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¿Qué tanto afectan las pantallas al desarrollo del lenguaje?

¿Las pantallas representan un riesgo para el desarrollo del lenguaje o estamos pasando por alto otros factores igual de importantes?
Una lectura de» 4 »minutos»
Kid addicted to smartphone, technology and gadget addiction concept
iStock: DesignNFMR

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El creciente acceso de las infancias a dispositivos digitales ha generado un amplio debate sobre el posible impacto de las pantallas en el desarrollo del lenguaje durante la primera infancia. Sin embargo, el uso de pantallas y su relación con el desarrollo del lenguaje infantil es un tema más complejo de lo que suele plantearse. 

Los riesgos de las pantallas en la primera infancia

Diversos estudios como los de Madigan, et al. (2020) y Nwachukwu et al. (2025) han encontrado una asociación entre el uso prolongado de pantallas durante la primera infancia y un mayor riesgo de dificultades en el desarrollo del lenguaje. En promedio, los niños con mayor exposición a dispositivos electrónicos tienden a presentar un inicio más tardío en la aparición de sus primeras palabras, un vocabulario más limitado y mayores dificultades para comprender y utilizar el lenguaje de manera efectiva. Además, estudios como el de Massaroni et al. (2023) han observado que estos niños pueden presentar desafíos en la comunicación social, como participar en conversaciones, responder a los demás o realizar intercambios comunicativos propios de su edad, así como en la alternancia de turnos conversacionales.

Sin embargo, la evidencia indica que estos efectos no dependen únicamente del uso de pantallas, sino también de la forma en que se utilizan. La relación entre el tiempo de pantalla y las dificultades del lenguaje es más consistente cuando la exposición comienza antes de los dos años de edad, una etapa especialmente sensible para el desarrollo cerebral y la adquisición de habilidades comunicativas. Durante este periodo, niñas y niños aprenden el lenguaje principalmente a través de la interacción directa con las personas que los rodean.

Asimismo, el riesgo parece aumentar cuando el tiempo de exposición es elevado y el contenido se consume de manera pasiva, por ejemplo, al permanecer largos periodos viendo videos sin participar en actividades que estimulen la comunicación. En estas circunstancias, las oportunidades para escuchar, responder, hacer preguntas o compartir experiencias con otras personas disminuyen considerablemente, limitando las experiencias que favorecen el desarrollo del lenguaje.

El desarrollo del lenguaje en la primera infancia

El desarrollo del lenguaje en la primera infancia es un proceso progresivo que comienza desde los primeros meses de vida y se construye a través de la interacción constante entre el infante y las personas que lo rodean. Aunque los niños y niñas nacen con capacidades biológicas que les permiten adquirir el lenguaje, este desarrollo depende en gran medida de la exposición a sonidos, palabras, gestos y conversaciones significativas. Durante los primeros años, pasan de producir sonidos y balbuceos a comprender palabras, ampliar su vocabulario, formar frases y utilizar el lenguaje para expresar necesidades, emociones e ideas.

La interacción familiar es indispensable en este proceso, ya que el lenguaje se aprende en contextos sociales. Las conversaciones cotidianas con madres, padres y cuidadores (como lo son responder a los sonidos del bebé, nombrar objetos, leer cuentos, cantar, hacer preguntas y esperar respuestas) proporcionan oportunidades para que el o la bebé escuche estructuras lingüísticas, practique nuevos sonidos y aprenda el significado de las palabras. Estas experiencias de comunicación compartida, conocidas como interacciones de ida y vuelta (serve and return), favorecen el desarrollo de conexiones cerebrales asociadas al lenguaje y la comunicación.

Además, la calidad de la interacción es tan importante como la cantidad de palabras que el menor escucha. Un adulto que sigue la atención del infante, responde a sus intereses y adapta su forma de hablar facilita un aprendizaje más profundo, ya que convierte las actividades diarias en oportunidades comunicativas. Por el contrario, cuando disminuyen las oportunidades de conversación y juego compartido, los y las infantes tienen menos experiencias para practicar habilidades lingüísticas esenciales.

Las pantallas, por sí mismas, no constituyen la causa del retraso del lenguaje, más bien, su influencia depende de cómo, cuánto y en qué contexto se utilizan, especialmente en relación con las oportunidades de interacción comunicativa que ofrecen los adultos.

¿Todas las pantallas son iguales?

El impacto de las pantallas en el desarrollo del lenguaje dependerá, en gran medida, de varios aspectos como el tiempo de exposición, la calidad de las interacciones y el contexto familiar del infante. Con anterioridad, las recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría (American Academy of Pediatrics, AAP) se centraban en sugerir un tiempo recomendable frente a la pantalla, el cual cambiaba según la edad: limitaba su uso en los más pequeños, mientras que priorizaba contenidos de calidad y un equilibrio saludable en infancias y adolescentes.

Sin embargo, en sus últimas actualizaciones, la AAP advierte que no existe un tiempo exacto frente a pantallas que pueda considerarse universalmente seguro o adecuado para los menores de edad.

Los problemas del lenguaje y la educación superior

Distintas investigaciones indican que los problemas en el desarrollo del lenguaje pueden mantenerse hasta la adultez y afectar áreas importantes como la educación, el empleo y la participación social. El estudio de Conti-Ramsden et al. (2018) encontró que los jóvenes adultos con dichas problemáticas, en comparación con sus compañeros sin esta condición, presentaban, en promedio, menores niveles de formación académica y profesional y una mayor necesidad de apoyos educativos. Además, los resultados mostraron una gran variabilidad, algunas personas lograban completar sus estudios y obtener buenos resultados laborales, especialmente cuando contaban con estrategias de apoyo adecuadas.

Por otro lado, una revisión sistemática de Gillespie et al. (2020) confirmó que los jóvenes con problemas en el desarrollo del lenguaje pueden enfrentar mayores dificultades durante la transición a la vida adulta, especialmente en ámbitos relacionados con la educación, el empleo y la independencia. Estas dificultades no afectan a todas las personas de la misma manera, pues factores como el nivel de apoyo recibido, las oportunidades educativas y el desarrollo de estrategias compensatorias pueden influir de manera significativa en los resultados. Específicamente en el contexto universitario, estas dificultades se ven reflejadas en tareas que requieren un uso avanzado del lenguaje, como lo son comprender clases con vocabulario especializado, participar en debates, organizar trabajos escritos o comunicarse con seguridad en situaciones académicas y sociales.

Pantallas con sentido

El impacto de las pantallas en el desarrollo del lenguaje infantil no depende únicamente de su presencia, sino del lugar que ocupan en la vida cotidiana. La tecnología puede convertirse en una herramienta de aprendizaje y comunicación cuando se utiliza de manera intencional, con contenidos adecuados, con el acompañamiento de un adulto y con oportunidades para conversar, jugar y reflexionar sobre lo que se observa.

Más que preguntarnos cuánto tiempo pasan los niños y las niñas frente a una pantalla, deberíamos cuestionarnos qué experiencias están reemplazando y qué oportunidades nuevas pueden ofrecer. Las interacciones humanas, el juego compartido y las conversaciones siguen siendo los principales motores del desarrollo del lenguaje. Por ello, el objetivo es integrar las pantallas con sentido, asegurando que complementen, sin sustituir, las experiencias que les permiten comunicarse, aprender y construir relaciones con quienes los rodean.

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