La deuda de sueño

Profesionales de la salud, científicos del sueño, educadores, familias, estudiantes y ciudadanos están abogando por cambiar los horarios escolares.

La deuda de sueño
Estudiantes de la escuela secundaria Chu Jen (Taichung, Taiwán) durmiendo en tiempo de descanso. Foto por: CHIAYING YANG | 楊佳穎 bajo la licencia Creative Commons Attribution 2.0 Generic, con modificaciones.
Una lectura de 4 minutos

Siempre me he considerado una morning person, es decir, una persona que funciona mejor durante las mañanas (o durante el día) que en la noche. A mi eso de estudiar por las noches no me ha funcionado nunca, ni con litros y litros de café, sin embargo, a otras personas se les da perfecto y pueden ser muy productivas durante la noche. Recuerdo que cuando iba a la escuela no me costaba trabajo levantarme temprano, en cambio, a mis hermanos sí que les costaba, era un sufrimiento cada mañana para ellos y para mi madre, claro, que tenía que apurarlos para que no llegaran tarde. También tenía compañeras de clase que frecuentemente llegaban tarde, se les veía casi siempre corriendo para alcanzar a cruzar la puerta de la escuela antes de que sonara el timbre. En general, para muchas familias estos escenarios son comunes, de todos los días. Las mañanas suelen ser una carrera contra reloj: levantar a los niños, bañarlos, vestirlos, preparar el desayuno, la mochila, el lonche y encaminarse a la escuela (ya sea en coche, transporte público o caminando) para llegar a tiempo. Más o menos ese era el común denominador de las mañanas de muchas familias antes de la pandemia.

Y es que, si bien en ese entonces yo no tenía dificultades para despertar temprano, lo más común era que costara trabajo (y mucho) levantarse como mínimo a las 6 a. m. o incluso a las 5 a. m., dependiendo de qué tan lejos estaba la escuela, porque en México y muchos países de Latinoamérica las clases inician generalmente a las 7 a. m. ¡Lo cual ahora me parece una locura! Pero en ese entonces ni me lo pensaba, nunca me planteé la posibilidad de que la escuela iniciara más tarde. Existía la posibilidad de ir a clases en el turno vespertino pero ese turno tenía mala fama porque, decían, ese era el horario para los estudiantes que tenían bajo desempeño académico, los que repetían curso o aquellos estudiantes “problemáticos”. Una mala reputación infundada, prejuiciosa y sumamente injusta.

Para muchas familias lograr que sus hijos estén sentados en sus pupitres a las siete de la mañana es, francamente, un verdadero calvario. Es por eso por lo que antes de la pandemia el escenario común era ver que niños, adolescentes, madres, padres y docentes llegaban muy malhumorados a la escuela. Y, por si fuera poco, todavía esperábamos que bajo esas condiciones llegaran dispuestos a aprender y enseñar.

Cuando llegué a Barcelona hace poco más de siete años, me sorprendió mucho ver que las clases inician a las 9 a. m. “¡Que tarde!”, pensé en su momento. Sin embargo, ahora me parece que es un horario mucho más natural, más compasivo y empático, no solo con los estudiantes sino también con las familias y los docentes. Y aunque de todas formas por aquí se ve una que otra niña o niño somnoliento y malhumorado camino a la escuela, la verdad es que se ve menos. ¿Por qué las clases inician tan temprano en Latinoamérica y otros países? ¿No sería mejor iniciar la jornada escolar más tarde? ¿Por qué la mayoría de las familias optan por el horario matutino?

Estas son algunas preguntas que se han planteado investigadores, docentes, expertos en educación y grupos de personas que están empujando por cambiar los horarios escolares. Un ejemplo es Start School Later (Empezar la escuela más tarde) una coalición de profesionales de la salud, científicos del sueño, educadores, familias, estudiantes y ciudadanos “dedicados a aumentar la conciencia pública sobre la relación entre el sueño y el horario escolar y a garantizar que los horarios de inicio de clases sean compatibles con la salud, la seguridad, la educación y la equidad”. Esta organización sin fines de lucro busca abogar por una legislación que garantice horarios escolares saludables, seguros y equitativos, basados en evidencia científica. Además de educar a la población sobre la importancia de dormir bien y la relación entre el sueño y el bienestar físico, psicológico y educativo de los estudiantes.

¿Por qué es tan importante dormir bien?

Desde hace más de 30 años, científicos del sueño y profesionales de la salud han demostrado que dormir es una importante función fisiológica del organismo, esencial no solo para nuestra salud física sino también para nuestro rendimiento y bienestar emocional. Las personas necesitamos dormir por lo menos 8 horas diarias, de lo contrario, somos “más propensos a quedarnos dormidos debido a la presión homeostática que induce el dormir”, señala Arturo Arrona Palacios en el artículo “Iniciar más tarde el horario escolar puede beneficiar el aprendizaje” que publicamos esta semana en el Observatorio. De acuerdo con el Dr. Arrona, los horarios escolares alteran los horarios de sueño de los estudiantes, principalmente aquellos que se encuentran en la adolescencia. Esta desincronización provoca un retraso de fase del ciclo de sueño-vigilia y hace difícil que cualquier adolescente se acueste temprano. Es por eso por lo que la mayoría de los adolescentes viven con una constante deuda de sueño, caracterizada por ciclos de sueño irregulares y acortados. Si quieren saber más sobre ritmos circadianos, preferencias circadianas y la relación entre los turnos escolares y el rendimiento académico de los estudiantes, les recomiendo su artículo que pueden leer haciendo clic aquí.

Pero si bien diversos estudios han demostrado que retrasar el horario escolar mejora la salud física y mental del estudiante, así como también su rendimiento académico, ¿por qué la escuela no inicia más tarde? ¿Por qué rechazamos tanto el turno vespertino? Más allá de prejuicios y preferencias, para muchas familias el horario escolar matutino es su única opción, ya que tienen que empatar su horario laboral con el horario escolar de los hijos. Y es que los horarios de las escuelas pueden cambiar el ritmo de toda una comunidad (o viceversa). Si la escuela inicia a las 7 a. m. entonces los trabajos, negocios y demás actividades suelen también ajustarse a este horario. Y lo vemos en México donde, por ejemplo, algunos negocios esenciales como los supermercados abren sus puertas incluso desde las 6 a. m. El caso opuesto lo podemos ver aquí en Barcelona, donde los negocios en general abren a partir de las 9 a. m. como muy temprano. En definitiva, el ritmo y la calidad de vida de toda una comunidad está influenciada por los horarios escolares. Pero creo que aquí estamos ante una situación del tipo el huevo o la gallina, así que los dejo con la siguiente pregunta para abrir la discusión: ¿Es la ciudad la que se adapta al horario de la escuela o es la escuela la que se adapta al ritmo de vida de la ciudad?

Karina Fuerte
Editora en jefe, Observatorio de Innovación Educativa

Este artículo del Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación puede ser compartido bajo los términos de la licencia CC BY-NC-SA 4.0