Señas de cambio: las lenguas de señas y la diversidad

Gestos, expresiones faciales y movimientos corporales: las lenguas de señas y la comunidad sorda.

Señas de cambio: las lenguas de señas y la diversidad
Imagen: Rudzhan Nagiev
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A través de gestos, expresiones faciales y movimientos corporales dotados de función lingüística, es posible transmitir y recibir información de manera fluida, lo que permite expresar pensamientos, emociones y necesidades de manera natural. De esta manera, las lenguas de señas son de suma importancia para la comunidad sorda, ya que proporcionan una forma eficaz de comunicación.

Pero ¿qué son las lenguas de señas?

Un par de conceptos

Las lenguas de señas, además de ser lenguas naturales, son la lengua materna de las personas sordas. No queda muy claro, ¿verdad? Si no te dedicas a la lengua, probablemente el inicio de este párrafo podría haberte causado confusión, por eso primero es necesario entender dos conceptos: lengua natural y lengua materna. 

Al hablar de una lengua natural hacemos referencia a su pertenencia, a una variedad lingüística que surge de forma espontánea entre un grupo de personas pertenecientes a la misma comunidad. En este apartado entran las lenguas orales (como el español y el inglés) y las lenguas de señas, como lo son la Lengua de Leñas Mexicana (LSM) o la Lengua de Señas Americana (ASL por sus siglas en inglés). Es decir, se han creado de forma natural entre un grupo de personas con el único propósito de comunicarse. 

Por otro lado, la lengua materna es aquella que ha sido aprendida durante la infancia, convirtiéndose en el primer sistema lingüístico complejo del que hacemos uso. Con ella comienza el desarrollo cognitivo y, por lo mismo, es considerada de gran importancia en la vida cotidiana, estudiantil y profesional. Ambos conceptos podrían parecer aislados, sin embargo, son de suma relevancia en el contexto de las lenguas de señas.

Las lenguas de señas

Por sí solas, las lenguas de señas son sistemas lingüísticos sumamente complejos, al ser lenguas naturales poseen su propia gramática, sintaxis y vocabulario. Contrario a la creencia popular, las lenguas de señas no son una versión visual o señada de las lenguas habladas, sino que son estructuralmente distintas. Cada país puede tener su propia lengua de señas con sus propias normas y dentro de estas también pueden existir diferentes dialectos, lo cual solo es un reflejo de la diversidad y es algo que ocurre con todas las lenguas del mundo. 

Además, las lenguas de señas son la lengua materna de las personas sordas, siendo “el medio por el que acceden al lenguaje y al desarrollo cognitivo, emocional y comunicativo”. Resaltar esta información representa un aspecto de suma importancia, puesto que se ha demostrado que el uso de la lengua materna fomenta “mejores resultados de aprendizaje, la autoestima y la capacidad de pensamiento crítico”. Para cualquier ser humano es vital el aprendizaje de la lengua materna en los primeros años de vida. Sin embargo, contrario a los infantes oyentes, las infancias sordas presentan mayor dificultad para acceder a la lengua en sus primeros años.

Tradicionalmente, la cultura se transmite de padres a hijos, pero en la cultura sorda esto no siempre es así. A menudo, los hijos son sordos y los progenitores oyentes, por lo que no basta con que los familiares aprendan lengua de señas, los infantes adquieren el lenguaje de manera rápida y natural en los primeros años de vida, mientras que aprender una segunda lengua como adulto es un proceso mucho más lento, explica Carlos Sanchez, citado por Ortega Díaz.

El lenguaje es primordial para comprender el mundo y  la sociedad. Para los oyentes, aprender un idioma es automático, pero para los progenitores oyentes de infantes sordos, aprender lengua de señas requiere esfuerzo consciente. Esto subraya la importancia de que las infancias sordas tengan acceso a la lengua de señas desde temprana edad, ya que es indispensable para su desarrollo cognitivo y cultural.

Comunidad sorda

La comunidad sorda hace referencia a un grupo de personas que comparten una experiencia común relacionada con la sordera o la pérdida auditiva. Esta comunidad no solo incluye a quienes son sordos de nacimiento o de manera adquirida, sino también a sus familias y amistades.

La comunidad sorda se caracteriza por el uso de su propio idioma, como la Lengua de Señas, que varía según el país o región. Además, tiene su propia cultura, valores y tradiciones. Dentro de esta cultura la sordera no es vista como una discapacidad en el sentido tradicional, sino más bien como una forma diferente de vivir y comunicarse.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, con información de la Federación Mundial de Sordos, se estima en que el mundo hay alrededor de 70 millones de personas sordas, de las cuales más del 80 % viven en países en desarrollo, haciendo uso de más de 300 diferentes lenguas de señas.

