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Hablemos del extractivismo epistémico

Al convertir los saberes en mercancías despolitizadas, el extractivismo epistémico anula la identidad de los pueblos y reduce su pensamiento a un objeto de consumo.
Una lectura de» 5 »minutos»

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En agosto de 2025, Ivan Jablonka publicó en Francia el libro La culture du féminicide a través de la editorial Seuil. No mucho después, en sus redes sociales, Esther Pineda G., escritora y feminista venezolana, señaló ser víctima de apropiación y extractivismo intelectual, al destacar que el francés afirmaba haber acuñado el término “cultura femicida”, mismo que la autora ya había postulado con anterioridad en su libro Cultura femicida. El riesgo de ser mujer en América Latina, publicado en 2019.

El extractivismo

Antes de comenzar a definir lo que es el extractivismo epistémico, es necesario abordar el concepto de extractivismo por sí solo. De acuerdo con Imelda Aguirre Mendoza y Julio César Borja Cruz, en su texto La muñeca otomí ante el extractivismo epistémico, el extractivismo ayuda a explicar “el saqueo, acumulación, concentración, devastación (neo) colonial, así como la evolución del capitalismo moderno e incluso las ideas de desarrollo y subdesarrollo –como dos caras de un mismo proceso–”. 

Por otro lado, en el capítulo Extractivismo epistémico: del robo económico al robo epistemológico del libro Construir un nosOtros con la tierra Voces latinoamericanas por la descolonización del pensamiento y la acción ambientales, Ramón Grosfoguel ve el extractivismo como el “despojo, el robo y la apropiación de recursos del sur global (el sur del norte y el sur dentro del norte) en beneficio de unas minorías demográficas consideradas racialmente superiores; minorías que componen el norte global (el norte del sur y el norte dentro del sur) y constituyen la élite capitalista del sistema-mundo”.

Aguirre Mendoza y Borja Cruz explican que en estas prácticas no existe una preocupación por la sustentabilidad de los proyectos, lo que se relaciona intrínsecamente con el agotamiento de los recursos, priorizando la exportación antes que el consumo local; de esta manera, se agravan los impactos sociales y ambientales que adolecen al sur global. 

El extractivismo puede considerarse “directo”, como en los casos de la megaminería o la industria pesquera, y “mediado” en actividades como el turismo en masa. A lo que los autores suman el término “etnomercancía”, estrechamente relacionado con las práctivas extractivistas, pues refiere a la producción maquinizada de los diseños tradicionales textiles y artesanales de pueblos originarios por parte de grandes corporaciones: “el extractivismo en el saber hacer indígena no sólo lucra con artefactos que se transforman en mercancías, sino con el uso y la apropiación de una identidad étnica y de una concepción particular que se tiene sobre el mundo”.

Aunado a esta práctica, Luca Sebastiani y Aurora Álvarez Veinguer explican que en años recientes el término “extractivismo” ha ampliado su uso en las ciencias sociales, dando lugar a conceptos como el extractivismo “epistémico”, “cognitivo”, “intelectual” y “ontológico”.

El extractivismo epistémico

Grosfoguel señala que el término “extractivismo cognitivo” fue acuñado por Leanne Betasamosake Simpson a inicios de 2013, con el cual expone que la ciencia occidental ha saqueado los saberes indígenas, sin entablar un diálogo respetuoso, pues se limita a robar ideas fuera de su contexto y cultura para asimilarlas y comercializarlas bajo una mentalidad colonial y utilitaria. Además, el autor señala que esto despolitiza el conocimiento, pues es una “mentalidad que no busca el diálogo que conlleva la conversación horizontal de igual a igual entre los pueblos” ni siquiera pretende entender dichos conocimientos en sus propios términos, sino que busca extraer dichas ideas para “subsumirlas –colonizarlas– en los parámetros de la cultura y la episteme occidental”.

“El extractivismo epistémico extrae ideas (científicas o ambientalistas) de las comunidades indígenas; las saca de los contextos en que fueron producidas para despolitizarlas y re-significarlas desde lógicas occidental-céntricas”. — Ramón Grosfoguel. 

Más allá de saquear los recursos naturales, el extractivismo también saquea el saber indígena. La cultura dominante se apropia de sus tecnologías e ideas, descontextualizándolas para su beneficio comercial, mientras ignora a los pueblos creadores. Es un despojo tanto material como epistémico que destruye su entorno e identidad.

