Los derechos lingüísticos son esenciales para la preservación de las lenguas y el acceso a otros derechos. Sin embargo, este tipo de discriminación es una constante alrededor del mundo: una problemática normalizada e invisibilizada que vulnera a las personas.
Diversidad lingüística
Se le conoce como diversidad lingüística a la existencia de distintas lenguas alrededor del mundo, se estima que hay más de 10 mil lenguas diferentes, siete mil de ellas son habladas y las otras tres mil son el medio de comunicación de las comunidades sordas, por lo que son signadas o señadas. Sin embargo, explica la ONU, aproximadamente cada dos semanas desaparece una lengua, llevándose consigo “todo un patrimonio cultural e intelectual”.
“En el aprendizaje de la cultura va incluido el canal que la transmite: el lenguaje, volviéndose una parte importantísima, a tal grado que es lo que principalmente define culturalmente a un grupo humano”. Jesús Abraham Mora García
Las lenguas por sí solas son una expresión de la historia de cada comunidad, pues cada pueblo desarrolla su propia forma de comunicación, cada una de ellas es distinta “según los sonidos, las palabras, la forma en la que se organizan y usan esas palabras, así como lo que tales palabras significan a las personas”, además que tienen un papel estratégico para el desarrollo individual y social de sus hablantes, siendo no solo una forma de comunicación, sino también parte de su identidad.
Derechos lingüísticos
La Declaración Universal de Derechos Lingüísticos establece una distinción fundamental entre dos tipos: individuales y colectivos. Por un lado, los derechos individuales se centran en el reconocimiento de las personas como parte de una comunidad lingüística y garantizan su libertad para usar su lengua tanto en el ámbito privado como público. Por otro lado, los derechos colectivos se refieren a la presencia sociocultural de las lenguas, su visibilidad pública, así como la provisión de servicios y protección por parte del Estado, a los cuales tienen derecho los hablantes y que las autoridades están obligadas a asegurar.
Es decir, en palabras de la maestra Lucero Cristal Quintero Rubio, “los derechos lingüísticos se refieren a la facultad que tiene toda persona de expresarse en su propia lengua, ya sea de manera oral o escrita tanto en el ámbito público como privado y a que esa expresión pueda contar con una validez y protección oficiales”.
Además, la investigadora agrupa en cinco campos los distintos derechos lingüísticos:
- Cultura: los derechos lingüísticos aseguran a las personas de pueblos originarios la preservación y promoción de sus lenguas como parte integral de su identidad y patrimonio cultural.
- Educación: incluye acceso al conocimiento y producción cultural en su lengua, en un ámbito oficial, no sólo familiar.
- Justicia: se garantiza a las personas de pueblos originarios el derecho a la interpretación y traducción en sus lenguas durante procedimientos legales, asegurando equidad y respeto a usos y costumbres. También incluye la defensa de derechos en temas diversos como propiedad y ambiente.
- Servicios: abarca el acceso a servicios públicos en la lengua materna, incluyendo trámites gubernamentales y comunicaciones oficiales. Asimismo, implica disponibilidad de información y personal capacitado en lenguas indígenas, así como señalización pública bilingüe en áreas de población de pueblos originarios.
- Participación ciudadana: se enfatiza el derecho de los pueblos originarios a tener personalidad jurídica para influir en decisiones colectivas y acceder a instancias legales. Esto facilita la representación legal y la protección de derechos individuales y colectivos en el ámbito institucional y comunitario.
De acuerdo con datos de las Naciones Unidas, actualmente más del 40 % de la población en el mundo no tiene acceso a educación en su lengua materna, esta cifra asciende al 90 % en algunas regiones. Estas cifras son escandalosas cuando la organización señala que distintos estudios “destacan los beneficios de utilizar las lenguas maternas de los alumnos en la educación, ya que fomentan mejores resultados de aprendizaje, la autoestima y la capacidad de pensamiento crítico”.
Derechos lingüísticos en México
En México, el derecho de los pueblos originarios a preservar y enriquecer sus lenguas está reconocido desde la Constitución. La CNDH indica que este derecho está expresado en el artículo 2o. e implica tres aspectos esenciales:
- Permitir y fomentar el uso de las lenguas.
- Reconocimiento y respeto a las lenguas indígenas como lenguas vigentes y con la misma validez que el español, especialmente en procesos institucionales.
- La promoción de estas lenguas como obligación del Estado, tanto en espacios educativos como institucionales.
