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¿Cómo enseñar aprendizaje-servicio con tecnología?

La incorporación de las tecnologías digitales en los proyectos de aprendizaje-servicio permite al alumnado desarrollar valores como la solidaridad y la responsabilidad, al tiempo que fomenta el compromiso con los demás, la satisfacción por el logro de objetivos y una mayor conciencia de su papel como ciudadanos.
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voluntarios escribiendo en una tableta
Foto: iStock/Jacob Wackerhausen

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Servir a la comunidad mientras se practican contenidos curriculares es posible gracias al aprendizaje-servicio (ApS), una metodología pedagógica que integra aprendizaje con compromiso social. A través de proyectos de servicio, el alumnado aprende mientras participa en acciones altruistas y solidarias orientadas a responder a una necesidad real del entorno.

Nieves Tapia, directora del Centro Latinoamericano de Aprendizaje y Servicio Solidario (CLAYSS), detalla una forma sencilla de comprender este concepto: plantar un árbol en un lugar que lo requiere se denomina un acto solidario, mientras que analizar las causas de la degradación de un bosque supone una actividad de aprendizaje. Sin embargo, implicarse en su reforestación y poner en práctica los conocimientos adquiridos convierte esta experiencia en un ejemplo de aprendizaje-servicio.

La literatura define el ApS como un acercamiento basado en una formación experiencial, ya que contribuye al desarrollo integral del ser humano que es empoderado a través de su propia construcción y la de su comunidad. 

Desde finales de 1960, esta metodología se ha divulgado por el globo, con orígenes en la preocupación cívica del filósofo John Dewey y la premisa del pedagogo Paulo Freire sobre la transformación del mundo a través de la reflexión y la acción. Si bien se sistematizó en Estados Unidos en esta época, fue alrededor de 2004 cuando empezó a extenderse por España. Así se creó la Red Española de Aprendizaje Servicio. 

No obstante, es complejo encontrar una definición en común para este enfoque. En las últimas dos décadas la más citada es la de Robert Bringle y Julie A. Hatcher (1999) establecida como: “una experiencia educativa integrada en un curso y con reconocimiento de créditos, en la que los estudiantes participan en una actividad de servicio organizada que responde a necesidades identificadas de la comunidad y reflexionan sobre dicha actividad de manera que profundizan en la comprensión de los contenidos del curso, adquieren una perspectiva más amplia de la disciplina académica y fortalecen su sentido de responsabilidad cívica”.

De acuerdo con el ciclo de aprendizaje experiencial del psicólogo David Kolb (1984), los alumnos tienen una mejor comprensión cuando pasan por cuatro fases del aprendizaje: experiencia concreta, observación reflexiva, conceptualización abstracta y experimentación activa. 

En el ambiente del aprendizaje-servicio, el estudiantado aplica sus habilidades y conocimientos para hacer algo significativo, aportando un valor añadido a su proceso de aprendizaje. Es por eso que al evaluar este método debe considerarse el nivel de interés del aprendiz y el impacto en la institución educativa y/o en la comunidad. Esto se realiza mediante herramientas como cuestionarios, entrevistas o diarios reflexivos. 

Aunado a esto, Tapia creó un modelo que también es utilizado en Europa, específicamente en Italia, con cinco pasos a fin de desarrollar un proyecto de ApS. 

  1. Motivación: Al hacer una invitación a tomar un rol activo es importante explicar que no es un proyecto encargado de forma vertical, sino que se construye colaborativamente a partir de las necesidades personales y del entorno. 
  2. Diagnóstico: Al estudiar las necesidades comunitarias se elige la problemática en la cual centrarse, considerando las causas y consecuencias. En esta fase se involucra a los actores locales para considerar a la comunidad. 
  3. Planificación: Se llevan a cabo acciones solidarias colaborando con su entorno y se fijan objetivos de servicio y aprendizaje. 
  4. Ejecución: La fase operativa donde se realizan las actividades conforme a lo acordado. 
  5. Cierre y celebración: Se construye una reflexión final y evaluación del proyecto. Se difunden los resultados y se agradece la participación de las personas. 

Al seguir estos pasos es fundamental considerar la reflexión como un proceso transversal. Al ser un factor que transforma una vivencia desafiante en significativa y con influencia en el aprendizaje, conectando la teoría con la práctica.

Asimismo, Mark Warschauer y Janice Cook coinciden en que la reciprocidad y la reflexión son principios clave del ApS. Ambas partes colaboran y se benefician mutuamente de la acción, mientras que los estudiantes potencian su sentido de pertenencia y responsabilidad hacia más personas. 