Citada por Grosfoguel, Silvia Rivera Cusicanqui señala que “La palabra legítima le pertenece a los de arriba, los de abajo dan insumos. Lo mismo que en todo sistema de conocimiento, nosotros producimos materia prima y nos devuelven el producto elaborado”. A esto, el autor añade que dichas apropiaciones forman parte de las “jerarquías de producción de conocimiento epistémicamente racistas”, donde se elimina la autoría de las personas del sur y se reemplaza con la de personas del norte.

El imperialismo y el colonialismo imponen una mentalidad egocéntrica que saquea a los pueblos y la naturaleza. Esta actitud, basada en la superioridad racial, resulta insostenible al depender del robo y de la destrucción. “El problema no es que una cultura no tenga derecho a tomar de otras culturas. El problema es cuando una cultura destruye a otra y en el proceso se apropia de sus aportaciones”, explica Gosfoguel.

El caso de Esther Pineda G.

Esther Pineda G. es una escritora feminista venezolana, socióloga de profesión, egresada de la Universidad Central de Venezuela, donde además cursó su maestría, doctorado y postdoctorado. Sus libros abordan temáticas relacionadas con los estudios de la mujer y la discriminación racial en Latinoamérica. 

El 2 de diciembre de 2025, la autora salió a defender su obra al señalar al francés, Iván Jablonka, de apropiarse “del trabajo académico y la producción intelectual de una mujer negra latinoamericana, lo cual es una clara evidencia del privilegio patriarcal, racista y eurocéntrico”. En el mismo post, Pineda apunta que las similitudes incluyen el título, la tesis central, la atribución de la creación del concepto y que incluso la portada es una copia de la edición original del libro sin hacer nunca mención a su trabajo.

“[…] al mismo tiempo que ‘inferioriza’, es decir, desprecia o desestima los conocimientos indígenas, mestizos y afros, se apropia de ideas de los intelectuales mestizos, indígenas o afros, sin citarlos nunca”. Ramón Grosfoguel.

Pineda destaca que se acercó primero al autor en privado para pedir una explicación sobre las similitudes antes señaladas, a lo que él asegura no haber tenido la oportunidad de leer el trabajo de Esther. La respuesta de Jablonka (alegar desconocimiento) subraya la asimetría de poder. Mientras las y los intelectuales latinoamericanos están obligados a citar y conocer la academia europea para ser legitimados, la academia europea se permite ignorar la producción intelectual del sur, incluso cuando las tesis y estructuras son idénticas.

Hacer investigación éticamente

Sebastiani y Álvarez Veinguer retoman las ideas de Klein y Simpson, quienes hablan de una reciprocidad profunda, en la que los extractivistas se mantengan cerca y puedan experimentar los impactos de este comportamiento. No obstante, los primeros proponen el término “investigar con cuidado”, como una visión orientada a la superación o, al menos, al cuestionamiento del extractivismo epistemológico y ontológico, entendiendo los cuidados desde la concepción de García Selgas y Martín Palomo: “todo lo que se hace para mantener o reparar el mundo”.

En este contexto, Sebastiani y Álvarez Veinguer explican que cuidar no se refiere a la empatía ni a “ponerse en los zapatos del otro”, sino que se entiende como un “pensar con” y “hacer con”, haciendo hincapié en la necesidad de cambiar la manera en que investigamos.

Retomando a Simpson desde el texto de Grosfoguel, se requiere, pues, un cambio de mentalidad, en el que se vea a los pueblos indígenas como pueblos y naciones inteligentes, no como recursos para extraer. Se necesita que tanto los individuos como las comunidades y las personas se desenvuelvan en relaciones justas, significativas y auténticas.

“La alternativa al extractivismo es la reciprocidad profunda”. — Lianne Betasamosake Simpson.

Mientras la academia y la cultura popular sigan operando bajo la lógica del despojo, historias como la de Pineda y Jablonka se repetirán. El verdadero cambio de mentalidad consiste en entender que el conocimiento indígena y afrodescendiente no está a la espera de ser «descubierto» o «validado» por el Norte global, sino que exige un diálogo entre iguales en el que la autoría y la dignidad sean innegociables.



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