Mucho color, poco valor

Muchos programas para infantes que dicen ser educativos, pueden tener consecuencias negativas a largo plazo debido al uso de elementos que sobreestimulan el cerebro de niños y niñas.

Mucho color, poco valor
Ilustración: Alias-Ching, istock.com
Una lectura de 6 minutos

Todos estamos rodeados de pantallas, y para muchas personas será difícil o imposible separarse de ellas debido a que se han convertido en el portal directo para trabajar, entretenernos y comunicarnos. Igualmente, más allá de las pantallas, la cantidad de contenido que no solo encontramos en televisión, sino también en plataformas de streaming va en aumento, ofreciendo a infancias y sus familiares un menú bastante robusto de series que pueden ver a través de sus tabletas, televisores y smartphones.

Los programas educacionales para niños y niñas han evolucionado considerablemente a lo largo de la historia. Uno de los primeros programas educativos se estrenó en Estados Unidos en 1952: Ding Dong School, el cual se realizaba en vivo. En este, se mostraba a una maestra en blanco y negro realizando distintas actividades educativas en cámara, la cual estaba posicionada a la altura de lo que sería la perspectiva de un niño pequeño. Fue hasta los años setenta que se comenzaron a introducir caricaturas educativas como School House Rock! En 1973 y la introducción de Plaza Sésamo, la cual no es completamente animada, pero tiene varios elementos. Es a partir de ahí que comienzan a aparecer programas de televisión enfocados en la audiencia de infancias, y series muy queridas como Dora la exploradora, Las pistas de Blue, entre muchas otras, comenzaron a ganar tracción.

Y cómo han cambiado las cosas desde entonces. Actualmente, todavía existen adultos que enseñan a niños a pronunciar palabras o realizar manualidades tales como Ms. Rachel y Blippy. Sin embargo, la manera en que presentan su contenido es muy diferente debido a los avances tecnológicos y accesibilidad con la que las personas pueden editar y compartir sus materiales en plataformas gratuitas como YouTube.

Pero más no significa mejor. Es común que familiares y tutores quieran introducir a sus pequeños los mejores programas que contribuyan su desarrollo, de tal modo que eviten aquel contenido que tenga escenas violentas, lenguaje explícito u otras influencias negativas. Empero, los elementos superficiales que pueden conformar una serie no garantizan su calidad y es imperativo analizar lo que están viendo los niños y niñas.

De igual forma, las caricaturas también son muy diferentes a lo que eran antes, en donde los avances tecnológicos han desembocado en nuevas formas de animación como el 3D y la accesibilidad a una paleta de colores más amplia y vibrante a lo que se podía anteriormente.

A lo largo de la historia también se han realizado investigaciones que ayudan a grandes empresas y creadores de contenido, que han influido enormemente a la manera en que se hacen estas series, no solamente para integrar atributos que mejoren el aprendizaje de las infancias, sino también para asegurarse que no desvíen la atención al estar frente a las pantallas y quieran consumir más… Lo cual puede ser problemático.

¿Cómo es un programa sobreestimulante?

Las pantallas pueden fungir como una especie de “niñera instantánea” a padres, madres y guardianes, las cuales les otorgan un respiro al tener a niñas y niños quietos por un rato. Sin embargo, abusar de esto puede tener consecuencias contraproducentes en la mente de las infancias de hasta tres años. A simple vista pueden parecer inofensivos, pero programas muy exitosos como CocoMelon, Ms. Rachel y Paw Patrol, cuentan con características similares que usualmente son calificados por padres y expertos como programas de alta estimulación, porque capturan casi al instante la atención de los niños pequeños:

Elementos de una serie infantil de alta estimulación

  • Colores muy brillantes: Las paletas de color son extremadamente brillantes, por lo que las tonalidades son más sencillos de discernir para ojos que apenas se están desarrollando.
  • Cambios de escena erráticos: Muchos de estos programas tienen cortes entre escenas que pueden llegar a durar hasta dos segundos, lo cual es excesivo a comparación de una serie para niños normal, que son entre ocho y diez segundos. Esto se debe a que los cambios constantes atrapan la atención de los infantes, y aún más cuando en todas las escenas hay muchísimo movimiento y distintas posiciones de cámara.
  • Gran cantidad y volumen de sonidos: Diferentes ritmos y sonidos que están ocurriendo  a la vez puede ser muy confuso para las y los pequeños; especialmente cuando los sonidos están uno por encima de otro. De igual manera, algunas series abusan de crear canciones demasiado repetitivas con el objetivo de fijar su atención en la pantalla.
  • Tramas nulas o apresuradas: En este tipo de series, los efectos del programa son priorizados sobre el contenido, por lo que la trama puede ser inexistente, demasiado simple o tener un ritmo tan acelerado que no sea sencillo comprender el mensaje. Para los infantes, solo será una experiencia sensorial intensa sin un trasfondo que sea de valor.

