Disfruta el silencio

El silencio y el no hacer nada es mal visto por una economía de la atención que nos hipnotiza día con día. Aún así, son estos tiempos donde más necesitamos apagar nuestras pantallas por unos momentos para disfrutar del silencio y reencontrarnos con nosotros mismos.

Disfruta el silencio
Imagen: freepik.es
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La ley del hielo que puede hacerte un conocido, la quietud durante un examen, el silencio incómodo en una conversación después de hacer un comentario inapropiado o el confinamiento solitario en las prisiones. No es algo nuevo que el silencio esté asociado con elementos negativos o estrictos como el castigo, la incomodidad, la formalidad o emociones fuertes como el enojo o la tristeza, e incluso la soledad. Esto me hace pensar en una escena en particular del descontinuado programa animado Un show más de Cartoon Network, el cual ha rondado mucho en redes sociales y se le etiqueta como graciosa y hasta morbosa:

Cabe mencionar que el miedo al silencio es atemporal. Blaise Pascal, matemático y filósofo francés del siglo XVII dijo: «La infelicidad del hombre se basa sólo en una cosa: que es incapaz de quedarse quieto en su habitación». Desde tiempos más lejanos, los seres humanos tenemos la inquietud de realizar actividades, e impresiona pensarlo, tomando en cuenta que la vida antes no era tan ajetreada y había menos ruido que en la actualidad. Si anteriormente era difícil estarse quieto, ahora lo es mucho más con la constante contaminación visual, a tal grado que la Agencia de Protección Medioambiental de los Estados Unidos lo considera como un riesgo a la salud, ocasionando presión alta, estrés y disrupciones en el sueño.

Estamos en constante exposición al ruido, no solamente por cuestiones externas como el tráfico, sino también por nosotros mismos que nos hemos envuelto en un entorno que también es ruidoso, ya sea a través de los videos que vemos en redes sociales, música y podcasts que no paran o el televisor que dejamos encendido mientras hacemos otras tareas. Mientras que no podemos hacer mucho al respecto con los sonidos del exterior, ¿por qué tenemos la necesidad de incentivar el ruido nosotros mismos? 

Por supuesto que ver videos y escuchar música son maneras de relajarnos o hasta potencializar nuestras actividades, pero llega un punto en donde el consumo de ellos es exagerado, a tal grado que no puede caber ni un segundo de silencio, y cuando nos encontramos en dicho predicamento, de las primeras acciones que tomamos en automático es usar nuestros teléfonos inteligentes y sumergirnos en el mundo de posibilidades infinitas que nos ofrece la pequeña, pero poderosísima pantalla.

Increíblemente, el cuento corto de Ray Bradbury “El Asesino”, publicado en 1953, predijo el mundo como lo vemos ahora: lleno de música, ruido, comerciales y conversaciones incesantes. Es tan normalizado este ajetreo, que el personaje que se le denomina asesino es visto como la oveja negra por destruir dispositivos electrónicos y de entretenimiento para conseguir algo de silencio; la cual es una alternativa extrema a la que se vio orillado  al no obtener respuestas de opciones más pacíficas. 

Dicho texto hace reflexionar sobre la realidad en la que vivimos actualmente, en donde la disponibilidad incondicional, la presencia en redes sociales y el sometimiento a infinitos medios audiovisuales en todo momento es la nueva normalidad. Y, como en el cuento, se puede decir que el asesino sería el equivalente a nuestra época a las personas que no tienen cuentas en las redes en tendencia, los cuales son vistos como diferentes y raros; y ni se diga de aquellas que no disponen de un teléfono inteligente. 

Las cantidades infinitas de contenido al que somos sometidos día con día, en donde el tiempo vuela sin darnos cuenta al entretenernos eternamente con las múltiples pantallas que tenemos en casa, en nuestro bolsillo e incluso en el trabajo, también es un factor significativo que reduce los momentos de paz y tranquilidad. La gran mayoría de las aplicaciones y sitios que visitamos compiten con nuestra atención, por lo que existe una cantidad masiva de contenido; y ni se diga el algoritmo que se adapta a los gustos y preferencias de las personas y nos incita a permanecer la mayor cantidad de tiempo en estas aplicaciones.

Mínimos espacios de tiempo que pueden tomar minutos o incluso segundos los llenamos con entretenimiento que nos proveen nuestros teléfonos inteligentes: mientras esperamos el transporte, en la fila del supermercado, descansos en el trabajo, entre otros. Tampoco ayudan las gratificaciones instantáneas de dopamina que recibimos al abrir una notificación, ver un vídeo gracioso, etcétera.

La cultura del ajetreo y la glorificación de la productividad

A todo esto, mientras que la tecnología nos ha beneficiado enormemente en distintos ámbitos de nuestro día a día, también es ahora donde los momentos de silencio y reflexión son cada vez más escasos.  Y es aquí donde entra la cultura del ajetreo, la cual incita a las personas a trabajar sin descanso y en todo momento con el objetivo de triunfar en la vida… o es así como los múltiples medios retratan el éxito.