La realidad es que la mayoría de las personas sordas nacen de progenitores oyentes, lo que crea un desafío en la transmisión de esta cultura. Pues aunque las familias intenten enseñarles, la verdadera transmisión de valores, costumbres y lengua de la cultura sorda dependerá en gran medida de otros miembros de esta agrupación, lo cual enfatiza la importancia de la comunidad sorda en la educación y el desarrollo cultural de las personas sordas.

Conceptos erróneos sobre las Lenguas de Señas (LS)

Sordo, no sordomudo

El término «sordo» alude a una persona que tiene una pérdida auditiva, que puede variar en grado, desde leve hasta profunda. Esta condición no define a la persona por completo; las personas sordas pueden comunicarse de diversas maneras, ya sea a través de la lengua de señas o una combinación de métodos. Usar «sordo» (o «Sordo» con mayúscula inicial en algunas comunidades sordas) reconoce su identidad y capacidad de comunicarse y participar en la sociedad.

El término «sordomudo», por otro lado, se origina en una visión limitada, y a menudo errónea, de las personas con discapacidad auditiva. Asumir que alguien es «sordomudo» implica que no puede hablar, lo cual no es cierto para todas las personas sordas. Muchas pueden comunicarse ya sea verbalmente o por otros medios. El uso de esta palabra puede perpetuar estigmas y mitos, pues contribuye a una percepción de incapacidad o limitación dentro de la comunidad, lo que puede resultar en discriminación o falta de inclusión en diversas áreas de la vida, desde la educación hasta el empleo. 

Al utilizar «sordo,» se fomenta una comprensión más precisa y respetuosa de las capacidades y experiencias de estas personas, ya que se reconoce la complejidad y diversidad de la vivencia de la pérdida auditiva, promoviendo el respeto y desmantelando estigmas dañinos.

Las lenguas de señas en México

En el 2005, en México se comenzó a conmemorar la Lengua de Señas Mexicana (LSM), por lo que cada 10 de junio diversas asociaciones se reúnen para promoverla y preservarla. Sin embargo, la LSM no es la única en el país, pues convive con la Lengua de Señas Maya Yucateca (LSMY), la Lengua de Señas Chatino (Oaxaca) y la Lengua de Señas de Zinacantán (Chiapas). 

Por sí sola, la LSM tiene cambios léxicos acordes a la región geográfica del país, además que se modifica a la par del contexto e interacción histórica y social, por lo que a lo largo de la nación se utilizan señas que otros ven en desuso o se incorporan algunas nuevas. 

Si en un país como México hay más de tres lenguas de señas… ¡Imagina cuántas debe haber alrededor del mundo!

Señas de cambio

A pesar de ser una cultura ampliamente extendida, la comunidad sorda sigue siendo discriminada y aislada. Miroslava Cruz Aldrete y Edgar Sanabria Ramos aclaran que el reconocimiento jurídico de las lenguas de señas como lenguas nacionales ha sido insuficiente para lograr una mejora en la vida de muchas personas sordas señantes, lo cual solo demuestra la falta de política lingüística: en México, solo el 14 % de las personas sordas van a la escuela, 35 % no tienen estudios y únicamente el 4.1 % tiene acceso a la educación superior.

La importancia de las lenguas de señas trasciende a la mera comunicación. Son una herramienta vital para la inclusión y la igualdad de oportunidades para las personas sordas. Al proporcionar un medio de expresión accesible y efectivo, permiten una participación plena en la sociedad, acceso a la educación, el empleo y los servicios públicos, así como el ejercicio de sus derechos como ciudadanos. Además de su función práctica, las lenguas de señas también son un pilar fundamental de la identidad cultural de la comunidad sorda.

Y yo, como oyente, ¿qué puedo hacer? Es primordial reflexionar sobre el papel de las lenguas de señas en nuestra sociedad y en nuestras vidas personales, cuestionarnos cómo podemos apoyar y promover su uso, y qué podemos hacer para fomentar la inclusión y la igualdad de oportunidades para las personas sordas en todos los ámbitos de la vida. Aspectos importantes que merecen nuestra atención y acción.

Pues como explica la página de Cultura Sorda “El sordo no es un enfermo: es más bien un extranjero”.

Este artículo del Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación puede ser compartido bajo los términos de la licencia CC BY-NC-SA 4.0