Por otro lado, el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI) explica que la legislación mexicana establece que las personas hablantes de estas tienen derecho a:

Se establece así la prohibición a cualquier tipo de discriminación a causa o en virtud de la lengua que se hable. Sin embargo, tan solo en México, la Ley General de los Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas tiene poco más de 20 años. Muy poco tiempo para un país que oficialmente cuenta con 69 lenguas maternas.
Discriminación lingüística
Ya quedó establecido que el mundo es evidentemente multicultural y multilingüe y que el desarrollo personal y social está fuertemente vinculado al acceso de oportunidades y educación en la lengua materna. Parece absurdo imaginar que exista algo como la discriminación lingüística, sin embargo, es más común de lo que se cree.
Pero entonces, ¿qué es la discriminación lingüística?
La discriminación lingüística (también conocida como glotofobia) es el trato desigual a las personas debido a su lengua u otras características relacionadas con sus conocimientos lingüísticos (como lo es el acento, vocabulario o su lengua materna). En su artículo, Estela Celero Hernández explica que este tipo de trato desigual vulnera los derechos humanos de la misma manera que lo hace el racismo.
Este tipo de exclusión no está limitada a las burlas y humillación hacia aquellos que hablan una lengua distinta a la dominante, sino que afecta en aspectos más profundos como lo es la desigualdad salarial e incluso el acceso a la educación, pues además suele ir dirigida a grupos sociales históricamente desfavorecidos, como lo son los migrantes y los pueblos originarios.
El problema va más allá de los contextos educativos e institucionales, sino que estos prejuicios se reproducen en la vida cotidiana y todas las prácticas asociadas al uso del lenguaje. Dichos prejuicios provienen de ideas erróneas o desconocimiento de conceptos o nociones lingüísticas, dejándose guiar principalmente por el prestigio que posee la lengua dominante. Rosa Cristina Martínez, licenciada en filología y etnoeducadora, explica a Deutsche Welle que “el lenguaje es racista”, pues es un reflejo de los valores que permean a sus hablantes en sociedad.
En palabras de Velázquez Castillo y Nogueira Beltrão: “Tanto las lenguas indígenas como las variantes del español asociadas a las clases bajas y las poblaciones indígenas o negras son consideradas inferiores en términos de complejidad. Esto denota un racismo y clasismo epistémicos, ya que cuando éstas se alejan de las formas normativas de hablar y escribir en español, comúnmente son blanco de burlas, insultos e incluso se les niega la participación política en contextos institucionales”.
Discriminación lingüística en la cotidianeidad
En la vida diaria podemos encontrar pequeñas acciones discriminatorias, aunque en muchas de las ocasiones esa no sea la intención; es más, muchas veces no nos percatamos de la profundidad en nuestras acciones y palabras.
Christine Ro, corresponsal de la BBC, explica que un ejemplo de ello es la discriminación por el acento que tienen las personas al hablar inglés, en donde hablantes nativos como no nativos pueden ser juzgados o marginados si su inglés no se ajusta a los estándares predominantes. A lo que añade que estos prejuicios van acompañados de una percepción racial o nacional, donde el acento de algunos europeos (principalmente provenientes de Francia, Alemania o Italia) suele ser catalogado como atractivo, mientras que, cuando es hablado por personas de Asia, África o el Medio Oriente se percibe de manera negativa, considerándolo difícil o poco agradable, independientemente de sus habilidades comunicativas reales.
Otros ejemplos son proporcionados por la Dra. Erin Bell, quien señala actitudes como externar que el acento de alguien es “demasiado difícil” para entender, no hacer el esfuerzo de pronunciar correctamente el nombre de otra persona o incluso hacer un uso complejo o difícil de la lengua escrita en foros públicos.
“Créanme cuando les digo que, casi veinte años después de haber emigrado a Canadá, ningún obstáculo me ha resultado más difícil de superar que la discriminación lingüística. Y eso teniendo en cuenta que me he convertido en un experto en superar muchos tipos de obstáculos debido a los estereotipos sobre mi etnia (como inmigrante “racializado” que vive en Quebec), mis características físicas y mi orientación sexual, solo para darles una idea”. Iván Barradas
Iván Barradas explica este tipo de marginación desde su vivencia como migrante en Canadá, señalando que aunque puede parecer más sutil que otras formas de discriminación, como la xenofobia o la transfobia, es igualmente dañina, ya que “desencadena un proceso de estigmatización en la víctima, generando un sentimiento de exclusión, una barrera comunicativa, una falta de legitimidad lingüística y una negación de la identidad”, trayendo consigo consecuencias para la salud física y psicológica, como lo son la baja autoestima, la ansiedad o la depresión.