Las redes sociales, específicamente, han influenciado los ideales de las personas, en donde el trabajo constante y la determinación han reinado como aquellas acciones que son mejor vistas por la sociedad; y mientras que son valores importantes para obtener resultados grandiosos, esto también ha llevado a las personas a ver la productividad sin límites, estar constantemente ocupados e incluso el multitasking (o multitareas) como virtudes imprescindibles para obtener el éxito y definir sus personalidades a través de sus plataformas. Es por esto que las personas buscarán llenar cualquier espacio de silencio y tranquilidad, ya que estos, para muchos, pueden ser considerados como no productivos o pérdida de tiempo. 

Se ha glorificado la productividad a tal grado que toda acción que realicemos tenga un beneficio, que “deje algo”, pero olvidamos que cuidarnos a nosotros mismos es elemental para nuestro bienestar mental. En su libro, “Cómo no hacer nada”, Jenny Odell cuenta la historia de Old Survivor, el árbol en su especie más antiguo de todo el estado; el cual pudo sobrevivir a diferencia de los demás árboles debido a su ubicación, su forma torcida y madera nada atractiva. Por ello, los madereros se negaron a hacer un esfuerzo para talarlo y acabaron con los demás árboles por considerarlo inútil. 

Ahora bien, lo que fue considerado como infructuosidad para unos, fue lo que salvó la vida de Old Survivor; y no solamente eso, sino que su productividad fue distinta a lo que un grupo pensaron de este árbol. Mientras que no sirvió para ser talado y ser utilizado con fines de urbanización, a su vez fue un gran refugio para muchos animales, proveyendo refugio y sombra. Adicionalmente, actualmente en pie y con su imponente tamaño, es un símbolo histórico de Oakland, Estados Unidos, el cual permanece como testimonio de la tala masiva y representación de la resiliencia de la naturaleza.

En el ejemplo de Old Survivor, Odell demuestra que ante el ajetreo de la modernidad debemos cuestionarnos: ¿necesitamos hacer algo productivo que produzca qué?, ¿el resultado representa un éxito en qué manera y para quién?

Retomando la escena de “Un show más” al principio de este texto, la respuesta del personaje rosado es algo aterrador e impensable debido a que mantenernos quietos sin distracciones es una idea descabellada. El estar ahí, solos con nuestros pensamientos y escuchar lo que dice nuestra voz interna, puede sentirse como una pérdida de tiempo e incómodo. No obstante, varios estudios han comprobado los beneficios físicos que nos proporciona el silencio, los cuales se activan al momento en aquellos momentos de reflexión o cuando dejamos trabajar nuestra creatividad:

  • Disminuye la presión sanguínea.
  • Reduce la tensión muscular.
  • Reduce los niveles de cortisol, la hormona que produce nuestro cuerpo como respuesta al estrés.

Adicionalmente, es durante estos tiempos de quietud que también nuestros procesos cognitivos mejoran:

  • Incrementa la concentración y nuestra presencia en el ahora.
  • Incentiva la creatividad al acostumbrarnos a dejarla volar más seguido, dejando que las ideas circulen y generando ideas para solucionar problemas.
  • Mejora el procesamiento de emociones y estimula la autorreflexión.

Sin embargo, cuando hablamos de estar tranquilos o guardar silencio, no necesariamente nos referimos solamente a sentarnos y ver la pared en blanco; pero también llevar a cabo actividades lentas y análogas que requieran de tareas fáciles como la contemplación del entorno o el monotasking, que se refiere a hacer una actividad a la vez. Aun así, acostumbrarse al silencio puede tomar tiempo, y tan solo unos minutos al día y pequeñas acciones impactan positivamente nuestro ser. Algunas ideas que puedes implementar son las siguientes:

  • Haz un espacio en tu agenda: Puede ser difícil encontrar un espacio en nuestro día a día, especialmente cuando puede ser muy agotador o casi imposible encontrar tiempo para nosotros mismos. No obstante, algunas ideas podrían ser levantarse minutos más temprano para solamente sentarse y tomar un café, o igualmente destinar estos minutos para el final del día (lo cual también puede mejorar la calidad de sueño).
  • Dale un descanso a tus oídos: aunque parezca una actividad pasiva, la música o medios audiovisuales que muchos ponemos de fondo siguen siendo fuentes de ruido. Intentar disminuirlo en casa, estar unos minutos sin escuchar nada mientras manejas o no utilizar audífonos durante una caminata ayuda a esclarecer nuestros pensamientos y afina la percepción de nuestro entorno. 
  • Convierte a la naturaleza en tu aliado: por algo es que existen tantas listas de reproducción de grabaciones de sonidos de mar o la lluvia, y si estos nos relajan, imaginemos lo que haría escucharlos en vivo. Con una salida a un parque sin nuestros celulares ni música podrás elevar tu conciencia sensorial y escuchar el canto de las aves o ver el movimiento de las hojas de los árboles.

La tranquilidad y el silencio no son un lujo y mucho menos son improductivas, sino que son una necesidad para nuestro bienestar integral, especialmente ahora que estamos rodeados de ruido incesante y caos digital. Así como nos preocupamos por ser “útiles” hacia nuestra sociedad, cuidemos de nosotros mismos y realicemos actividades (o no) que nutran nuestro espíritu.



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