, David señala que lo que se aprendía hace 50 años y se consideraba como beneficioso no necesariamente es lo mismo que hoy se califica como necesario saber. Así, resulta indispensable aprender y desaprender algunas cosas; eso también puede hacerse durante la adultez.

No obstante, con el objetivo de encontrar un periodo de sostenibilidad, la estrategia de poner al centro a las y los jóvenes consiste en rastrear a las personas que apenas están iniciando su viaje de liderazgo, en la acción individual y colectiva. Comparte que, si se asegura que desde el comienzo niñas y niños desarrollen las capacidades para responder ante panoramas de crisis e incertidumbre, no sólo sabrán afrontar desafíos grandes, sino que podrán prevenirlos y formar a la siguiente generación.

Jóvenes al centro

Para David, priorizar a la juventud implica transformar la vida futura de una ciudadanía. Preparar a niñas, niños y jóvenes asegura la continuidad de una ciudadanía, lo que determina finalmente si se tendrá un mejor porvenir. Y se trata de juventudes en todos los ámbitos y contextos, donde hablar de una educación de calidad conlleva el cómo se forman ciudadanos con calidad e individuos más felices, agrega. Reconocer el potencial de las juventudes como agentes de cambio permite anticipar las formas en que las personas llegan a autorregularse, tomando la responsabilidad de empezar a aprender lo que desean.

David precisa que cuando los seres humanos hablan producen símbolos, replican valores y sientan las condiciones para un comportamiento duradero. En las escuelas y en otros espacios de educación, las niñas y niños gozan de cierta independencia sobre lo que dicen, por ejemplo. Por tanto, es relevante concentrarse en cómo instruir desde la niñez aptitudes para la autorregulación; así, se edifican sociedades mejor autorreguladas y que asimilan lo que se debe resolver y prevenir.

Este reconocimiento de la capacidad de la niñez y la juventud para idear, elegir y efectuar cambios trascendentales y positivos es uno de los pilares de Ashoka, que ha encontrado un sistema en el que las habilidades transformadoras se forjan y donde no es coincidencia que la empatía encabece la lista. Esta competencia es la principal, dado que conecta con un propósito cuando es entendida como la comprensión o el intento por comprender cabalmente qué piensa la otra persona, qué siente, cómo lo hace y por qué, en todo caso, esa es una experiencia similar a la de quien la escucha. Así, describe David, se habilita un proceso de construir en colectivo y el sentido de propósito se activa en comunidad.

“En realidad somos empáticos y creativos la mayoría del tiempo, porque cuando nos importan las demás personas y cómo viven la vida, generamos ideas que van más allá de nuestra propia noción”, expresa.

Mientras que él establece que encontró su propósito al vislumbrar lo que ven las otras personas, detalla que para Ashoka esa es la chispa: el momento en que te percatas de que los demás necesitan junto contigo -y no de ti- idear una solución que sirva e importe para ambas partes. Esto da pie a la motivación para crear una idea eficaz y eficiente, sustentada en el acuerdo y el reconocimiento de la importancia vital del otro.

David cree que una de las grandes problemáticas de la educación formal, no formal e informal en la actualidad es la motivación. Los aprendices se preguntan ¿por qué se supone que deben aprender algo? En el flujo de educación tradicional alguien determina lo que hay que aprender como valioso y otra persona asume que es de utilidad y replica esa cadena de valor, muy poco frecuente criticada. Pero ¿cómo se transforma ese ciclo y cómo se promueve el criterio propio?

Ashoka procura el protagonismo juvenil con ejercicios profundos y colectivos de empatía: si un individuo se siente impulsado por su comunidad es muy probable que dé seguimiento a las buenas prácticas y replique el conocimiento. El ciclo de aprendizaje se torna más provechoso cuando se contempla a las generaciones por venir y se saca lo mejor de las estructuras que funcionan.

El líder de juventudes y educación transformadora resuelve que cuando las infraestructuras, comunidades y dinámicas sociales valoran a las niñas, niños y jóvenes como promotores del cambio social se logra un impacto favorecedor. Estos agentes pueden actuar a través de innovaciones de emprendimiento social y liderando cambios de gobernanza en las instituciones públicas y privadas, participando en procesos de política pública, pero también logran multiplicar efectos inspirando a otros.

“En ocasiones el alcance (de las soluciones) puede ser limitado, pero hay que promoverlo, alimentarlo y cuidarlo. Hay que tener mucha ternura y paciencia porque (esos agentes de cambio) no dejan de ser niños que necesitan cariño mientras contribuyen a mejorar las condiciones del mundo en el proceso”, menciona.

David cree que cualquier espacio educativo puede promover esta perspectiva de agencia de cambio. Más allá de que exista un sistema de educación ideal, plantea que existe un paraguas más grande que son las metodologías activas de aprendizaje, que finalmente pueden trasladarse a un espacio escolarizado formal.