De esta forma, el protagonismo de los aprendices les permitirá acercarse a experiencias reales y participar activamente en tareas vinculadas a su futura profesión, favoreciendo así un primer contacto con su vocación y con las situaciones y desafíos a los que podrían enfrentarse en el ámbito laboral.

ApS con el ingrediente digital

La tecnología digital ha mediado proyectos permitiendo que se lleven a cabo y dando soporte durante su evolución. Así, los mecanismos del aprendizaje-servicio adquieren un nuevo significado. 

Anna Escofet, desde la Universidad de Barcelona, España, sugiere que algunos autores (Malvey, Hamby y Fottler, 2006; Dailey-Hebert, Donnelli-Sallee, y DiPadova-Stocks, 2008) se han referido a esta metodología como e-aprendizaje servicio (e-service learning en inglés) e indican que es una “pedagogía integrativa que compromete a los educandos mediante la tecnología en la indagación cívica, el servicio, la reflexión y la acción”. Escofet señala que llamarle aprendizaje-servicio mediado por tecnologías digitales sería quizás la aproximación más adecuada. 

La unión de las tecnologías digitales con estos proyectos habilita que los alumnos experimenten la solidaridad, responsabilidad, el servicio a los demás, la satisfacción de alcanzar metas y ser ciudadanos conscientes. 

El aprendizaje-servicio en entornos virtuales presenta un gran potencial, ya que la educación a distancia y esta metodología pueden complementarse y ampliar tanto el número de estudiantes participantes como los contextos comunitarios de intervención. Además, resulta especialmente adecuada para asignaturas relacionadas con la gestión, la evaluación de programas y el análisis político, al favorecer el logro de sus objetivos de aprendizaje. Esta modalidad también puede beneficiar a estudiantes no tradicionales, como quienes trabajan o tienen responsabilidades familiares, al facilitar su participación en proyectos vinculados con sus comunidades. Por ello, el aprendizaje-servicio mediado por tecnologías digitales no debe entenderse como una práctica meramente experimental, sino como una modalidad con un papel relevante en el futuro del aprendizaje-servicio.

A su vez, con la pandemia, los proyectos meramente presenciales de ApS se vieron afectados y orillados a reajustar su diseño para ofrecer una vocación de servicio online. Este suceso aceleró la adopción de esta pedagogía en formato digital. Waldner et al. (2010) definen el aprendizaje-servicio electrónico o virtual (ApSv) como un recurso que puede incluir modelos en línea o híbridos, ya que algunos requieren contacto personal. A un modelo educativo como este, pero totalmente en línea, se le conoce como aprendizaje-servicio extremo (XE-SL). 

No obstante, según Faulconer (2021), esta metodología no cuenta con un marco conceptual establecido, sino que basa sus principios en los fundamentos del ApS tradicional. Por tanto, se necesita mayor investigación sobre el uso de plataformas y actividades inmersivas a través de internet.

Con esta herramienta, se disuelven las fronteras espaciotemporales y los límites curriculares, dando lugar a la producción de conocimiento de manera horizontal y participativa. Mediante aulas virtuales se utiliza tecnología emergente con el fin de que exista una colaboración entre los estudiantes, docentes y la comunidad. Así, se desarrollan habilidades digitales, al tiempo que se trabaja directamente con grupos de personas pertenecientes a comunidades en situación de vulnerabilidad. El acceso a diversas fuentes y medios en el ámbito digital permite analizar y comprender problemáticas complejas del entorno. De modo que los alumnos pasan de ser simples consumidores acríticos a prosumidores (Mayor Paredes, 2021). 

Por otra parte, algunos retos a enfrentar son la complejidad de trabajar a distancia, el manejo de la participación y el trabajo en equipo, así como la carencia de competencias digitales, e incluso la falta de contacto humano. 

Por ende, es importante considerar que cuando se plantea incorporar tecnologías digitales, las mismas siempre deben ponerse al servicio del proyecto. Esta funciona simplemente como una herramienta que coadyuva a alcanzar objetivos educativos. Entonces, para la selección de las tecnologías es fundamental que exista un doble criterio: el pedagógico, tomando en consideración a dónde se desea llegar y a qué necesidades se desea dar respuesta; y profundizar en el conocimiento de dicha tecnología, reconociendo sus beneficios así como sus limitantes.  

Strait y Sauer detallan que al comenzar con una iniciativa es necesario capacitar al estudiantado en el uso de tecnologías digitales y, mientras se aprende, seguir enseñando en los espacios de servicio, así como también anticiparse a recibir resultados inesperados. En este panorama, la enseñanza transmisiva se convierte en un aprendizaje activo mediado por la tecnología.  