Sin embargo, la discriminación es una forma de violencia y estos actos pueden convertirse en cosas más peligrosas. El 21 de junio de 2022, Juan Pablo fue rociado con alcohol y después prendido fuego por sus propios compañeros de secundaria. ¿La razón? No hablar «bien» español y comunicarse con su lengua materna, el otomí. Si bien, pareciera un caso aislado, no es así: la discriminación lingüística y el racismo lingüístico son una constante alrededor del mundo. El caso de Juan Pablo es un claro ejemplo de lo invisibilizada que está esta problemática, a la cual, y desgraciadamente, todos aportamos con pequeñas acciones como las antes mencionadas, las cuales lo único que hacen es normalizar la violencia.
Este racismo y clasismo epistémico que se relaciona con los prejuicios lingüísticos, es posible observarlo con los distintos mitos y realidades que existen sobre las lenguas. Para entenderlo un poco más a fondo revisemos algunos conceptos y creencias.
La importancia de los conceptos
Hector Islas Azaïs asegura que nuestra cultura está marcada por prácticas lingüísticas que frecuentemente resultan degradantes y despectivas para aquellos que se desvían de la norma. Una situación frecuente en todos los contextos, desde el ámbito escolar hasta los tribunales, desde el hogar hasta el lugar de trabajo.
La discriminación lingüística comienza desde la forma en la que usamos las palabras. ¿Alguna vez has escuchado que alguien dice sobre una persona indígena que está hablando en “su dialecto”? Bueno, te tengo una noticia: ¡Tú también estás hablando en un dialecto!
La palabra dialecto suele usarse de manera peyorativa y ofensiva, como si fuera algo inferior a una lengua. Decirle dialecto a las lenguas indígenas es una idea errónea y prejuiciosa al considerarlas inferiores o con menor valor que otras (como el español). En realidad, dialecto hace referencia a un “sistema lingüístico que deriva de otro, pero que no se diferencia suficientemente respecto de otros de origen común”, siendo una forma particular de hablar o escribir.
Para ejemplificar: yo soy hablante del español, sin embargo, es español de México el que hablo; y siendo aún más específica, hablo el español de León, Guanajuato, México, por lo que uso palabras y expresiones propias de ese lugar: yo digo cartuchera, bien mucho, echar reja y morusas. Ese es mi dialecto.
El uso del término dialecto para referirse a lenguas no dominantes revela un prejuicio que las considera inferiores, ignorando que todas, incluidas las indígenas, son igualmente complejas y valiosas.
En palabras de la CNDH: “Las lenguas maternas asociadas a los pueblos indígenas han sido consideradas como dialectos, básicamente con un sentido discriminatorio, con el que se pretende hacer creer que no son lenguas o idiomas, ni formas importantes de hablar en nuestro país, con lo que se menosprecia a estos sistemas lingüísticos y, sobre todo, se les asigna socialmente una categoría inferior, tal y como se hace con las y los indígenas”.
Este desprecio a las lenguas indígenas no es la única forma de discriminación. En México, los hablantes del español también son marginados y excluidos por la forma en la que hablan, alejada del estándar y del español de prestigio. Con la idea de que la gramática normativa o que los diccionarios son reglas que los hablantes deben seguir, muchos son blanco de burlas por su uso de algunas palabras. Situación a la que podemos agregar el acento, un rasgo también frecuentemente usado en estas prácticas.
“Obviamente, desde el punto de vista del lenguaje que discrimina la elección de términos tiene como consecuencia subrayar aspectos que se consideran reprobables o vergonzosos y que justifican (y a veces hasta exigen) la marginación del individuo con esas características”. Héctor Islas Azaïs
Mitos y realidades

La lengua es del hablante y el hablante es de su lengua
No importa qué lengua o qué dialecto de esa lengua hables, como explica el INALI, el derecho a usarla es esencial para ejercer otros derechos. Incluso para acceder a la justicia es vital contar con intérpretes y defensores que conozcan el idioma y la cultura. Además, para una educación efectiva que promueva el desarrollo personal y social son necesarios profesionales bilingües.
“Es importante erradicar la creencia de que la única forma correcta y válida de hablar producir conocimientos es a través del uso del español “estandar” representando en las gramáticas normativas”. Velázquez Castillo y Nogueira Beltrão
Las lenguas forman parte de nuestra cultura, los invito a hablar de la manera que mejor les parezca; a fin de cuentas, nuestras expresiones y forma son producto del lugar de donde venimos, forman parte de nuestra historia y de nuestra identidad.
Este artículo del Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación puede ser compartido bajo los términos de la licencia CC BY-NC-SA 4.0 