La estrategia de Ashoka para las juventudes dentro de su red es un ejemplo representativo. Dentro del horizonte de posibilidades que deben concretarse para que exista un mundo de agentes de cambio, las juventudes asumen roles importantes para la cocreación de esta visión. Las y los jóvenes pueden abanderar estas ideas y convertirse en colíderes del movimiento, impulsando a más personas en sus viajes de cambio. Así, se tornan en inspiración para que más personas crean en la motivación de las personas jóvenes y se comprometan a articular esfuerzos para concretar esas ideas de innovación social.

Ashoka también promueve que existan jóvenes facilitadoras y facilitadores de programas de formación, integrando una perspectiva de juventudes y un liderazgo horizontal y colaborativo entre generaciones. ¿Qué tan frecuentemente vemos a un adulto aprendiendo de un niño o un joven? En Ashoka, la pregunta detona espacios de integración intencionados, como el programa Your Kids, destinado a que las familias promuevan el liderazgo y la autonomía de los más jóvenes. Por otro lado, la Comunidad Colíder ha reconocido el valor de incluir a las juventudes en sus redes, pues son clave para hacer permanentes los cambios críticos que se requieren en las políticas públicas, la economía, la educación y las narrativas para consolidar las siguientes generaciones de líderes de impacto. 

Ashoka, después de todo, fomenta más que sus buenas prácticas educativas replicables: la percepción acerca de la educación misma y el momento en que entra a revolucionar la vida de un individuo para habilitarle como “transformador de la realidad”. David puntualiza que la persona que quiere ser activadora de cambio o abanderada de algún cambio es aquella que ha aprendido no a delegar, sino a cocrear el liderazgo, sabiendo cuándo y cómo construir aprendizaje con más personas, orientándose a una visión compartida.

Ante este paradigma, ejemplifica con lo que ocurre hoy en día entre bachilleratos comunitarios del Estado de México. Este sistema de educación media superior ofrece oportunidades para el desarrollo de proyectos comunitarios que impacten positivamente la economía de las familias, así como el transcurso y la permanencia escolar. Uno de ellos es un grupo de jóvenes que crearon gomitas de alga espirulina para mejorar la alimentación de sus compañeros, proporcionándoles un producto de calidad, con buen sabor y accesible que prolonga su salud.

Otra alumna logró resarcir el tejido social al encontrar una manera de mediar conflictos, así como prevenirlos a través de materiales digitales, por medio de podcasts con experiencias de por qué no es deseable la violencia y de que es más fácil y beneficioso prevenirla. Con esta iniciativa, planteles que tenían disputas entre sí averiguaron que el conflicto que creían irresoluble no existía, mejorando su conexión con actividades conjuntas entre planteles.

Las buenas prácticas educativas sistematizadas, reunidas por Ashoka en alianza con Fundación MetLife, entregaron a las y los docentes fórmulas para decantar conocimiento a las juventudes que, a su vez, construyeron soluciones desde los diagnósticos de problemáticas a partir de la empatía.

David identifica que esas grandes soluciones comunitarias podrían terminar cambiando la sociedad a gran escala. Esto sólo puede lograrse mediante el apoyo articulado de aliadas y aliados y con las estructuras adecuadas. ¿Hasta dónde puede llegar un niño, niña o un(a) joven? Hasta donde su comunidad se lo permita. Lo que significa confiar en la capacidad de impacto de niñas, niños y adolescentes jóvenes.

“Ashoka es precisamente este espacio que encontré para identificar que lo que llaman locura en realidad son buenas ideas. Ahora, estoy viendo personas que juegan en su propio juego y se convencen de que hay un mundo más importante y que va más allá de sí mismos”, agrega.

Para David, “en este momento, enfocar a las juventudes es recordar que todas las personas que hoy gozan de adultez fueron jóvenes que quizá también necesitaron que creyeran en ellos y ellas. Así, la historia previa se ha condensado en dos caminos posibles para las juventudes:, que se equivoquen y sean reprendidos o menospreciados o permitirles equivocarse y encontrar nuevos aprendizajes que llevan a soluciones más poderosas. Y si ya tienen a la juventud hasta en la sopa es porque son el alimento de la sociedad y lideran una forma de resarcir los daños para un mejor presente y el más prometedor de los futuros.

Él vislumbra una realidad próxima donde el poder sea reconvertido para servir al bien común, y que las juventudes sepan que rebasar limitaciones no es cuestión de suerte, sino de empatía y de inspirarse en las personas que históricamente no hemos escuchado.

“Hay que formar nuevos enseñadores y enseñadoras, mediadoras de una visión. En Ashoka, me han permitido equivocarme, me han invitado a decir no sé, pero también a hacer reconocible mi poder sobre cambiar las cosas”, concluye.

La empatía es una capacidad que se desarrolla desde los primeros años de vida, con meros gestos y la forma en que se reconoce la voz y tono de los cuidadores, el cerebro encuentra la manera de simpatizar. Así como David, Ashoka almacena miles de historias que desde la empatía y la comprensión han conseguido repercutir significativamente en sus entornos. Conoce más en el siguiente enlace y atrévete a sumarte una visión transformadora.

Este artículo del Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación puede ser compartido bajo los términos de la licencia CC BY-NC-SA 4.0