La mirada hacia las mujeres

En el Día Internacional de la Mujer no sólo hay que validar a la “mujer” en el sentido estricto de género, sino a todas las mujeres, desde sus realidades, historias, culturas, orígenes, contextos e ideologías.

La mirada hacia las mujeres
Una lectura de 3 minutos

Hablar del Día Internacional de la Mujer genera varios puntos de vista: algunos matizándose en una conmemoración plural y respetuosa por los hechos acontecidos en 1857 en Nueva York, otros reconociendo que no sólo hay que validar a la “mujer” en el sentido estricto de género, sino a todas las mujeres, desde sus realidades, historias, culturas, orígenes, contextos e ideologías. Sin embargo, también surgen en esa fecha las lamentables felicitaciones “a la mujer, por su esencia, por su delicadeza, por haber sido hecha con una madera muy distinta a la del hombre y cuya misión es proteger y maternar”.

La lucha de las mujeres ha sido constante, no inició en 1800, tampoco en EE. UU., hay que reconocer que, desde las clases socioeconómicas altas de mujeres en Europa, Latinoamérica y también en Asia, han dado la pauta para que el crecimiento del movimiento de la defensa de los derechos de las mujeres se haya ido reconociendo e incluso algunos legitimando.

Pero aún falta mucho por hacer, la información, sensibilización y concientización son premisas indispensables para que el cambio de óptica surja en la sociedad. También hay que admitir que no sólo es el privilegio androcentrista el que menoscaba las prerrogativas y libertades de las mujeres, también las acciones guiadas por el poderío estructural y simbólico del patriarcado.

Una enseñanza de la escritora francesa y pionera de los feminismos, Simone de Beauvoir (1908-1986), es que el amor al prójimo sin sobajar a nadie, promoviendo la equidad, exaltando la valía del Ser y respetando las diferencias de todas las personas aceptándolas, nos conduciría hacia senderos de mayor igualdad y justicia.

Una de las premisas que la orientó en su obra y en su andar fue hacer del Otro un prójimo, “dar lo mejor de ella misma para perderse primero y luego encontrarse”. A través del amor y la reflexión, descubrió su individualidad que, sin duda, supo integrar en un entorno amplio con la voluntad inquebrantable. En su obra más conocida, El Segundo Sexo, expresaba su deseo de que un día los hombres y las mujeres se vuelvan a encontrar “que afirmen sin equívoco su fraternidad, una visión noble y audaz de una sociedad liberada de la prisión de los roles sexuales y de las relaciones dueño-esclavo”. Y es que los feminismos, no son solamente una postura social y política que busca la equidad entre las personas, sino la erradicación de todo tipo de esclavismo y tortura.

La ruptura de estereotipos es la enseñanza que nos dejó y que permite cuestionarnos acerca de lo que realmente deseamos y qué tanto hacemos por preceptos hegemónicos. Tenemos, por ejemplo, el juicio de valor que hacía Beauvoir en insistencia en “condenar no a las madres, sino a la ideología que incita a todas las mujeres a serlo y las condiciones en las que no deben serlo”. Reflexionar en los mandatos de género,  aquellos sutiles que pasan sin darnos cuenta y que, en cambio, nos cimbran y nos orientan a cumplir consignas, no es fácil, pasan inadvertidos, hay que estar alertas y combatirlos. No sólo a las mujeres afecta, también el machismo atraviesa a los varones, obligándoles a no ser, a ocultar su sentir y a tener que proveer  aún desde la carencia emocional.

Beauvoir nos invita a reflexionar y a trazar nuestro caminar. Afirmó que el amor y la libertad, cuando se dan a la par, son la sal de la tierra. “Si el amor quita la libertad, la sal se hace insípida. Sólo la libertad le devolverá el sabor”.

En aras de la equidad y del fomento a una cultura de paz, se encuentra en todos los campus del Tecnológico de Monterrey, el Centro de Reconocimiento de la Dignidad Humana, área que promueve la importancia de la mujer y su diversidad; pero también la de los diferentes géneros y su diversidad; para su empoderamiento, validación y defensa.

Si miramos con los lentes de la perspectiva de género, la conciencia y la reflexión sobre el respeto y la aceptación del ser, conduciría a una mejor calidad de vida, porque tendríamos la seguridad de que nuestro andar se conduce con firmeza y cuidándonos entre todas las personas, no por ser iguales sino por la diferencia que hace la unidad.

Este mes, les invitamos a seguir la reflexión a través de las actividades que se llevarán a cabo en los campus, conoce la agenda, sigamos #TrazandoElFuturo #8M

Magdalena Berenice Sánchez Alcalá
Coordinación oficina del CRDH Campus Estado de México

Nelly Gabriela Orozco Reyes
Coordinación oficina del CRDH Campus Ciudad de México

Referencias

Freud, Sigmund.(1915). Observaciones sobre el amor de transferencia y la Conferencia 27
Fromm, Erich. (1959).  El arte de amar.
Armas, Isabel de. (1987). Simone de Beauvoir: amor sin ataduras
Documento fuente: Cuadernos Hispanoamericanos. Núm. 449, noviembre 1987
URI: https://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmc0930295

Este artículo del Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación puede ser compartido bajo los términos de la licencia CC BY-NC-SA 4.0