A continuación Strait y Nordyke, exponen una serie de aplicaciones tecnológicas digitales para un proyecto de aprendizaje-servicio: 

Aunque existen modelos híbridos que combinan el servicio presencial con el virtual y otros que son meramente presenciales o en línea, la decisión sobre cómo combinarlos o la elección final depende de los resultados esperados con el proyecto. 

Las tecnologías digitales pueden ser incluidas en distintas formas. Para esto, Irene Culcasi, Claudia Russo y Maria Cinque proponen cuatro tipos de interacciones tecnológicas en despliegues como estos: 

  1. Interacción tecnológica de tipo instrumental: Entiende la tecnología como un medio para llevar a cabo proyectos de ApS, sin que los estudiantes necesiten conocimientos tecnológicos específicos. Por ejemplo, pueden utilizar un ordenador para realizar actividades de apoyo o formación con colectivos en vulnerabilidad.
  2. Interacción tecnológica de tipo integrado: Considera la tecnología como un componente esencial del proyecto de ApS. Su desarrollo requiere competencias digitales, ya que los alumnos deben utilizar herramientas tecnológicas para crear y difundir recursos educativos, como materiales destinados a la enseñanza a distancia mediante redes sociales.
  3. Interacción tecnológica de tipo instrumental-objetivo: Identifica a la tecnología como el objetivo del proyecto de ApS. Los estudiantes aprenden a utilizar herramientas digitales ya existentes y vinculadas con su futura profesión, aplicándolas para ofrecer un servicio a la comunidad. Por ejemplo, aprendices de Comunicación conocen cómo diseñar campañas estratégicas y desarrollarlas para una organización sin fines de lucro.
  4. Interacción tecnológica de tipo objetivo integrado: Entiende la tecnología como el objetivo central del proyecto de ApS, incluyendo además la creación de nuevas herramientas tecnológicas. Por ejemplo, estudiantes de ingeniería sostenible pueden desarrollar un software para diseñar modelos virtuales de viviendas sostenibles.

La tecnología solamente actúa como el medio para habilitar la solidaridad y la acción social en las personas jóvenes. Es útil para desarrollar habilidades humanas, clave para su futuro profesional. En específico, estudios apuntan que se puede tener efectos positivos en las competencias sociales (comunicación, trabajo colaborativo, manejo de conflictos y negociaciones), personales (liderazgo, autoevaluación, adaptabilidad y flexibilidad), metodológicas (aprender a aprender, habilidades de análisis, creatividad e innovación y resolución de problemas) y digitales (comunicación y creación de contenido digital). 

Una investigación conducida por Culcassi, Russo y Cinque involucró la participación de 46 estudiantes universitarios de 21 a 34 años, pertenecientes a los cursos de psicología, educación y marketing comunicacional, quienes llevaron a cabo proyectos de forma híbrida debido a la pandemia. Con una instrucción presencial y un servicio virtual, durante nueve meses con reflexiones y actividades de servicio, hubo una percepción de incremento en sus niveles de liderazgo y autoevaluación. Al final, los participantes atribuyeron mayor importancia a las aptitudes de comunicación y creación de contenido digital para sus trayectorias profesionales. 

Otro análisis concluye que existen siete experiencias esenciales que favorecen el aprendizaje y reflexión de los aprendices en proyectos de aprendizaje-servicio: comprender las necesidades reales de los destinatarios, diseñar y planificar proyectos de manera autónoma, resolver problemas reales, colaborar con personas diversas, asumir responsabilidades, gestionar emociones incómodas y reflexionar sobre los propios intereses y capacidades. Finalmente, estas experiencias permiten ampliar el aprendizaje más allá del proyecto de aprendizaje-servicio, al relacionarlo con las asignaturas académicas y con nuevas actividades dentro y fuera del campus.

Las tecnologías digitales dentro de proyectos de aprendizaje-servicio facilitan la comunicación entre estudiantes y comunidades, pero también poseen la capacidad de impulsar la reflexión colaborativa. Los recursos de interacción síncronos y asíncronos permiten compartir ideas, responder a las aportaciones de otras personas y ampliar el conocimiento a partir de las reflexiones de los demás. Es una forma de incluir la participación de cualquier individuo, sin importar su ubicación geográfica, al tiempo que se generan espacios más accesibles para el intercambio de experiencias y la construcción colectiva del aprendizaje.

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Nohemí Vilchis Treviño

Redacción EdTech | Especialista EdTech en el Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación (nohemi.vilchis@tec.mx)

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