Al ver este tipo de programas, a simple vista puede parecer curioso o hasta gracioso que un niño o niña no quite los ojos de la pantalla y se vean muy concentrados, pero el problema está en que hay tantos incentivos de colores, movimientos y sonidos que suceden al mismo tiempo que su cerebro es forzado a trabajar más rápido para procesar todos los estímulos que está recibiendo. Por lo que en cuanto la serie termina, su cerebro continuará trabajando, pero ahora sin estímulos; lo que puede hacer que experimenten emociones negativas como la desesperación, el enojo o el aburrimiento una vez que la pantalla se haya apagado.

Posibles efectos de series sobre estimulantes

¿En qué afecta a los más pequeños tanto estímulo en pantalla? La psicóloga Zabina Bhasin, quien se especializa en infantes y adolescentes, señala para ABC News que el constante avistamiento de estas series puede verse reflejado en lo siguiente:

  • Comportamiento: El cerebro de los infantes, al no estar estimulados constantemente como pasa con este tipo de series, pueden tener actitudes irritables, agresivas y hostiles al no tener la gratificación instantánea que estos les brinda.

“Los pequeños necesitan tener su dosis de aburrimiento. Les enseña a manejar su frustración y controlar sus impulsos. Si los niños están acostumbrados a ser estimulados por las pantallas, olvidarán cómo valerse por sí mismos u otros para entretenerse. Esto lleva a la frustración y entorpece la imaginación y la motivación”. – Zabina Bhasin.

  • Autorregulación emocional: Bhasin compara los estímulos mencionados anteriormente a una droga, por lo que esa actitud compulsiva es como si fuera un síntoma de abstinencia; y siendo tan pequeños, será difícil que puedan controlar sus emociones. Esto también puede llevarlos a tener ansiedad y dificultar sus habilidades de adaptación al cambio.
  • Capacidad de atención: Como se mencionó anteriormente, estos programas de televisión tienen todos los elementos necesarios para que niños y niñas no despeguen sus ojos de la pantalla. Debido al ritmo acelerado de este tipo de contenido también dificultará a los menores  tener la paciencia necesaria para interactuar con su entorno y llevar a cabo actividades más tranquilas que requieran su concentración tales como colorear, socializar o escuchar un cuento, las cuales son actividades esenciales en estas etapas de la vida para que puedan desarrollar su imaginación y otras habilidades cognitivas. 

Programas de baja estimulación

Parecería que la modernidad en conjunto con las tecnologías son las culpables del cóctel de sobre estímulos que pueden ser algunas series de televisión, pero la realidad es que a pesar de ello, existen muchísimas plataformas de donde escoger programas que tengan valor educativo y que sea benéfico para las y los niños. Muchos padres, madres y tutores se han unido a la tendencia de regresar a las caricaturas de sus propias infancias, tales como Las pistas de Blue, Franklin, Pingu y Winnie-the-Pooh. De igual manera, también hay series relativamente nuevas que, además de ser populares, son aptas para las infancias y de utilidad formativa como Puffin Rock, Bluey y Gran Camión.

Los programas de baja estimulación transmiten calma, con sonidos y música tranquilos, transiciones lentas, colores tenues, escenas de larga duración y temáticas simples con conflictos leves. Es a través de este tipo de series que las infancias pueden tener una sana relación con las pantallas y sacar provecho educativo de ellas.

Cabe mencionar que, mientras que las series pueden brindar a la niñez nuevos conocimientos, canciones, valores, entre otros, la interacción con otras personas y experiencias que tenga con su entorno será la primera fuente de aprendizaje. El contenido de las pantallas es tan solo una fuente de apoyo que será más efectivo si familiares y guardianes saben distinguir aquellos programas que aporten significativamente al desarrollo de las infancias.

De igual manera, es posible no evitar por completo aquellos programas de alto estímulo, sino complementarlo con la convivencia de familiares y adultos. Esto, a través de límites de tiempo, ver el programa con ellos y preguntarles acerca de lo que observan y también bailando y cantando las canciones del capítulo que vean juntos para reforzar sus habilidades sociales y de habla.

Lo que puede ser meramente distracción para tener unos cuantos minutos de alivio puede tener graves consecuencias, dañando las actitudes y procesos cognitivos de niños y niñas. La moderación es clave en distintas áreas, y para el tiempo en pantalla y series de televisión esto no es excepción. Padres, madres, familiares y tutores tienen la responsabilidad de gestionar el tiempo en pantalla de los más pequeños, así como también observar, reflexionar e informarse constantemente sobre el contenido que estos consumen con el objetivo de proteger su equilibrio personal integral.


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