El emprendimiento como recurso y agente de cambio en la educación

estudiantes y emprendedores

La clave para renovar el sistema educativo podría estar en esta filosofía de negocios.

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La idea de integrar conceptos de emprendimiento a la educación ha tomado mucha fuerza en la última década. Este enfoque está ligado con el crecimiento económico, la creación de trabajo, la persistencia, el crecimiento personal y el liderazgo. Todas, habilidades de alta demanda para los profesionales de hoy en día.

En términos de educación y desarrollo personal, el emprendimiento es una competencia valiosa que desarrolla la creatividad y la confianza en uno mismo. El propósito de la cultura emprendedora es impulsar la innovación, crear las condiciones para el liderazgo y el éxito constante. Involucra la creación y operación de empresas que generan soluciones para las necesidades de los consumidores y empleos para profesionistas; cultiva una actitud positiva frente al crecimiento y la riqueza, tanto personal como económico, así como las habilidades para tomar riesgos, adaptarse, y convertir ideas en acciones.

Entonces, ¿por qué ha existido tanta resistencia para integrar principios de emprendimiento en la educación? Las razones provienen de tipos diferentes de problemas: la falta de tiempo y recursos para desarrollar un programa balanceado que incluya aspectos de emprendimiento, las limitaciones estructurales en los sistemas educativos, la dificultad para evaluar el emprendimiento como recurso educativo, la falta de claridad al momento de definirlo y el miedo de los docentes y personal de las instituciones educativas de comercializar demasiado la educación. Estas son las causas principales que han obstaculizado una relación más cercana entre el emprendimiento y la educación.

Aprender debería ser algo para la vida y no para un examen, ese es todo el punto de la educación, iluminar a las mentes jóvenes para trabajar en ser mejores personas y traer cambios positivos al mundo

Lo que perdemos con una educación sin la idea de emprender

El sistema educativo actual valora por sobre todas las cosas el conocimiento académico y los medios tradicionales para evaluarlo, esto genera una enorme cantidad de presión en los niños y jóvenes que van a la escuela, más para pasar las evaluaciones que para aprender.

Esto deja a los alumnos con muy poco tiempo y recursos para cultivar otro tipo de habilidades necesarias para ser competitivos en el mercado laboral y la inteligencia emocional para lidiar con la presión de un ambiente académico de alta exigencia.

Para darles la oportunidad de adquirir habilidades transversales, necesitamos un enfoque diferente. “Aprender debería ser algo para la vida y no para un examen, ese es todo el punto de la educación, iluminar a las mentes jóvenes para trabajar en ser mejores personas y traer cambios positivos al mundo”, dice Peter Vesterbacka, referente de emprendimiento a nivel mundial, co-fundador de la compañía Brand Breaker y uno de los cerebros detrás del exitoso juego Angry Birds, explica la necesidad de un cambio de enfoque educativo enfocado a desarrollo personal y profesional, en lugar de solo el académico.

¿Qué podemos aprender del emprendimiento como educadores?

Es sistema educativo carece de los mecanismos para hacer cambios tan sustanciales como integrar principios de emprendimiento en una forma ágil y eficiente, por lo que podemos decir que tendrán que pasar años antes de ver un cambio significativo en la forma en que las instituciones estructuran su oferta educativa.

Sin embargo, los docentes y diseñadores instruccionales, pueden aprender algunas prácticas que podrían mejorar la experiencia y desarrollo de los alumnos, sin esperar a que lleguen estos cambios. Estas prácticas son:

1. Incentivar la creatividad. Los maestros pueden desarrollar actividades apoyados en la estrategia de aprendizaje basado en retos para presentar a los alumnos problemas que ejerciten sus habilidades de resolución de problemas y su pensamiento crítico y creativo.

2. Reforzar el desarrollo personal. Docentes, psicólogos y asesores pueden unir esfuerzos para generar programas que tengan en cuenta cuestiones como la inteligencia emocional y otras instancias de autoconocimiento y bienestar psicológico de los alumnos, esto no solamente mejorará su salud mental sino que se verá reflejado directamente sobre su rendimiento académico.

3. Promover el liderazgo. Existen diversas estrategias con las que se puede abordar la idea del liderazgo en el aula y practicarla con los estudiantes; algunas de estas estrategias son la gamificación, el aprendizaje basado en juegos, el aprendizaje basado en retos o en problemas.

Un profesor puede elegir entre muchas opciones para facilitar el trabajo en equipo y llevar a sus alumnos a comprender el valor de la cooperación, el diálogo, la negociación y el liderazgo.

4. Entrenar la flexibilidad y la adaptación al cambio. Una de las áreas de oportunidad más fuerte de la metodología con la que enseñamos hoy en día es que es completamente estática, enseña datos y algunas prácticas, pero no provee a los alumnos de herramientas y estrategias para hacer uso inteligente de estos recursos. No les enseña a discernir cuando su conocimiento y forma de ver el mundo necesita adaptarse para encontrar la solución a un problema o simplemente para seguir creciendo en el terreno personal o profesional.

Integrar en las clases actividades que promuevan la empatía, la flexibilidad y la adaptación al cambio sería una manera excelente de proporcionar a los estudiantes varias de las habilidades transversales que necesitan para una educación efectiva.

Para que esta transición gradual, apoyada por maestros y personal de las instituciones educativas, sea efectiva, hay que entender que el emprendimiento no es una técnica educativa, sino una filosofía de negocios que se encuentra inmersa en un ambiente laboral completamente dominado por los negocios y la visión comercial. Es imperativo aprender e integrar los aspectos más básicos de cómo funciona el mundo al que queremos integrar a los estudiantes que estamos educando, no solo para ser profesionistas exitosos, sino personas sanas y plenas, con la capacidad de elaborar el mejor plan de vida para ellos.